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jueves, 7 de febrero de 2019

PONTE EN MI LUGAR

Hoy pudimos disfrutar de un inesperado teatro, unas invitaciones nos han permitido asistir a una obra a las diez de la noche.

Nunca me paré a leer con detalle la información de esta representación, no estaba en mi perfil de espectáculos preferidos pero a unas entradas regaladas nadie le dice que no y más tratándose de la única opción para un viernes por la noche tarde.

Ponte en mi lugar aparentaba cubrir unas expectativas básicas, nada más allá de lo esperable y así ha sido.

La obra es una comedia que cuenta una historia lineal previsible y que intenta conseguir la risa con gags medianamente típicos.

Una pareja que lleva años de convivencia está cansada de los roles que con el tiempo han adquirido, Silvia se encarga de gran parte de las tareas de la casa además de trabajar como enfermera, mientras que Alberto tiene un puesto en correos y es un fervoroso hincha del Sevilla. Las típicas discusiones de pareja surgidas de la convivencia son el común de sus días. Él no recoge, ella no para un segundo de hacer cosas. En un momento de hartazgo y ella proclama la gran frase que origina toda la obra "ojalá te pusieras un solo día en mi lugar".

A partir de aquí se desarrolla toda la trama de forma que ella pasa a ocupar el cuerpo de él y viceversa, se intercambian los cuerpos pero nada más. Al principio no son conscientes de lo ocurrido pero cuando lo descubren gritan asustados y deciden refugiarse en casa para que nadie les vea, esperando que al día siguiente todo vuelva a su sitio.

Y como es típico en estas comedias, todo empieza a salir mal, el embrollo crece descontroladamente y la situación parece encaminada a desembocar en un desastre o una separación.



Por allí aparece el amigo íntimo de Alberto, Nacho, un ligón un poco jeta, que además trae a su último rollo, la encargada de adopciones que está llevando el caso de Alberto y Silvia. El amigo está seguro de la pareja recibirá un trato de favor de su chica y le estarán eternamente agradecidos. Pero el día en que todo esto ocurre será el peor posible, el del intercambio de los cuerpos.



Además en la casa se viven continuas meteduras de pata debido al extraño intercambio: Nacho no para de hacer bromas machistas a su supuesto amigo, se mete con su mujer. El falso marido defiende a su mujer pero poco a poco se va cabreando con todo lo que escucha. Mientras tanto "Silvia" comparte cosas de chicas con la novia de su amigo, ésta le enseña las tetas recién operadas, ella le presta ropa cuando se le cae un vaso y se moja...

Cada uno de los miembros de la pareja intenta representar su papel defendiendo constantemente al otro y criticándose a él mismo. La agente del servicio de adopción les comunica que es imposible que con esa relación tan destructiva que tienen puedan estar preparados para hacerse cargo de un hijo. El supuesto Alberto escucha estas palabras y acaba de hundirse. La situación se hace insostenible y cuando van a confesar lo que pasa, rotos de dolor, se encuentran una carta que olvidaron en la entrada de la casa, en la que les comunican que ella está embarazada!




El amigo y su novia no entienden nada, Alberto dice estar ¡embarazado! así que optan por huir y dejar en paz a esa extraña pareja en la que no reconocen a sus amigos.

Bromas típicas, personajes histriónicos, argumento previsible, vestimentas de juzgado de guardia... Sirve para pasar un rato.

Si destacaría que hubo algunos momentos en los que los actores tuvieron que salir de sus papeles e improvisar y ahí se pudo ver que era bastante buenos y graciosos... una pena que no les podamos ver en obras más originales.


jueves, 19 de diciembre de 2013

LA DEL MANOJO DE ROSAS

Con el fin de acabar bien el año y quizá también una temporada de teatro, hemos aprovechado estos días para asistir al estreno de una castiza zarzuela, la del manojo de rosas.
No negaré que me gusta más el teatro, aunque una vez al año no viene mal disfrutar de un espectáculo de este tipo. Pero una zarzuela es una zarzuela, ni más ni menos. Con esto me refiero a una serie de características que cumplen todas las obras de este género: argumentos sencillos, grandes cantantes aunque no muy buenos actores, comedia con final feliz, historias de amor con enredo incluido, parejas nobles y vasallas, etc.

La del manojo de rosas nos cuenta una historia ambientada en el Madrid de la época republicana donde, a pesar de la comedia, se entreven trazos de la guerra civil que se avecina. En una castiza calle de la ciudad una bella chica regenta una floristería. Dos hombres se disputan su amor, Ricardo es aviador y Joaquín es mecánico. Ascensión, que es el nombre de la protagonista, quiere unir su vida a un hombre que no pertenezca a una clase superior a la suya para no tener que agradecerle nunca su posición. En cambio su padre, un rico venido a menos, intenta conseguir el mejor pretendiente para ella.


Ascensión elige al sencillo y encantador mecánico y entre canción y canción cae enamorada de él. Pero pronto descubre que el muchacho no es tan pobre y sincero como parecía, ya que estudia para convertirse en ingeniero. Ella se siente estafada por el engaño y movida por el despecho decide aceptar al aviador. Pero como es lógico en estas obras, la historia tiene que acabar con la felicidad de todos los participantes.
Así que la familia del estudiante de ingeniería cae arruinada y el joven debe de volver a su profesión de mecánico para sustentar a su familia, lo que hace que Ascensión recupere su amor por él. Y como siempre, todo se arregla con una canción en la que vuelven a declararse el amor.

Para que la historia de los jóvenes quede más adornada, otra pareja de clase algo inferior también luchará por su amor. En este caso un aprendiz de mecánico pretenderá a la tendera del puesto de flores que trabaja con Ascensión. Ellos dan el toque humorístico a la obra, ya que la chica intenta conseguir que su pretendiente se convierta en un hombre de bien, y para ello le da celos con Espasa, el camarero del bar de la misma calle. Y Espasa es un divertido personaje que provoca a todos los que pasan por la puerta de su bar, dándoselas del más culto del barrio.

La obra es entretenida, nos permite disfrutar de bonitas voces, una gran zarzuela y un rato divertido.

El escenario consigue trasladarnos a esa calle de Madrid hace más de setenta años, con balcones y vecinos asomados que intentan no perderse ni un detalle de lo que se cuece en su calle.