Hace años escuché hablar de esta obra y desde entonces algo en ella ha hecho que me siga dando vueltas en la cabeza. Un título tan definitorio no puede dejar a nadie impasible. El dolor como única idea, principio y fin de lo que vamos a ver.
Marguerite Duras nunca concibió esta obra pensando en su público ya que éste es un texto autobiográfico, escrito durante los años en que su marido estaba combatiendo en la Segunda Guerra Mundial.
La representación comienza con un momento reciente y bastante significativo, aquel en que la autora encuentra el diario que escribió cuarenta años atrás, y del que no tenía el más mínimo recuerdo. Unos recuerdos tristes que parecen haber sido borrados de su memoria, intentando con ello arrastrar y llevarse todo el dolor que guardan.
Marguerite nos habla de Robert, el chico más encantador, agradable y maravilloso que conocía. Unos días antes de irse al frente, ella le propuso que se casaran. El mismo día de la boda él partió a la batalla. Para ella el matrimonio fue en gran medida de conveniencia, ya que como esposa tenía un cierto resguardo y protección social en época de guerra.
Años después ella nos cuenta en sus diarios la angustia en que vive y el dolor que siente al no saber nada de su marido. Permanece pegada al teléfono, lee continuamente los periódicos esperando y temiendo encontrar su nombre entre los caídos en el frente. Además de estos sentimientos tan comprensibles, surgen otros pensamientos más oscuros, en los que se pregunta quién es la persona a la que espera, qué sabe de él o si esperar a cualquier otro soldado le causaría la misma sensación.
Por fin Robert es localizado, se encuentra en el campo de exterminio de Dachau, en condiciones lamentables, más cerca de la muerte que de la vida. Sus compañeros le sacan de ese infierno y consiguen traerle de vuelta a Francia. Marguerite, a pesar de las serias dudas que tiene sobre su amor, le acoge en casa y le cuida aunque su cuerpo destrozado le produzca repulsión. Robert consigue sobrevivir y ahora tendrá que afrontar un duro golpe, su mujer le confiesa que quiere tener un hijo con su amigo Dionis al que ama, y le pide que se separen. Aunque la ruptura del matrimonio se produce, la amistad de los tres y los difíciles momentos vividos estarán por encima de la situación y les mantendrá unidos.
Junto a la historia personal de la autora, ella nos cuenta la situación política de su país y nos hace reflexionar sobre las víctimas y los vencedores de las guerras. Los ciudadanos son siempre los olvidados y los grandes perdedores de todos los conflictos mientras que los que desencadenan la barbarie salen victoriosos . Y esta barbarie no es producida por los países ni los gobiernos, su causante es el hombre, capaz de generar los mayores horrores.
Marguerite Duras pretende mostrarnos el dolor de cada persona reflejado en el suyo propio, el de cada ser que siente y sufre con las guerras y con todos los tipos de horror provocados por el hombre. Es capaz de transmitirnos lo que ella está sufriendo, sin ocultarnos el dolor, las dudas o aquellos sentimientos de los que se podría avergonzar. Lo complejo y absurdo de la guerra le obliga a expresar todo lo que tiene dentro, todo aquello que se le pasa por la cabeza. Aunque el tema pueda parecer muy repetido, escucharlo en primera persona y con las palabras de Marguerite Duras nos ayuda a percibirlo de una forma muy íntima y devastadora.
Sobre la actriz, Valery Tellechea, diré que representa el papel de forma magnífica, aunque no se llega a apreciar en las primeras escenas en las que hace de una Marguerite entrada en años. Pero con los minutos su actuación mejora enormemente.
lunes, 31 de marzo de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
EL COJO DE INISHMAAN
Las segundas oportunidades no suelen presentarse. Pero después de haber dejado pasar la posibilidad de disfrutar de la obra en el teatro español, los astros se conjugaron y nos permitieron asistir este fin de semana, "in extremis", a la representación que llevaba semanas queriendo ver. Todo parecía favorecernos, había que aprovechar.
El cojo de Inishmaan viene precedida de dos críticas bastante desiguales de personas de confianza. Pero algo tenía la obra que me atrajo desde su primera lectura. Una vez vista diré que me alegro mucho de haber podido asistir, y también que ambas opiniones tenían razón en cierta manera.
Martin McDonagh, su autor, es un joven irlandés que consigue reflejar a través de sus personajes la situación que vivía el pueblo de Irlanda durante los años 30, época en la que el enemigo era Gran Bretaña, además de los propios irlandeses.
Billy el cojo es un joven tullido de nacimiento que tras quedar huérfano vive con sus supuestas tías, dos señoras mayores que regentan un pequeño colmado. A pesar de su malformación, tiene aspiraciones, sueña con progresar y vivir una vida mejor, aunque lo oculta ante todos ya que siempre se ríen de él.
Sus tías Eileen y Kate, viven para cuidar a su querido Billy. Realmente que éste sea tullido y que quedara huérfano fue una suerte para ellas y para sus vidas aburridas. Esperan y confían en que el joven nunca las abandone.
Los hermanos Bartley y Helen son dos adolescentes que pasan por la tienda de las tías para reírse del joven Billy y compartir y ahogar sus pequeños sueños. Cuando les cuentan que van a ir a la isla de Inishmore a trabajar en el rodaje de la película los ojos de Billy se iluminan. Helen, la hermana mayor, es descarada y violenta, usando sus maneras agresivas como arma contra cualquiera que quiera atacarla. Su hermano es un chico ingenuo que vive apocado bajo los brotes violentos de Helen, mientras sueña con América y con los telescopios.
Johnnypateenmike es el cotilla del pueblo, lo sabe todo de los vecinos y utiliza esa información como moneda de cambio. Es odiado y requerido por los habitantes, como única forma de poner algo de distracción en las tristes vidas de los vecinos. Vive con su madre, una borracha nonagenaria a la que no priva de sus caprichos, intentando así que ésta no le dé problemas.
Por último Babbybobby es el barquero, un ser triste, un desgraciado que desde que hace un año perdió a su mujer víctima de la tisis, no consigue encontrar la paz.
Volvamos a la historia, que es la excusa para que vayamos conociendo a los distintos habitantes. Billy el cojo queda entusiasmado con la idea de participar en la película y superando todos sus miedos decide atravesar en barco a la isla de Inishmore y optar por un papel en la película. Sus padres murieron ahogados en el mar en una tétrica historia que nunca han querido contarle, por lo que él no ha sido capaz de echarse a la mar.
Babbybobby llevará a los hermanos Helen y Bartley en su barca, así que Billy pide a Babbybobby que también le deje ir a él. Éste se opone sabiendo del mal fario que supone llevar a un tullido pero Billy le presenta una carta falsa del médico donde se dice que padece tisis y que le quedan tres meses de vida. Babbybobby se compadece del joven y se arriesga a llevarle con él.
El rodaje de la película finaliza y los jóvenes Helen y Bartley vuelven a su isla natal. Sin embargo Billy ha abandonado Inishmore camino de Hollywood con la compañía cinematográfica.
Durante varios meses no se sabrá nada de él y los rumores van y vienen, en muchos casos difundidos por Johnnypateenmike. Kate, una de las tías de Billy está perdiendo la cabeza y pregunta a las piedras por su querido sobrino. Babbybobby, el marinero que cree conocer la verdad, calla sabiendo el dolor que ésta provocaría en sus tías.
Por fin la película es estrenada en Inishmaan y los habitantes asisten a la sala de proyecciones para celebrar el gran acontecimiento. Allí las tías descubren que Billy probablemente haya fallecido de tisis.
Sin embargo una sorpresa viene a iluminarles la vida: Billy reaparece, acaba de volver de Hollywood. Cuenta que rechazó el papel que le ofrecían en la lejana América porque echaba de menos Inishmaan y a sus gentes. Todos se extrañan y alegran de tenerle de vuelta, mezclando sentimientos encontrados. La vuelta de Billy va a traernos la otra cara de los personajes que ya creíamos conocer.
Babbybobby descubre el engaño del que fue víctima cuando aceptó llevar a un tullido creyendo que éste padecía la misma enfermedad de la que murió su mujer y que él correría la misma suerte. A pesar de la disculpa del joven y de su intento de explicar los motivos que le llevaron a engañarle, Babbybobby deja caer toda su furia contra Billy y le acuchilla. El ser triste y bondadoso se convierte en un animal vengativo y sin capacidad de perdonar.
Billy sobrevive al ataque pero su salud ya estaba debilitada por tanto viaje y tan pocos cuidados. El médico que le cura las heridas se siente muy preocupado por una tos continua que sólo le anuncia que Billy padece la tisis.
Mientras, Johnnypateenmike, el ser despreciable que todo lo cuenta a los cuatro vientos, parece tener sólo un secreto que callar: cómo murieron los padres de Billy. Tras las preguntas insistentes del chico, el vecino inventa una dulce historia para el joven, dice que sus padres se suicidaron para que él pudiera cobrar una pensión y con ésta recibir el tratamiento que le salvaría la vida. Billy sonríe feliz creyendo conocer la verdad y sabiendo del sacrificio de sus padres. Sin embargo los que conocen lo ocurrido saben que sus padres intentaron ahogar al niño y que fue Johnnypateenmike el que arriesgando su vida le salvó y robó el dinero para que Billy recibiera el tratamiento que le salvó la vida. Esta era la cara dulce del ser más odiado del pueblo.
Billy, reforzado por su viaje y por haber cumplido su sueño, se arriesga y pide a Helen que salga con él. Ésta se ríe de él sabiendo el daño que esto le produce, pero es que Helen nunca ha sido capaz de mostrar sus sentimientos sinceros. Tras este desplante Billy carga un saco con latas dispuesto a acabar sus días como hicieron sus padres, tirándose al mar. Pero antes de poder cumplir su plan, Helen reaparece y acepta pasear con el tullido y besarle. La fría y belicosa Helen parece haber cedido ante el chico que se arriesga por sus sueños. No cabe más gozo en el pecho de Billy que abandona su plan de lanzarse al mar. Pero como una ironía de la vida, la tisis, la enfermedad que le ayudó a salir de su isla y cumplir sus sueños, ahora vuelve para cobrarse su castigo y acabar con su vida.
La obra es una tragicomedia con muchos momentos estupendos, una representación genial de actores y un texto relativamente bueno. Sólo en algunos momentos las escenas se hacen algo pesadas, la historia da demasiadas vueltas en un punto y los cambios de escena hacen que la esencia del teatro se pierda levemente. Pero como decía, todo estos pequeños desajustes están salvados por este reparto inmejorable.
El cojo de Inishmaan viene precedida de dos críticas bastante desiguales de personas de confianza. Pero algo tenía la obra que me atrajo desde su primera lectura. Una vez vista diré que me alegro mucho de haber podido asistir, y también que ambas opiniones tenían razón en cierta manera.
Martin McDonagh, su autor, es un joven irlandés que consigue reflejar a través de sus personajes la situación que vivía el pueblo de Irlanda durante los años 30, época en la que el enemigo era Gran Bretaña, además de los propios irlandeses.
La obra nos relata la vida de los habitantes de un pequeño pueblo que pertenece a las islas de Arán, Inishmaan. Para ello parte de un acontecimiento que revolucionará la vida de sus gentes: un director de Hollywood va a grabar una superproducción en las islas de Arán. Los jóvenes del pueblo verán en este hecho la oportunidad de salir de una isla y una vida que les asfixia y no les permite cumplir sus sueños. Pero ¿a qué sueños se puede aspirar viviendo en un lugar así?
Billy el cojo es un joven tullido de nacimiento que tras quedar huérfano vive con sus supuestas tías, dos señoras mayores que regentan un pequeño colmado. A pesar de su malformación, tiene aspiraciones, sueña con progresar y vivir una vida mejor, aunque lo oculta ante todos ya que siempre se ríen de él.
Sus tías Eileen y Kate, viven para cuidar a su querido Billy. Realmente que éste sea tullido y que quedara huérfano fue una suerte para ellas y para sus vidas aburridas. Esperan y confían en que el joven nunca las abandone.
Los hermanos Bartley y Helen son dos adolescentes que pasan por la tienda de las tías para reírse del joven Billy y compartir y ahogar sus pequeños sueños. Cuando les cuentan que van a ir a la isla de Inishmore a trabajar en el rodaje de la película los ojos de Billy se iluminan. Helen, la hermana mayor, es descarada y violenta, usando sus maneras agresivas como arma contra cualquiera que quiera atacarla. Su hermano es un chico ingenuo que vive apocado bajo los brotes violentos de Helen, mientras sueña con América y con los telescopios.
Por último Babbybobby es el barquero, un ser triste, un desgraciado que desde que hace un año perdió a su mujer víctima de la tisis, no consigue encontrar la paz.
Volvamos a la historia, que es la excusa para que vayamos conociendo a los distintos habitantes. Billy el cojo queda entusiasmado con la idea de participar en la película y superando todos sus miedos decide atravesar en barco a la isla de Inishmore y optar por un papel en la película. Sus padres murieron ahogados en el mar en una tétrica historia que nunca han querido contarle, por lo que él no ha sido capaz de echarse a la mar.
Babbybobby llevará a los hermanos Helen y Bartley en su barca, así que Billy pide a Babbybobby que también le deje ir a él. Éste se opone sabiendo del mal fario que supone llevar a un tullido pero Billy le presenta una carta falsa del médico donde se dice que padece tisis y que le quedan tres meses de vida. Babbybobby se compadece del joven y se arriesga a llevarle con él.
El rodaje de la película finaliza y los jóvenes Helen y Bartley vuelven a su isla natal. Sin embargo Billy ha abandonado Inishmore camino de Hollywood con la compañía cinematográfica.
Durante varios meses no se sabrá nada de él y los rumores van y vienen, en muchos casos difundidos por Johnnypateenmike. Kate, una de las tías de Billy está perdiendo la cabeza y pregunta a las piedras por su querido sobrino. Babbybobby, el marinero que cree conocer la verdad, calla sabiendo el dolor que ésta provocaría en sus tías.
Por fin la película es estrenada en Inishmaan y los habitantes asisten a la sala de proyecciones para celebrar el gran acontecimiento. Allí las tías descubren que Billy probablemente haya fallecido de tisis.
Sin embargo una sorpresa viene a iluminarles la vida: Billy reaparece, acaba de volver de Hollywood. Cuenta que rechazó el papel que le ofrecían en la lejana América porque echaba de menos Inishmaan y a sus gentes. Todos se extrañan y alegran de tenerle de vuelta, mezclando sentimientos encontrados. La vuelta de Billy va a traernos la otra cara de los personajes que ya creíamos conocer.
Babbybobby descubre el engaño del que fue víctima cuando aceptó llevar a un tullido creyendo que éste padecía la misma enfermedad de la que murió su mujer y que él correría la misma suerte. A pesar de la disculpa del joven y de su intento de explicar los motivos que le llevaron a engañarle, Babbybobby deja caer toda su furia contra Billy y le acuchilla. El ser triste y bondadoso se convierte en un animal vengativo y sin capacidad de perdonar.
Billy sobrevive al ataque pero su salud ya estaba debilitada por tanto viaje y tan pocos cuidados. El médico que le cura las heridas se siente muy preocupado por una tos continua que sólo le anuncia que Billy padece la tisis.
Mientras, Johnnypateenmike, el ser despreciable que todo lo cuenta a los cuatro vientos, parece tener sólo un secreto que callar: cómo murieron los padres de Billy. Tras las preguntas insistentes del chico, el vecino inventa una dulce historia para el joven, dice que sus padres se suicidaron para que él pudiera cobrar una pensión y con ésta recibir el tratamiento que le salvaría la vida. Billy sonríe feliz creyendo conocer la verdad y sabiendo del sacrificio de sus padres. Sin embargo los que conocen lo ocurrido saben que sus padres intentaron ahogar al niño y que fue Johnnypateenmike el que arriesgando su vida le salvó y robó el dinero para que Billy recibiera el tratamiento que le salvó la vida. Esta era la cara dulce del ser más odiado del pueblo.
Billy, reforzado por su viaje y por haber cumplido su sueño, se arriesga y pide a Helen que salga con él. Ésta se ríe de él sabiendo el daño que esto le produce, pero es que Helen nunca ha sido capaz de mostrar sus sentimientos sinceros. Tras este desplante Billy carga un saco con latas dispuesto a acabar sus días como hicieron sus padres, tirándose al mar. Pero antes de poder cumplir su plan, Helen reaparece y acepta pasear con el tullido y besarle. La fría y belicosa Helen parece haber cedido ante el chico que se arriesga por sus sueños. No cabe más gozo en el pecho de Billy que abandona su plan de lanzarse al mar. Pero como una ironía de la vida, la tisis, la enfermedad que le ayudó a salir de su isla y cumplir sus sueños, ahora vuelve para cobrarse su castigo y acabar con su vida.
La obra es una tragicomedia con muchos momentos estupendos, una representación genial de actores y un texto relativamente bueno. Sólo en algunos momentos las escenas se hacen algo pesadas, la historia da demasiadas vueltas en un punto y los cambios de escena hacen que la esencia del teatro se pierda levemente. Pero como decía, todo estos pequeños desajustes están salvados por este reparto inmejorable.
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lunes, 20 de enero de 2014
TIERRA DE NADIE
Harold Pinter siempre consigue captar nuestra atención, atarnos a la silla, hacernos sentir culpables de lo que presenciamos. Por eso asistimos incondicionalmente a todas las representaciones que pasan por Madrid.
Esta vez nos enfrentábamos a la que califican como su obra cumbre, Tierra de Nadie.
El reparto es excepcional: Luis Homar y José Mª Pou, dos actores de renombre.
El escenario cautiva desde el primer vistazo: un salón con un sofá y dos sillas, y en su centro, a modo de ring, un enorme mueble bar lleno de botellas y copas.
Asistimos a una conversación entre dos personajes de los que no se entiende fácilmente la relación. Uno de ellos ha venido a visitar al segundo, el primero se muestra charlatán, no para de beber, exponer sus ideas, al mismo tiempo desagradable y encantador. Mientras tanto el anfitrión, ya borracho, calla, se mantiene impasible ante los ataques y comentarios del otro.
La noche va pasando. Dos jóvenes entran en escena; dos asistentes de la casa, recelosos y agresivos. Su altivo comportamiento da a entender al invitado que son ellos quienes en realidad mandan en la extraña casa. El anfitrión abandona a su supuesto invitado sin revelar más de las circunstancias que esa noche les han llevado a estar unidos. Presentimos que ni ellos tienen claro qué hacen allí.
La mañana llega y los dos jovenes aparecen en el salón con preguntas para el extraño invitado. Intentan averiguar qué le ha llevado hasta esa casa, qué relación mantiene con el señor. El anfitrión vuelve totalmente renovado y despierto. La actitud de la noche anterior ha cambiado, ahora se muestra como un hombre seguro que rechaza las preguntas y comentarios del invitado. La conversación versa sobre recuerdos del pasado, sobre sentimientos perdidos y nunca recuperados, sobre aquello en lo que se han convertido.
Pero seguimos sin descubrir lo que Pinter nos quiere contar. Sentimos que nosotros vivimos el mismo aturdimiento de nuestros personajes, que están perdidos en un mundo que ya no conocen. No entienden cuál es su relación, olvidaron a las personas a las que amaron, las que les acompañan en sus álbumes de fotos. Se enfrentan a esa tierra de nadie, ese lugar a donde les ha llevado la vida y no les sacará.
A modo de cierre, los cuatro personajes orbitan en torno a una cuestión intrascendente; un juego de palabras casual, que se convierte en un tema angustioso e inconexo con el resto de diálogos: "cambiar de tema por última vez".
Para los espectadores (nosotros) esa última pirueta lingüistica resume bastante bien la obra. No entendemos porqué ni para qué. Nos devanamos los sesos intentando encontrar un orden a la avalancha de anécdotas, a los pequeños tics de los personajes, a los enfados y a las respuestas inconexas. Ideamos una y mil posibles interpretaciones que no nos terminan de convencer. Que si los jóvenes representan a los mayores. Que si ellos han olvidado todo, en un presente vacío de significado.
Sin embargo, tras una investigación posterior descubrimos que nuestra interpretación era bastante más compleja de la realidad. Según Pinter, tanto el anfitrión como el visitante son dos personas opuestas. Uno de ellos, el primero, ha tenido éxito, pero ha olvidado sus méritos y ha caído en el olvido, reflejado en el alcohol y la pérdida de su independencia con los dos jóvenes sirvientes. El otro, el perdedor, el visitante, mantiene sus convicciones y su energía pese a trabajar mucho y mal en un bar. Pero nos queda la sensación de que Pinter ha intentado rizar el rizo y de que los espectadores no tenemos manera de asumir que la historia va más allá de esta explicación sencilla y directa.
A pesar de la buena actuación de los actores, no pudimos llegar a disfrutar de la representación como nos habría gustado por culpa de este texto que se nos ha antojado complejo e indescifrable.
Esta vez nos enfrentábamos a la que califican como su obra cumbre, Tierra de Nadie.
El reparto es excepcional: Luis Homar y José Mª Pou, dos actores de renombre.
Asistimos a una conversación entre dos personajes de los que no se entiende fácilmente la relación. Uno de ellos ha venido a visitar al segundo, el primero se muestra charlatán, no para de beber, exponer sus ideas, al mismo tiempo desagradable y encantador. Mientras tanto el anfitrión, ya borracho, calla, se mantiene impasible ante los ataques y comentarios del otro.
La noche va pasando. Dos jóvenes entran en escena; dos asistentes de la casa, recelosos y agresivos. Su altivo comportamiento da a entender al invitado que son ellos quienes en realidad mandan en la extraña casa. El anfitrión abandona a su supuesto invitado sin revelar más de las circunstancias que esa noche les han llevado a estar unidos. Presentimos que ni ellos tienen claro qué hacen allí.
La mañana llega y los dos jovenes aparecen en el salón con preguntas para el extraño invitado. Intentan averiguar qué le ha llevado hasta esa casa, qué relación mantiene con el señor. El anfitrión vuelve totalmente renovado y despierto. La actitud de la noche anterior ha cambiado, ahora se muestra como un hombre seguro que rechaza las preguntas y comentarios del invitado. La conversación versa sobre recuerdos del pasado, sobre sentimientos perdidos y nunca recuperados, sobre aquello en lo que se han convertido.
Pero seguimos sin descubrir lo que Pinter nos quiere contar. Sentimos que nosotros vivimos el mismo aturdimiento de nuestros personajes, que están perdidos en un mundo que ya no conocen. No entienden cuál es su relación, olvidaron a las personas a las que amaron, las que les acompañan en sus álbumes de fotos. Se enfrentan a esa tierra de nadie, ese lugar a donde les ha llevado la vida y no les sacará.
A modo de cierre, los cuatro personajes orbitan en torno a una cuestión intrascendente; un juego de palabras casual, que se convierte en un tema angustioso e inconexo con el resto de diálogos: "cambiar de tema por última vez".
Para los espectadores (nosotros) esa última pirueta lingüistica resume bastante bien la obra. No entendemos porqué ni para qué. Nos devanamos los sesos intentando encontrar un orden a la avalancha de anécdotas, a los pequeños tics de los personajes, a los enfados y a las respuestas inconexas. Ideamos una y mil posibles interpretaciones que no nos terminan de convencer. Que si los jóvenes representan a los mayores. Que si ellos han olvidado todo, en un presente vacío de significado.
Sin embargo, tras una investigación posterior descubrimos que nuestra interpretación era bastante más compleja de la realidad. Según Pinter, tanto el anfitrión como el visitante son dos personas opuestas. Uno de ellos, el primero, ha tenido éxito, pero ha olvidado sus méritos y ha caído en el olvido, reflejado en el alcohol y la pérdida de su independencia con los dos jóvenes sirvientes. El otro, el perdedor, el visitante, mantiene sus convicciones y su energía pese a trabajar mucho y mal en un bar. Pero nos queda la sensación de que Pinter ha intentado rizar el rizo y de que los espectadores no tenemos manera de asumir que la historia va más allá de esta explicación sencilla y directa.
A pesar de la buena actuación de los actores, no pudimos llegar a disfrutar de la representación como nos habría gustado por culpa de este texto que se nos ha antojado complejo e indescifrable.
jueves, 19 de diciembre de 2013
LA DEL MANOJO DE ROSAS
Con el fin de acabar bien el año y quizá también una temporada de teatro, hemos aprovechado estos días para asistir al estreno de una castiza zarzuela, la del manojo de rosas.
No negaré que me gusta más el teatro, aunque una vez al año no viene mal disfrutar de un espectáculo de este tipo. Pero una zarzuela es una zarzuela, ni más ni menos. Con esto me refiero a una serie de características que cumplen todas las obras de este género: argumentos sencillos, grandes cantantes aunque no muy buenos actores, comedia con final feliz, historias de amor con enredo incluido, parejas nobles y vasallas, etc.
La del manojo de rosas nos cuenta una historia ambientada en el Madrid de la época republicana donde, a pesar de la comedia, se entreven trazos de la guerra civil que se avecina. En una castiza calle de la ciudad una bella chica regenta una floristería. Dos hombres se disputan su amor, Ricardo es aviador y Joaquín es mecánico. Ascensión, que es el nombre de la protagonista, quiere unir su vida a un hombre que no pertenezca a una clase superior a la suya para no tener que agradecerle nunca su posición. En cambio su padre, un rico venido a menos, intenta conseguir el mejor pretendiente para ella.
Ascensión elige al sencillo y encantador mecánico y entre canción y canción cae enamorada de él. Pero pronto descubre que el muchacho no es tan pobre y sincero como parecía, ya que estudia para convertirse en ingeniero. Ella se siente estafada por el engaño y movida por el despecho decide aceptar al aviador. Pero como es lógico en estas obras, la historia tiene que acabar con la felicidad de todos los participantes.
Así que la familia del estudiante de ingeniería cae arruinada y el joven debe de volver a su profesión de mecánico para sustentar a su familia, lo que hace que Ascensión recupere su amor por él. Y como siempre, todo se arregla con una canción en la que vuelven a declararse el amor.
Para que la historia de los jóvenes quede más adornada, otra pareja de clase algo inferior también luchará por su amor. En este caso un aprendiz de mecánico pretenderá a la tendera del puesto de flores que trabaja con Ascensión. Ellos dan el toque humorístico a la obra, ya que la chica intenta conseguir que su pretendiente se convierta en un hombre de bien, y para ello le da celos con Espasa, el camarero del bar de la misma calle. Y Espasa es un divertido personaje que provoca a todos los que pasan por la puerta de su bar, dándoselas del más culto del barrio.
La obra es entretenida, nos permite disfrutar de bonitas voces, una gran zarzuela y un rato divertido.
El escenario consigue trasladarnos a esa calle de Madrid hace más de setenta años, con balcones y vecinos asomados que intentan no perderse ni un detalle de lo que se cuece en su calle.
No negaré que me gusta más el teatro, aunque una vez al año no viene mal disfrutar de un espectáculo de este tipo. Pero una zarzuela es una zarzuela, ni más ni menos. Con esto me refiero a una serie de características que cumplen todas las obras de este género: argumentos sencillos, grandes cantantes aunque no muy buenos actores, comedia con final feliz, historias de amor con enredo incluido, parejas nobles y vasallas, etc.
La del manojo de rosas nos cuenta una historia ambientada en el Madrid de la época republicana donde, a pesar de la comedia, se entreven trazos de la guerra civil que se avecina. En una castiza calle de la ciudad una bella chica regenta una floristería. Dos hombres se disputan su amor, Ricardo es aviador y Joaquín es mecánico. Ascensión, que es el nombre de la protagonista, quiere unir su vida a un hombre que no pertenezca a una clase superior a la suya para no tener que agradecerle nunca su posición. En cambio su padre, un rico venido a menos, intenta conseguir el mejor pretendiente para ella.
Ascensión elige al sencillo y encantador mecánico y entre canción y canción cae enamorada de él. Pero pronto descubre que el muchacho no es tan pobre y sincero como parecía, ya que estudia para convertirse en ingeniero. Ella se siente estafada por el engaño y movida por el despecho decide aceptar al aviador. Pero como es lógico en estas obras, la historia tiene que acabar con la felicidad de todos los participantes.
Así que la familia del estudiante de ingeniería cae arruinada y el joven debe de volver a su profesión de mecánico para sustentar a su familia, lo que hace que Ascensión recupere su amor por él. Y como siempre, todo se arregla con una canción en la que vuelven a declararse el amor.
Para que la historia de los jóvenes quede más adornada, otra pareja de clase algo inferior también luchará por su amor. En este caso un aprendiz de mecánico pretenderá a la tendera del puesto de flores que trabaja con Ascensión. Ellos dan el toque humorístico a la obra, ya que la chica intenta conseguir que su pretendiente se convierta en un hombre de bien, y para ello le da celos con Espasa, el camarero del bar de la misma calle. Y Espasa es un divertido personaje que provoca a todos los que pasan por la puerta de su bar, dándoselas del más culto del barrio.
La obra es entretenida, nos permite disfrutar de bonitas voces, una gran zarzuela y un rato divertido.
El escenario consigue trasladarnos a esa calle de Madrid hace más de setenta años, con balcones y vecinos asomados que intentan no perderse ni un detalle de lo que se cuece en su calle.
domingo, 17 de noviembre de 2013
TÉTRADAS
Cuatro obras cortas de Harold Pinter forman la representación Tétradas, en el teatro de la Puerta Estrecha. Esta sala es uno de los espacios alternativos que más estrictamente lleva a cabo el compromiso social y político a través de sus obras.
Con Precisión, Pinter nos habla del horror de la humanidad, sin tratar de ningún drama concreto, aunque se detectan trazos del nazismo. Dos hombres charlan en torno a una mesa, mientras que toman una copa. Hablan del éxito que han tenido en su negocio aunque parece que el acuerdo final no dejó a todos contentos. Ellos han cobrado por su trabajo de forma satisfactoria, pero mencionan que los veinte millones no son suficientes según los últimos comentarios hechos por los de la otra parte. ¿Pero veinte millones de qué? ¿Hablan de dinero, de personas? No, la cifra trata de muertos. El pacto inicial parece haberse quedado corto y ahora incluso se está pensando en cincuenta o sesenta millones. ¿estamos ante un acuerdo del número de muertos para conseguir una rendición, un pacto en el que el ganador será el mayor criminal? Con precisión se habló de una cantidad, pero los millones de muertos pueden variar sin mayor problema ético.
Harold Pinter pretende enfrentarnos a lo peor de nosotros con cada texto. Siendo niño vivió los horrores de la Segunda Guerra Mundial, esto le impactó e imprimió en su forma de escribir un sello único. En muchos casos sus obras rozan el absurdo como una explicación de nuestra historia reciente.
Una especie de Alaska es la historia de una joven que lleva treinta años postrada en una cama en estado vegetativo. Por fin despierta, pero no es consciente de lo ocurrido. Se siente la niña que era cuando su cuerpo se paralizó, sufrió un shock. Ahora no reconoce a la persona que se sienta junto a su cama, no entiende y no quiere entender los mensajes que éste le da sobre todo lo ocurrido. Todo ha cambiado, su familia ha sufrido durante estas décadas, mientras que ella no sabía nada de lo ocurrido. Sin embargo despertar le obliga a aceptar la verdad. Su médico, que se casó hace más de 20 años con su hermana pequeña, se convierte en el objetivo de su amor, un acto esperable en una niña de 15 años pero no en una mujer de 45. Deborah, que es como se llama la niña-mujer, escucha la versión que le cuentan su médico y su hermana, aceptando aquella que más le permita sobrevivir a esta realidad.
El Nuevo Orden Mundial es otro texto sobre el horror. Un hombre se encuentra detenido, sus captores, que se entiende que pertenecen a las fuerzas del orden, utilizan como recurso el acoso psicológico para hacerle hablar. No veremos violencia física sino verbal. El miedo y las amenazas son el instrumento usado, sus víctimas serán él y su familia. Pero estas amenazas nunca se concretan en ningún ataque real, porque saben que la mente de una persona puede inventar sus peores horrores, una especie de 1984 en teatro. Cuando uno de los captores grita de emoción porque dice "sentirse una persona pura", el otro le corrobora que con sus actos hacen el bien, trabajan para conseguir la ansiada democracia.
Estación Victoria será quizá uno de los textos más absurdos de Pinter. Llamar a Pinter absurdo es arriesgado ya que tras varios análisis de su obra siempre se encuentra un significado profundo y complejo. También de eso se trataba el teatro del absurdo.
En esta obra dos personajes se comunican por una emisora de radio. Uno es taxista, el otro es el agente que recibe los avisos de clientes en la central. El agente quiere localizar al #274, ya que sabe que está cerca del próximo encargo. Pero #274 no está dispuesto a dejar el lugar donde se encuentra, los alrededores de un parque oscuro. El agente se desespera al no conseguir ninguna señal del trabajador de que va a realizar su cometido, pero es que el taxista se siente feliz, relajado porque se ha enamorado de la clienta que está llevando en el taxi. La conversación cambia de registro y el agente parece haber modificado su tono de violento a irónico. Intenta convencer al taxista para que no se mueva del lugar en el que está parado porque quiere pasar allí, conocerle e invitarle a unas vacaciones juntos en Barbados. ¿es ironía o es que el agente ha descubierto el amor a través de los sentimientos del taxista hacia su clienta? Quizá su trabajo ha perdido todo el sentido al reconocer a una persona feliz y enamorada. El agente que actuaba como "Gran Hermano", ante la rebeldía de uno de sus hijos decide dejarlo todo y ser libre. Habrá que darle otra vuelta a esta corta pieza, con más fondo del esperado.
Las historias están magníficamente interpretadas por el equipo de cuatro actores. Eva Varela les dirige además de hacer un pequeño papel y aunque el equipo está estupendamente representado por sus actores, siempre se agradece verla en escena.
El escenario cuenta con el mínimo mobiliario necesario: una mesa, dos sillas y una cama. El cambio entre una y otra obra se realiza de forma realmente sencilla, sin artificios, lo que nos ayuda aún más a centrarnos únicamente en el magnífico texto.
Sobre las bolsas de papel que cubren las cabezas de algunos actores, no tengo ni idea. Supongo que la compañía ha decidido, después de varias actuaciones, eliminar este elemento de la actuación. En la representación a la que asistimos, pudimos ver las caras de todos los personajes.
viernes, 15 de noviembre de 2013
DUET FOR ONE
En la sala Guindalera hoy podíamos deleitarnos con una de las mejores familias del teatro, los Pastor. Dos tercios de sus integrantes se iban a poner ante nuestros ojos, para hacernos disfrutar como siempre y como nadie del buen teatro.
Duet for one no se podría clasificar como una obra sencilla. Basada completamente en el texto, sin atrezzo o agentes externos que den pie a la actuación, todo el peso recae sobre los actores, en una obra sin descanso. Por eso cuando quiero ver buen y puro teatro me acerco a su sala.
Juan Pastor es el doctor Feldman, Ana Pastor es la señora Abraham, esposa del conocido pianista Leiberman. Solos en escena, nos contarán de qué trata la vida, cómo superar las dificultades y cómo entender nuestras limitaciones.
Ella ha ido a la consulta del conocido doctor aconsejada por su marido. Aún es muy joven pero una dolencia crónica grave la ha obligado a abandonar su pasión y profesión, concertista de violonchelo, y ha quedado postergada en una silla de ruedas. Padece esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa y sin cura que le ha hecho renunciar a sus sueños y a su futuro.
El diálogo entre ambos nos enseñará la debilidad del ser humano, la capacidad de ocultar sus verdaderos sentimientos bajo muchas capas, de crear y creer engaños como medio de subsistencia. Cada pregunta enerva más a la joven que siente como el mundo inventado se resquebraja y pierde su función de protección.
El psiquiatra indaga en la relación con su marido, basada esencialmente en la música que les unió y que ahora que se ha vuelto inexistente y les separa. Analiza la relación con sus padres: su madre renunció a su carrera como pianista para acompañar a su marido, y ese sacrificio se ve reflejado en ella, que lucha también sin medida. La lucha de la señora Abraham, Stephanie, también es la de una hija que pierde a su madre y se debe de enfrentar a un padre de mente estrecha para convertirse en lo que quiere ser, una gran violonchelista. Su vida hasta aquí ha sido una lucha continua por alcanzar sus metas, y con 36 años enferma de la peor manera posible, ya que sabe que nunca volverá a tocar su instrumento.
Y así sus distintos intentos por mostrarse fuerte son desmontados una y otra vez por un doctor que sufre el despecho de su paciente hacia el tratamiento. Ante confesiones sobre suicidio, humillaciones y desprecios que ella misma se infringe, el señor Fieldman acaba desvelando lo que realmente piensa de esa niña asustada y cobarde que ve en su paciente. Y le indica el auténtico camino de la vida, que es vivirla, enfrentarse a cada problema que nos encontramos para resolverlo y ser mejores personas. Con estas palabras, con esta verdad frente a ella, Stephanie no tiene más recursos para ocultarse, para esconderse detrás de su máscara.
Así que en la última sesión psiquiátrica, Stephanie confiesa que no volverá a su consulta porque no hay solución posible para ella. Porque su vida no está del lado de la realidad, sino del de la magia de su música y una vez ésta ha desaparecido no hay forma de volver al mundo real, el que dejó siendo una niña.
La sencillez y dureza con la que ambos actores nos van enfrentando a la vida es magistral, supongo que este mérito debería de ser repartido entre autor, director y actores. Destaco al autor porque escribió esta obra hace pocos más de 30 años, pero ésta conserva un toque clásico muy especial.
La historia está basada en la vida de Jacqueline du Pré, esposa de Daniel Baremboin, el famoso pianista. Como nuestra protagonista Jacqueline, vivió para el violonchelo y murió de esclerosis múltiple.
Y ahora, después de esta estupenda obra, sólo pondría una objeción. Parece que la sala Guindalera está empeñada en especializarse en casos raros, enfermedades de dificil tratamiento y con una afección importante en la psicología de los personajes (Molly Sweeney, La máquina de abrazar).
Sobre los actores hay poco más que decir, sólo añadiría que María Pastor me ha gustado aún más si cabe que en otras representaciones.
Duet for one no se podría clasificar como una obra sencilla. Basada completamente en el texto, sin atrezzo o agentes externos que den pie a la actuación, todo el peso recae sobre los actores, en una obra sin descanso. Por eso cuando quiero ver buen y puro teatro me acerco a su sala.
Juan Pastor es el doctor Feldman, Ana Pastor es la señora Abraham, esposa del conocido pianista Leiberman. Solos en escena, nos contarán de qué trata la vida, cómo superar las dificultades y cómo entender nuestras limitaciones.
Ella ha ido a la consulta del conocido doctor aconsejada por su marido. Aún es muy joven pero una dolencia crónica grave la ha obligado a abandonar su pasión y profesión, concertista de violonchelo, y ha quedado postergada en una silla de ruedas. Padece esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa y sin cura que le ha hecho renunciar a sus sueños y a su futuro.
El diálogo entre ambos nos enseñará la debilidad del ser humano, la capacidad de ocultar sus verdaderos sentimientos bajo muchas capas, de crear y creer engaños como medio de subsistencia. Cada pregunta enerva más a la joven que siente como el mundo inventado se resquebraja y pierde su función de protección.
El psiquiatra indaga en la relación con su marido, basada esencialmente en la música que les unió y que ahora que se ha vuelto inexistente y les separa. Analiza la relación con sus padres: su madre renunció a su carrera como pianista para acompañar a su marido, y ese sacrificio se ve reflejado en ella, que lucha también sin medida. La lucha de la señora Abraham, Stephanie, también es la de una hija que pierde a su madre y se debe de enfrentar a un padre de mente estrecha para convertirse en lo que quiere ser, una gran violonchelista. Su vida hasta aquí ha sido una lucha continua por alcanzar sus metas, y con 36 años enferma de la peor manera posible, ya que sabe que nunca volverá a tocar su instrumento.
Y así sus distintos intentos por mostrarse fuerte son desmontados una y otra vez por un doctor que sufre el despecho de su paciente hacia el tratamiento. Ante confesiones sobre suicidio, humillaciones y desprecios que ella misma se infringe, el señor Fieldman acaba desvelando lo que realmente piensa de esa niña asustada y cobarde que ve en su paciente. Y le indica el auténtico camino de la vida, que es vivirla, enfrentarse a cada problema que nos encontramos para resolverlo y ser mejores personas. Con estas palabras, con esta verdad frente a ella, Stephanie no tiene más recursos para ocultarse, para esconderse detrás de su máscara.
Así que en la última sesión psiquiátrica, Stephanie confiesa que no volverá a su consulta porque no hay solución posible para ella. Porque su vida no está del lado de la realidad, sino del de la magia de su música y una vez ésta ha desaparecido no hay forma de volver al mundo real, el que dejó siendo una niña.
La sencillez y dureza con la que ambos actores nos van enfrentando a la vida es magistral, supongo que este mérito debería de ser repartido entre autor, director y actores. Destaco al autor porque escribió esta obra hace pocos más de 30 años, pero ésta conserva un toque clásico muy especial.
La historia está basada en la vida de Jacqueline du Pré, esposa de Daniel Baremboin, el famoso pianista. Como nuestra protagonista Jacqueline, vivió para el violonchelo y murió de esclerosis múltiple.
Y ahora, después de esta estupenda obra, sólo pondría una objeción. Parece que la sala Guindalera está empeñada en especializarse en casos raros, enfermedades de dificil tratamiento y con una afección importante en la psicología de los personajes (Molly Sweeney, La máquina de abrazar).
Sobre los actores hay poco más que decir, sólo añadiría que María Pastor me ha gustado aún más si cabe que en otras representaciones.
viernes, 8 de noviembre de 2013
DIARIO DE UN LOCO
Si pienso en un autor ruso, elegiré como no, a Anton Chejov. De él he visto casi todo lo que ha pasado por los escenarios de Madrid. Pero en ocasiones suena otro gran dramaturgo del que casi todo lo representado tuvo buenas críticas: Nikolai Gogol. Alguna entrada de sus obras está colgada en este blog, como la de El Inspector.
El Matadero ha traído a escena un monólogo suyo, y han elegido a mi adorado José Luis García-Pérez para su representación.
El escenario es una gran jaula, donde todo nos recuerda el encierro, la falta de libertad. Cuando entramos a la sala encontramos que Aksenti Ivanovich ya nos espera en escena. Nos observa y nos sonríe encaramado a las alturas del escenario.
El Matadero ha traído a escena un monólogo suyo, y han elegido a mi adorado José Luis García-Pérez para su representación.
El escenario es una gran jaula, donde todo nos recuerda el encierro, la falta de libertad. Cuando entramos a la sala encontramos que Aksenti Ivanovich ya nos espera en escena. Nos observa y nos sonríe encaramado a las alturas del escenario.
Aksenti viene a relatarnos su vida a modo de diario. Así nos hace participes de sus sueños, aspiraciones e infelicidades. Nos cuenta que ocupa un puesto de alto funcionario en la administración rusa. Se encarga entre otros temas, de preparar las plumas de escritura para el director de su empresa, una labor muy importante y por la cuál está muy bien valorado por éste. En cambio su jefe, que le tiene envidia, le humilla y maltrata constantemente. Pero de quien Aksenti busca la admiración es de Sophie, hija del director, a la que ama secretamente.
Una mañana Aksenti se topó con la joven que entraba a una tienda. Su perrito se quedó esperando en la puerta y él pudo asistir a uno de los hechos más insólitos de su vida: la conversación entre el perro de Sophie y otro de unas vecinas. Aquí empezamos a sospechar que algo en la cabeza de Aksenti no funciona bien del todo, aunque quién sabe cuál es la verdad, que es lo que no marcha bien.
Aksenti pretende averiguar algo más sobre esta extraña historia y consigue robar la correspondencia que han cruzado ambos perros. En las cartas la perrita de Sophie cuenta detalles de su dueña. En ellas descubre que Sophie le considera un payaso y está enamorada de otro hombre, con el que piensa casarse. Su dolor es máximo, no sólo porque pierde a la mujer que quiere, también porque con ella se va toda sueño de una vida mejor. Y es que él desea pertenecer tanto como odia ese mundo que le está vetado: una buena posición, una vida acomodada, codearse con las altas esferas de la ciudad y ser correspondido por la mujer que ama.
Algo parece romperse en su cabeza, algo que ya estaba deteriorado. Su sueño de gran funcionario, su deseo de ser agasajado por el director, todo se tambalea bajo sus pies. En su locura ya evidente, encerrado en su casa, Aksenti ve la luz. En el periódico lee una noticia sobre España, en este país andan buscando a su rey. ¡Qué locura! Pero ya está todo claro, ¡él es el rey de España! Así que se sienta a esperar a la delegación que vendrá a buscarle. Pasan los días, meses y nadie aparece. Por fin, abandona su refugio y se dirige a su empresa a proclamar quién es. Allí su jefe le ridiculiza, pero Aksenti se mantiene frío y calmado ante sus ataques, como le corresponde a alguien de tan alto grado. Ahora que es rey de España podrá codearse con el director y su hija, estará por encima del prometido de la joven. Recuperará por fin la posición que le fue negada,¡será admirado!
Hasta su casa llega por fin la delegación que viene a llevarle hasta su trono. El viaje a España es bien corto y en poco tiempo se encuentra en un nuevo lugar que nada se parece a lo que esperaba. Allí sufre palizas, es encerrado en cuartos con rejas y no consigue ser tratado como quién es. Los hombres a su alrededor le aclaman y siguen pero huyen cuando la cosa se pone fea y al final es Aksenti el acaba recibiendo enormes palizas.
Él sólo quiere que le traten como le corresponde, pero es la ambición de los otros la que no le permite alcanzar sus sueños, la ambición que se manifiesta en un grano bajo la nariz, la que impide que Aksenti pueda ser feliz. La ambición de los poderosos es la misma de la que él también es víctima y no consigue superar.
El diario de Aksenti es una triste historia sobre un hombre que quiere ser feliz accediendo a todo aquello que no pertenece a su clase. Sueña pero la realidad se mezcla con sus deseos y no es capaz de distinguir realidad y ficción, hasta que su locura acaba convirtiéndose en su perdición.
El escenario se llena con la voz de José Luis García-Pérez. No es una voz de galán ni de gran señor, al contrario, es tan rasgada que con él sentimos cada agravio y vivimos cada sueño como nuestro. Y sufrimos cuando le vemos padecer los ataques, todo por no aceptar quién es.
Una mañana Aksenti se topó con la joven que entraba a una tienda. Su perrito se quedó esperando en la puerta y él pudo asistir a uno de los hechos más insólitos de su vida: la conversación entre el perro de Sophie y otro de unas vecinas. Aquí empezamos a sospechar que algo en la cabeza de Aksenti no funciona bien del todo, aunque quién sabe cuál es la verdad, que es lo que no marcha bien.
Aksenti pretende averiguar algo más sobre esta extraña historia y consigue robar la correspondencia que han cruzado ambos perros. En las cartas la perrita de Sophie cuenta detalles de su dueña. En ellas descubre que Sophie le considera un payaso y está enamorada de otro hombre, con el que piensa casarse. Su dolor es máximo, no sólo porque pierde a la mujer que quiere, también porque con ella se va toda sueño de una vida mejor. Y es que él desea pertenecer tanto como odia ese mundo que le está vetado: una buena posición, una vida acomodada, codearse con las altas esferas de la ciudad y ser correspondido por la mujer que ama.
Algo parece romperse en su cabeza, algo que ya estaba deteriorado. Su sueño de gran funcionario, su deseo de ser agasajado por el director, todo se tambalea bajo sus pies. En su locura ya evidente, encerrado en su casa, Aksenti ve la luz. En el periódico lee una noticia sobre España, en este país andan buscando a su rey. ¡Qué locura! Pero ya está todo claro, ¡él es el rey de España! Así que se sienta a esperar a la delegación que vendrá a buscarle. Pasan los días, meses y nadie aparece. Por fin, abandona su refugio y se dirige a su empresa a proclamar quién es. Allí su jefe le ridiculiza, pero Aksenti se mantiene frío y calmado ante sus ataques, como le corresponde a alguien de tan alto grado. Ahora que es rey de España podrá codearse con el director y su hija, estará por encima del prometido de la joven. Recuperará por fin la posición que le fue negada,¡será admirado!
Hasta su casa llega por fin la delegación que viene a llevarle hasta su trono. El viaje a España es bien corto y en poco tiempo se encuentra en un nuevo lugar que nada se parece a lo que esperaba. Allí sufre palizas, es encerrado en cuartos con rejas y no consigue ser tratado como quién es. Los hombres a su alrededor le aclaman y siguen pero huyen cuando la cosa se pone fea y al final es Aksenti el acaba recibiendo enormes palizas.
Él sólo quiere que le traten como le corresponde, pero es la ambición de los otros la que no le permite alcanzar sus sueños, la ambición que se manifiesta en un grano bajo la nariz, la que impide que Aksenti pueda ser feliz. La ambición de los poderosos es la misma de la que él también es víctima y no consigue superar.
El diario de Aksenti es una triste historia sobre un hombre que quiere ser feliz accediendo a todo aquello que no pertenece a su clase. Sueña pero la realidad se mezcla con sus deseos y no es capaz de distinguir realidad y ficción, hasta que su locura acaba convirtiéndose en su perdición.
El escenario se llena con la voz de José Luis García-Pérez. No es una voz de galán ni de gran señor, al contrario, es tan rasgada que con él sentimos cada agravio y vivimos cada sueño como nuestro. Y sufrimos cuando le vemos padecer los ataques, todo por no aceptar quién es.
El escenario se ilumina a través de jaulas ocupadas con pájaros de papel que dan una extraña sensación de agobio y lucidez al mismo tiempo.
Su diario hace a la historia avanzar, los días y semanas pasan en un calendario a veces inventado, con el que se construye su capa de rey. Todo parece encajar en su mundo imaginado que choca con la ambición del exterior, con la realidad de los de fuera que se ríen de él.
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