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viernes, 27 de septiembre de 2013

TÍO VANIA

El teatro de la Puerta Estrecha es un referente para mí, cualquier obra que programen merece ser tenida en cuenta sólo por haber sido elegida por su compañía, La Pajarita de Papel. Si a esto unimos que algunos de los actores se están convirtiendo en viejos conocidos, es fácil que nos pasemos por su sala periódicamente.

Hoy además añadimos el nombre de Anton Chejov, así que la decisión es bien sencilla: hay que ir a verla. Tío Vania es una representación que extrañamente no había visto.

En esta obra el ambiente de la Rusia de la época final de los zares no se muestra tan claramente como en otras pero queda implícito en los personajes que nos acompañan. La acción transcurre en una casa de campo alejada de la ciudad, donde Vania y el ama de llaves Marina han pasado casi toda su vida. Son seres sencillos que disfrutan de la tranquilidad y seguridad que da una vida sin sorpresas. En este avance hacia su vejez les acompaña Sonia, sobrina de Vania. La joven perdió a su madre hace años y Alexander, su padre, la envió a la casa de su tío, donde se ha criado. Pero hace unas semanas Alexander apareció en la casa con su joven esposa, Elena, y dijo venir dispuesto a quedarse. Su llegada ha desestabilizado el ritmo del hogar y los roces van surgiendo.


Alexander es un ser egoísta y presuntuoso que se considera superior a los que le rodean. Escribe textos y libros sobre arte y filosofía de mediocre calidad y sin embargo trata a los que le rodean con un cierto desprecio y busca el agasajo continuo. Su mujer es la que más sufre su comportamiento, ella creyó estar enamorada de ese profesor y ahora descubre que es muy infeliz.


Además de la familia un sexto personaje visita la casa: el médico (¿qué sería de Chejov sin sus médicos?). Astrov es frecuentemente llamado por Alexander que necesita quejarse de sus dolores, pero este joven no está dispuesto a ser manipulado como los demás. Astrov es idealista, luchador, justiciero, pero se enamora de la mujer equivocada, Elena, la mujer de Alexander. El problema es que Sonia, la sobrina del tío Vania está loca de amor por el joven médico. Elena intenta interceder por su hijastra y averiguar cuáles son los sentimientos del médico, rechazando los suyos, y es que ella también está enamorada del joven doctor. Pero el amor está por encima y tan pronto como el médico confiesa que a quién él ama es a ella, Elena, los dos se funden en un beso. Vania verá todo lo ocurrido y culpará a la mujer por ello. Pero él también sabe que es injusto que una mujer joven pierda su vida junto a un ser como su cuñado.
Todos los personajes son infelices, aceptan su vida como un hecho invariable, sufren por aquello que no pueden alcanzar y sienten el paso del tiempo como una losa que les hunde cada vez más.

A pesar de los recelos y el odio que todos se profesan, Alexander decide convocar a la familia y anunciar una resolución: la casa de campo será puesta a la venta. Tío Vania no resiste más la situación y entra en cólera contra su cuñado declarando toda la verdad: Alexander está arruinado y vive del dinero que Vania le envía. Cuenta que él renunció a su herencia en favor de su hermana para que ella y Alexander se quedaran con la casa de campo y ahora éste se lo agradece echándoles de su propio hogar. Y seguidamente Vania coge un arma y dispara contra su cuñado que por suerte o desgracia sale ileso.

Tras calmarse los ánimos ambos hombres hacen las paces, acordando que los envíos de dinero de Vania a Alexander se seguirán realizando de la misma forma. Alexander recomponiendo su orgullo abandona la casa junto a su mujer. Ésta renuncia al amor del médico que también se irá para no volver ya que allí ya no le espera la persona a la que él quiere.

Vania se siente acabado y piensa en poner fin a su vida, pero como siempre, es Sonia la que le contagia sus ganas de vivir, su deseo de luchar aquí por una vida mejor tras la muerte y la que le convence para abandonar la idea del suicidio. Mientras, Marina observa a todos los personajes y guarda en lo más profundo de su ser la opinión que cada uno le merece.

Y Vania y Marina vuelven a su rutina, acompañados de la joven. Cada uno deberá de soportar la frustración de una vida sin sentido. 

Chejov como siempre nos cuenta las miserias de sus personajes, nos introduce en ambientes asfixiantes donde las vidas no muestran más que desesperación y renuncia. Pero siempre intenta dejarnos un atisbo de luz, un pensamiento para la esperanza reflejado en los jóvenes que serán el cambio que Rusia se merecía.

Aunque en esta ocasión su argumento parece distanciarse algo más de aquello a lo que Chejov nos tiene acostumbrados, muchos de sus personajes insignes aparecen: el déspota, la joven soñadora, el médico, el ama de llaves, todo el imaginario de Chejov ante nuestros ojos.



martes, 27 de noviembre de 2012

LOS NIÑOS SE HAN DORMIDO

Y con ésta van cuatro representaciones de Chejov, según me dijo Isma. Cuatro en el recuento parcial (realizado por el blog), en total seguramente sobrepaso las diez obras vistas. Y no me canso de ver a Chejov, sobre todo si la historia y los actores se combinan en una simbiosis perfecta. Lo digo sabiendo de lo que hablo, porque quizá la peor representación que he sufrido fue de esta misma obra, la Gaviota. 


Aunque el texto era éste, la obra vista hoy se presentaba con otro nombre: Los Niños se han Dormido. No es la primera vez que esto sucede, que La Gaviota es anunciada con otro título. Dicen los directores que representar La Gaviota es tan complejo que es pretencioso suponer que se pueda hacer. Por eso se acercan a ella con adaptaciones en torno a su obra. 

Esa complejidad de la que hablan se percibe en los personajes, Chejov nos los describe en todas sus facetas, les conocemos, llegamos a intuir lo que piensan y en este análisis descubrimos al ser humano. 

El contexto de las obras de madurez de Chejov es siempre parecido: la escena transcurre en una lujosa casa de la época de los zares, en una zona rural de la Rusia de principios del s. XX. Los personajes reflejan los diferentes estamentos sociales: señores y criados.

En este palacete tendrá lugar hoy una representación teatral. El hijo de la señora, Konstantin, ha adaptado una obra que interpretará su alegre novia, Nina. El joven está expectante por conocer la opinión de su madre, la famosa actriz Irina. Además pretende recuperar así la admiración de ésta por él, que perdió en favor de su novio, un famoso crítico y escritor, Boris Trigorin. Boris es un autor famoso, ha triunfado y vive cómodamente, y es encantador, especialmente con las mujeres. A la actuación también asistirán los sirvientes de la casa, el hermano de Irina y su médico, amigo de la familia. 

El estreno será un desastre porque la madre ridiculizará a su hijo, dejándole en evidencia ante todos. Irina siempre pretende quedar por encima del resto y un hijo escritor es un desafío a su profesión de actriz. Además la obra que Konstantin eligió era Hamlet, con lo que el papel de Ofelia quedaba "demasiado grande a esa niña". Elegir Hamlet no fue un capricho de Konstantin sino un intento de hacer ver a Irina lo que está pasando en su propia familia. 

Pero esta confrontación no es la única que veremos. A través de los diálogos se muestran las distintas relaciones entre los personajes, todos desean aquello inalcanzable y rechazan lo cercano y asequible con desprecio. Con esto sólo consiguen sentirse desgraciados y convertir en infelices a aquellos que les quieren. Nasha, la hija del ama de llaves, ama desesperadamente al joven Konstantin que la rechaza. Sin embargo desprecia al maestro, un chico soñador que la haría feliz. El ama de llaves desea al médico y le declara su amor delante de su propio marido en un acto de desprecio hacia éste. Los comportamientos se repiten y pasan de una generación a otra, las sirvientas, madre e hija, tienen que aceptar a un hombre que no aman para acceder a una vida mejor.

Todos los seres viven y sufren en una especie de equilibrio inestable que es roto por un acontecimiento: Boris, el crítico, y la joven Nina se enamoran. El dilema está servido, dejarse llevar por el amor o renunciar a éste y vivir en la comodidad del día a día. Boris es débil y es arrastrado por Irina, pero la juventud e ingenuidad de Nina consiguen que él vuelva a ella. 
Vivirán un romance con trágico final cuando ella pierde al bebé nacido de su amor y con éste, la fuerza para actuar. Boris acaba abandonándola y vuelve con Irina.

Pasan los meses y la familia vuelve a reencontrarse tras tantos acontecimientos. Pese a las demostraciones de alegría, todos siguen escondiendo sus desdichas y vergüenzas. Quizá porque no pueden guardarlo dentro más tiempo o porque piensan que tienen derecho a ser felices, acaba llegando el momento en que confiesan su verdad. Pero con esto lo único que consiguen es volver a enfrentarse a su soledad sintiéndose más ridículos que antes. Otros, los cobardes, se ocultan tras una máscara. 
De entre todos ellos sólo Konstantin muestra su tormento,  ha triunfado como escritor pero perdió el amor de Nina y no es capaz de soportar este mundo falso. 
Y en esa gran noche de reencuentros Nina aparece en la casa. Se fue siendo una niña y ahora es una mujer, ha sufrido y ha entendido que la vida consiste en aceptar el dolor que te toca vivir. Desvaría, se llama a ella misma Gaviota, como esa gaviota que Konstantin mató "por hacer algo", cuando empezó el fin de su juventud. Esa gaviota muerta era ahora ella. 
Y cuando Konstantin le confiesa que la sigue amando, aparece Boris, el crítico, que ignora por completo su presencia. Ella no puede sentir más dolor al verse rechazada por el hombre que sigue amando y sólo le queda huir y aceptar su cruel destino de soledad. 
Igualmente Konstantin entiende que ese mundo en el que no encaja no es para él. Perdió la última esperanza de ser feliz y decide acabar con su vida, mientras los demás ríen y festejan su infelicidad.  

Esta historia está completada con todos los personajes que rodean a la familia, de cada uno entendemos sus sentimientos y nos preguntamos cómo han podido llegar a ser tan infelices. Esta es la magia del teatro intemporal de Chejov, ya sea en la estepa rusa o en el s. XXI.


jueves, 8 de noviembre de 2012

IVAN-OFF

Ha llovido desde mi última función, allá por julio. Muchos han sido los acontecimientos vividos desde entonces.Hoy asisto a una obra muy diferente de las que suelo frecuentar. Este tipo de teatro está surgiendo recientemente, pequeñas salas representan nuevas obras de autores jovenes o adaptaciones alternativas, y donde el publico asistente es muy escaso.
La idea me gusta, una actuación muy personal para ser disfrutada por unos pocos de afortunados.

Desde el primer momento se observan diferencias. Entramos a un piso que recrea el ambiente de los años 50: paredes empapeladas, lámparas de araña, muebles rococó, una ornacina con una virgen dentro, cuadros de pavo real o perros humanoides o la misma duquesa de alba.

Entramos a una sala y nos situamos en un banco continuo que recorre las cuatro paredes. En el centro un actor nos mira fijamente esperando su momento. A partir de aquí comienza la historia de Ivan-off.

Ivan es un hombre desgraciado, infeliz, amargado. Se casó hace cinco años pero poco después dejó de querer a su mujer y ahora se siente atrapado en una vida que no le llena. Sin embargo ella le ama más que nunca y por culpa del rechazo que sufre, vive enferma. Pero ni esta culpabilidad puede hacer que en Ivan surgan sentimientos de cariño. Además sus negocios empeoran y le llevan a la ruina. Debe dinero a una importante familia de la región a la que visita cada día aparentando ante su mujer que se siente obligado por los favores recibidos. En realidad es su única válvula de escape, que tampoco le hace feliz porque Ivan dejó de sentir ilusión. Ese mismo hastío le hace ser cruel con todos, especialmente con su esposa.

En la casa de sus protectores los sentimientos hacia Ivan son bien diversos. Mientras que la señora reclama el pago de la deuda, el marido se desahoga con él y a la vez hace de mensajero de su mujer, es un pelele en sus manos. La hija es la joya de la corona, un ser dulce e inocente que conoce la triste vida del joven y pretende salvarle de su amargura. Le declara su amor y él ve en ella una tabla de salvación, igual a otras anteriores. La mujer de Ivan descubre la relación extramatrimonial y su enfermedad se agrava. Su médico es se autodenomina como un ser "honrado", que siente asco ante la crueldad humana. Pero acusa a los personajes creyéndose con autoridad para ello, cuando lo que así consigue es convertirse en el ser más despreciable. Castiga continuamente a Ivan con sus palabras con el único fin de sentirse superior.

Cada personaje se ve encerrado en una vida que no le llena y sin salida posible, deseando lo que el tiene. Su felicidad depende de los otros y éstos,seres crueles, nunca se la concederán. Y con esta tesitura la historia no podrá acabar bien. La esposa acaba falleciendo e Ivan parece que rehará su vida con la hija de sus acreedores, la familia adinerada. Pero poco antes de que se celebre la boda, él acabará siendo consciente de que perdió completamente la ilusión por ser feliz, la alegría de vivir y lo único que provocará es la desdicha de su joven prometida. Antes de arrastrar a más personas a su infierno, el día de su boda se presenta en casa de la novia y tras expresar su reflexión hace lo único que le devuelve la dignidad: pegarse un tiro.

Lo más interesante de la obra es cómo ésta se desarrolla. Está estructurada en cuatro actos y cada uno de ellos transcurre en una sala distinta. Al finalizar un acto, un personaje nos invita a pasar a la siguiente sala, nos introduce en la obra, nos invita a la fiesta del salón contiguo, nos reune en otro lugar para contarnos un secreto...

El único aspecto negativo se centra en la adaptación del texto. La obra original se llama Ivanov, del gran Anton Chejov. Pocas adaptaciones son necesarias en una pieza de este autor. Pero entre todos los posibles cambios, intentar meter con calzador conflictos actuales no producen un buen resultado. Al final nos perdemos en un texto clásico con toques modernos que a ratos chirrían.

Lástima porque todo apuntaba a que la tarde de teatro podía salir redonda.


viernes, 11 de noviembre de 2011

TRES AÑOS

La mezcla es perfecta, difícilmente mejorable: una obra de Chejov interpretada por la compañía de la sala Guindalera. Todo apunta bien, un auténtico valor seguro. Y se cumple.

La representación tiene sus pequeñas sorpresas porque realmente se trata de una adaptación de una obra de Chejov, y además no es una de sus famosas obras de madurez, pero tampoco de las comedias cortas de juventud. Así que Chejov se intuye pero no es tan fácil de reconocer como en otras.

La historia es más simple que en otros casos, no muestra el convulso momento social y político de Rusia, es más, la obra es bastante atemporal, de no ser por el vestuario y algún mínimo comentario. Tampoco se desarrolla obligatoriamente en Rusia, aunque sí mezcla el ambiente rural con la gran ciudad.

La historia trata básicamente del amor, y de lo que buscamos y encontramos con él. Se cuestionan y resuelven estas dudas a través de las vivencias de los personajes.

Alejandro, un hombre rico de ciudad, tímido y apocado, va al pueblo a ver a su hermana enferma y allí encuentre el amor en la hija del médico, una chica alegre y sencilla, y muy bella. No es la primera vez que se enamora, pero nunca ha sido correspondido y una vez más parece que ése será el resultado. Pero animado por su cuñado, un caradura aprovechado y conquistador, le pide matrimonio. Ella le rechaza pero piensa en lo que perderá de no aceptar la proposición, una vida en la ciudad, óperas, lujos, dinero, frente a convertirse en una vieja soltera. Se casan pero muy pronto llegan los problemas cuando nada más que el interés la une a él. La desdicha de no ser correspondido o el rechazo por un hombre que la toca y al que no ama, lo inunda todo de dolor. El recuerdo de lo perdido, la vida rural o la ciudad libre les hace replantearse la decisión tomada y ver como felicidad lo que ya no puede volver. Él tuvo una mujer que le amó, idealista, con principios, orgullosa, pero fea, y antepuso la belleza a su compañía y amor.
Pero el tiempo pasa y calma la sensación de frustración de ambos y empiezan a respetarse y a compartir momentos. El amor deja de verse como algo imprescindible para la felicidad, incluso los atisbos de pasión por otros son rechazados frente al cariño de saberse juntos. Y los malos momentos que podrían ser causa de ruptura se superan juntos y acaba surgiendo el amor a partir del recuerdo de lo que llevan vivido, especialmente de todo lo malo pasado y superado. Al final dicen que lo acertado no es tomar la decisión correcta, sino decidir y vivir a partir de ahí.

La historia está contada de la forma clásica, pero sobre ella los personajes salen del escenario y pasan a debatir, a expresar cada uno lo que siente como el amor (un misterio, una reacción química, algo imposible de juzgar), la felicidad, lo perdido, el valor de las decisiones y animan la obra, aunque ésta ya sola tiene un bonito mensaje.

En conjunto, vemos una reflexión sobre nosotros y nuestras vidas, y esos momentos de felicidad que a veces pasan desapercibidos.


domingo, 30 de octubre de 2011

DONKA

No diría que Donka es una obra de teatro, sí un espectáculo circense, con mucha poesía y magia, llena de juegos y maravillosos momentos.Tampoco sería capaz de simplificar mi respuesta, y decir que me encantó o que me decepcionó.

La obra tuvo sus luces y sus sombras, sus momentos únicos donde todo lo que existía era la emoción del circo y la magia de los personajes que interpretaban pero hubo momentos de decepción, donde más que una obra sobre Chejov, paracía que asistíamos a un espectáculo donde usaban su nombre únicamente para atraer público, y no como inspiración y motivo de creación a partir de su universo de personajes.

Entre los momentos inolvidables recordaría uno con Chejov sentado a contraluz,creando sus obras, otro sería el de las tres hermanas jugando y disfrutando como nos las podríamos imaginar leyendo sus obras, ante su vida rural y sus desgracias, también la escena del hielo rompiéndose en una especie de ceremonia o fiesta en la que todo acaba y empieza, y muchas más, una niña aprendiendo a bailar, taconear en un casi baile flamenco, la pesca, el juego de cañas y cintas, el juego de acrobacias con truco,  las luces dando un único color que baña todo el escenario...

Y parecen bastante estas luces, pero es que para conseguir relacionar lo visto con las obras de Chejov hay que inventar e imaginar mucho. No es intuitivo ni sencillo saber de qué personaje nos hablan, e incluso aún sabiéndolo, a veces no se encuentra el sentido a la historia. Algunos malabaristas o acróbatas son geniales, pero no se consigue mezclar su juego con la obra o la vida de Chejov y eso deja una sensación extraña, la de un espectáculo típico que ha buscado dar un giro más comercial a la obra usando un nombre atractivo.

Y llegamos al final, en el que se hace un repaso a los personajes de Chejov, y una cama a modo de escenario les permite representar su minuto de gloria, mientras que el resto de actores se deja sobrepasar, arrasar por esa cama/escenario con su personaje, hasta que consiguen subirse a ésta tomando el nuevo papel.

Así acaba Chejov, ocupando su sitio final en ese escenario, como hicieron todos los personajes que él había creado en sus obras.