Mostrando entradas con la etiqueta Miguel del Arco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel del Arco. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de octubre de 2019

RICARDO III

Todo apuntaba a que no íbamos a ver una obra convencional y ortodoxa, una adaptación fiel a un texto de William Shakespeare. Algunas referencias hablaban de atemporalidad con guiños a situaciones actuales. El Ricardo III que hemos visto más allá del clásico permite entrever las referencias a la historia reciente, que bajo mi opinión no hace otra cosa que aumentar la validez de la representación.

Comenzamos asistiendo a las reflexiones de un dictador en el que yo creo recordar a Stalin. Explica el papel de la sociedad como una profunda incoherencia, que se sostiene como ejemplo del absurdo del ser humano. La sociedad se crea con el objetivo de un fin común mejor, pero sus integrantes solo buscan el bien individual y la mantienen simulando un falso altruismo.

Hechas las referencias al siglo XX y su similitud con el mundo real, pasamos a ver Ricardo III. 
En el reino de Ricardo las guerras han sido durante los últimos tiempos el estado natural. Todo es más fácil cuando las familias de York y Lancaster luchan defendiendo unos colores y el bando contrario es fácilmente identificable. Pero una vez llegada la paz el enemigo no es tan visible y en todos los lugares puede encontrarse.

El rey Eduardo, de la familia York, pide la paz y el trabajo en equipo para resolver los conflictos del pasado. Sin embargo acaban de salir a la luz unos papeles que implican a su hermano Jorge en negocios turbios, su inicial, J., está en las anotaciones. Para limpiar la imagen Eduardo manda encarcelarle en la torre del Palacio. Él, el rey, está enfermo y su mujer Isabel, una plebeya, teme por su futuro, ya que se ha acostumbrado a ocupar el buen cargo de reina.  



La reina Margarita es la representante viva de mayor grado de la casa de Lancaster, su bando es el perdedor, frente al de Eduardo padre, ya difunto. Margarita perdió a su marido Enrique VI y a su hijo, e Isabel también pertenecía a sus filas, la que está ahora casada con el rey Ricardo, del bando contrario. Margarita aparece para maldecir a toda la familia, premoniza que no tendrán descanso, todos caerán igual que los suyos perecieron.



Todos los personajes que vamos conociendo se mueven por su afán de poder, su lucha por conservarlo por encima de cualquier persona y cualquier situación y por la avaricia. Pero por encima de todas ellas destaca el personaje de Ricardo III, el tercer hermano del rey Eduardo. Aquel que pese a quién pese busca ostentar el poder sin mirar si los perjudicados son de su familia o no. Cuenta con un arma muy poderosa, su capacidad de convencer y envaucar aunque todo sea una pura falsedad. A pesar de ser un jorobado, un tullido, hazmerreir de todos, consigue tornar la risa que provoca en horror. 




En el lecho de muerte del hijo de la reina Margarita, Ricardo convence con artimañas a su mujer Ana para que se case con él, así consigue afianzar su Reino uniendo a parte de las tropas del enemigo. Cuando Ana deja de interesarle acaba con su vida, pero antes Ana le dirá lo desdichada que ha sido desde que se unió a él. Ella pronunciará las palabras "mañana en la batalla piensa en mí y caiga tu espada sin filo", haciendo referencia a todos los muertos que fue dejando por el camino y que siempre le acompañarán y atormentarán. Ricardo III ordena el asesinato de su hermano Jorge, que fue encerrado en la torre por aparecer en los papeles, cuando el rey iba a indultarlo. Ricardo siembra la desdicha y el horror por donde quiera que va, colabora en la muerte de su hermano el rey. Acaba con primeros ministros, caballeros y señores en cuanto dejan de serle útiles para sus fines. 

Su última demencia será solicitar a Isabel casarse con su hija, una niña, para así asegurarse el trono, tras haber acabado con su hermano mayor, que se convirtió en heredero debido al fallecimiento del rey Eduardo. 



Ricardo III parapetado de su muleta recorre el escenario haciendo de maestro de ceremonias, acompañado de un micrófono con el que dará su show, el papel que viene representando años. Ese tullido vive en una continua guerra y no quiere apearse de ella, fuera de la contienda no sabe actuar, la lucha pierde su sentido. 



Sus acciones solo consiguen que todos acaben uniéndose contra él, la batalla vuelve a empezar, pero esta vez hasta sus más fieles le acaban abandonando al ver que en Ricardo nunca tendrán a un líder sino a un ser enfermo y soberbio a partes iguales. 

Cuando todos van hacia él, enemigos y fantasmas del pasado, Ricardo proclama la más famosa frase: "Mi reino por un caballo". Sólo desea continuar la lucha. En esa batalla, la de Bosworth, caerá. 

Esta representación de Ricardo III hace referencias continuas a tantos dictadores que han sido los tristes protagonistas del siglo XX. Incluso Franco en su lecho de muerte hace un cameo, como marido de Ana y rey de la casa de Lancaster.
No hay atrezzo del siglo XVII, no hay escenario, no hay referencias a la época victoriana porque todo sigue vigente, es más vigente que nunca. 

El miedo como única forma de imponerse, la soberbia, la maldad más pura, nos llevan acompañando toda la historia y sin embargo cada cierto tiempo nos tienen que recordar cómo tergiversan nuestra verdad para hacerse con el poder y tenernos de su lado.

Obra muy interesante para reflexionar y buscar las similitudes con las noticias de nuestro día a día. 






domingo, 24 de febrero de 2019

ILUSIONES

El teatro Kamikaze suele ser una apuesta segura cuando no se tiene otro plan o cuando no se ha tenido tiempo para investigar mejor en la cartelera.
Esta vez la obra prometía mucho, con un título sugerente, "ilusiones" y un reparto tan excepcional que pocas veces aglutinaba a actores tan interesantes.
Solo una cosa chirriaba ligeramente al comprar las entradas: a pocos días del espectáculo aún quedaban asientos bien situados. A pesar de ello preferí no hacer elucubraciones y dejarme llevar por mis propios instintos.

Todo empieza bien cuando al entrar en la sala los actores nos esperan en el escenario, nada significativo para la obra pero yo en mi más profundo orgullo teatrero lo entiendo cómo un respeto al espectador y me hace sentir bien.

Daniel Grao, Marta Etura.... Nos miran al entrar y nos invitan a sentarnos y fijarnos en los detalles.
La obra da comienzo...

Una de las actrices empieza a contarnos un relato y yo asumo que nos está situando en la historia que a continuación interpretarán, como en algunas obras clásicas acortadas, que ponen al público en antecedentes para después comenzar la actuación. Sin embargo aquí nunca va a llegar ese momento.

La historia que escuchamos está en boca de cuatro actores sin nombre, meros narradores de las vidas de otros. La historia de estos otros es la que yo también voy a contar aquí.
Dani es un hombre de avanzada edad que cuando siente que va a morir avisa a su mujer, Sandra, para despedirse y explicarle lo feliz que ha sido junto a ella. Quiere que ella sepa que siempre la ha querido, que el amor que sintió por ella fue real y correspondido. Qué gracias a ella fue alguien amable y respetuoso, porque el amor es lo único que nos salva de nuestro egoísmo. Sus palabras serán un canto a la felicidad y a la plenitud al final de una vida. Le desvela que hubo dudas y deseos hacia otras personas pero siempre prevaleció el amor por su mujer y eso les hace seres superiores, por haber vencido el deseo.

Sandra enfermará un año después y antes de morir avisará a su amigo Alberto para que vaya a verla. Éste era el mejor amigo de su marido, al que conocía mucho antes que a ella.
Ella le confesará que desde que le vio por primera vez se enamoró de él, y siempre vivió su amor en silencio. Ese amor la llenó de gozo y aunque no lo consumó, para ella fue suficiente así. Le agradece que nunca le insinuase nada porque ella no se habría resistido y esto habría causado mucho dolor a sus respectivas parejas. También confiesa que aunque siempre defendió que solo era amor el se sentían dos personas mutuamente, había descubierto que estaba equivocada y es que su amor por él era más fuerte que ninguno a pesar de no haber sido nunca recíproco.

Alberto vuelve a su casa perturbado por las palabras de Sandra. Allí le espera Margarita una mujer de un fino humor, con la que siempre ha sido muy feliz. Este le explica la conversación que ha tenido con Sandra. Al poner las palabras de ella en su boca todo cobra sentido y descubre que siempre ha estado enamorado de ella y su amor por pareja únicamente ha sido una relación de cariño. 
Margarita corroída por el dolor sólo encuentra una escapatoria, confesar que ella fue amante de Dani durante muchos años.




La fuerte necesidad de explicar a Sandra su amor lleva a Alberto a correr para volver a verla antes de que ella muera. Necesita explicarle el sentimiento que él acaba de reconocer en su interior, escondido tras muchos muros pero que por fin ha comprendido. Una vez más se demuestra que ella siempre tuvo razón, que el amor real solo puede ser correspondido. Además cuenta a Sandra que el marido de ella fue amante de su mujer, Margarita, según ésta acaba de confesar. Pero más que la noticia del amor es la del engaño la que impacta a Sandra porque acaba de descubrir que la vida y las últimas palabras de su marido eran falsas.

Cuando Alberto vuelve a su casa descubre la noticia más terrible que podía imaginar: Margarita se ha ahorcado y está muerta. Entonces Dani se da cuenta de que amaba realmente a su mujer y que la idea de amar a Sandra fue solo una ilusión, como tantas otras de la vida. 






Dani vivirá unos diez años más, solo, recordando a su mujer.
Junto con la historia del final de las vidas de nuestros 4 personajes, los actores van también contando otras escenas de sus vidas pasadas. Así descubrimos que estos amores tan supuestamente idílicos no lo eran tanto, Dani siempre tuvo un deseo especial por Margarita qué confesó en un momento de desesperación a su amigo Alberto. Éste le confirmó que lo que sentía era claramente amor por su mujer aunque Dani se resistía a creerlo. Margarita también se insinuó a Dani en alguna ocasión. El profesor Alberto un día fumó un petardo con sus alumnos y pasó pero que muy bien. Un viaje a Australia les llevó a ver estrellas y meteoritos volando por el cielo como en un sueño, quizá así fuera. O una ilusión. 

En algunos momentos los actores se ríen a carcajadas, juegan y disfrutan como aquellos jóvenes que fueron los que ocupan hoy la historia. Hay bailes, actuaciones, risas y extrañas escenas a las que no sabría situar en la obra más allá de paréntesis de desconexión para bajar la tensión del texto. 

Por lo demás a la obra le faltó algo que cohexionara el todo, algo que diera cuerpo y forma a esos trozos tan profundos. 



La obra fue interesante aunque creo que se le podría sacar más partido al texto. Los actores trabajan estupendamente, ponen todo su conocimiento y su corazón en cada historia.

El escenario es mágico, trastos, muebles viejos, asientos, armarios sin puertas, las bambalinas de un teatro viejo, atribuible perfectamente a una obra de la compañía de teatro independiente de Andalucía la baja. 

Como curiosidad destacaría la forma de contar la historia. Al final de la representación no se establece una  correspondencia entre una cara y un personaje, o una vivencia, cada actor relata y desvela a cada uno de los distintos personajes sin más relación. Hablar por hablar del amor. 


viernes, 9 de mayo de 2014

LA VIOLACIÓN DE LUCRECIA

Se está volviendo muy habitual encontrar el nombre de Miguel del Arco en la cartelera de teatros de Madrid. Empezó con el proyecto Youkali y La función por hacer. Ahora son muchos los escenarios que cuentan con este director,  incluso diferentes obras suyas se representan al mismo tiempo en distintas salas.

Hace años escuchamos hablar de esta sorprendente obra. Sorprendente porque es de Shakespeare aunque nunca la había oído nombrar antes, también porque era un monólogo con Nuria Espert y sin embargo su director era un joven casi desconocido. Las entradas se acabaron de manera fulminante incluso para mí, una experimentada buscadora de butacas. Su reposición era una ocasión única, lo que también era único es el precio de la localidad, 28 eurazos. Como se nota que la crisis y la falta de subvenciones está apretando y ahogando a muchos.


La historia de Lucrecia es la historia del fin de los Tarquino en Roma y el comienzo de su república. Lucrecia es la mujer de Colatino, gran amigo de Tarquino, el sucesor al trono de Roma. Colatino no para de hablar de las bondades de su mujer, su belleza, su dulzura, sus atributos... Tarquino desea a esa mujer a la cree merecerse más que su amigo, que considera inferior. 

Muerto de envidia Tarquino se dirige a la casa de la pareja y aprovechando que éste no está, recibe todos los agasajos de su mujer. Cuando se dispone a cometer la vejación, Tarquino se plantea si debe de sucumbir a sus más infames deseos por un rato de placer, sabiendo que esta acción manchará el nombre de la familia hasta la eternidad. Pero dicho pensamiento no consigue apartarle del fin que él persigue: abusar de la mujer de su amigo. Durante la noche aprovecha la confianza que han puesto en él para entrar en el dormitorio de la mujer y abusar de ella.
Tarquino saldrá de la casa a la mañana siguiente arrepentido pero sabiendo que no puede dar marcha atrás al delito cometido.


Lucrecia se muere de vergüenza, dolor y rabia. Sabe que su honor está perdido y que la única solución que le espera es la muerte. Pero no está dispuesta a dejar que los fuertes, los que ostentan el poder se salgan con la suya. Decide escribir una carta apremiando a Colatino a que vuelva a la casa. Una vez allí y entre gritos y sollozos Lucrecia explica a Colatino lo ocurrido. Tan pronto ésta acaba, clava un puñal en su corazón y acaba con su vida. 

Colatino tomará el cuerpo de su mujer y lo llevará ante el gobierno de Roma para que todos conozcan lo que el heredero al trono le hizo a su mujer, para que todos conozcan qué tipo de rey les espera. Finalmente los Tarquino serán desterrados para siempre de la ciudad.


La historia nos cuenta unos acontecimientos supuestamente reales que recogen un hecho que se repite a lo largo de la historia del hombre: los poderosos abusan de los débiles, ya que se creen por encima de la ley. Pero en este caso la historia acaba mal para los que intentan aprovecharse de su posición.

Nuria Espert es una gran actriz y llena cualquier papel que representa. Su capacidad de llevarnos hasta el encuentro con sus personajes es deslumbrante. Pero quizá en esta obra habría quedado mejor algo más de furia, de energía y pasión. Pero está claro que Lucrecia no es Helena de Troya.

Nuria Espert a veces se acelera o habla en susurros que hacen más difícil comprender bien cada párrafo. Aunque la obra no está en verso, el texto era a veces complicado de seguir, más aún con esas pequeñas dificultades.


El escenario, sencillo, suficiente para la historia que ibamos a conocer. Una cama con dosel era el centro de la interpretación, también el centro del pecado y del desenlace.

Para finalizar, un gran aplauso recibió a Nuria Espert. Tan grande que toda la grada se levantó para festejar este éxito. Da pena ver como muchas veces los agasajos no se dan a la actuación y sí al personaje. Hay muchas grandes obras de teatro que cada día reciben menos público por falta de propaganda o por no tener en su cartelera actores famosos. Debería de estar mejor repartido.


viernes, 31 de mayo de 2013

LA FUNCIÓN POR HACER

Hoy me espera una difícil tarea. La obra vista es de ésas que captan toda tu atención y te entusiasman pero no sabes por dónde empezar a contarlas, de ésas que te dejan sin palabras a la salida del teatro.

Seis personajes en busca de autor fue escrita por Pirandello en 1921 y casi cien años después Miguel del Arco la adaptó creando La función por hacer. Con esta representación su director saltó a la fama. Tanto es así que ha sido repuesta en la sala pequeña del Abadía.


Dos personajes llenan el escenario con sus besos y juegos, desprenden pasión, atracción. Él es un artista y ella su musa. En un momento de calma el chico muestra a su pareja el retrato que ha pintado de ella. Su cara de asombro y horror es difícil de ocultar cuando se ve "troceada" en un lienzo. Él intenta averiguar su opinión, ella intenta que no se note su decepción pero tras las preguntas de él acaba desesperada gritando lo horrible que le parece la pintura. 



Ambos se sumergen en una imposible discusión sobre el sentido del arte, intentan aclarar qué es mejor, la figuración o la expresión del interior. La conversación va subiendo de tono pero algo viene a interrumpirla. Cuatro personajes piden que se les preste atención desde una esquina de la sala. Vienen a cuestionar el sentido de lo que allí se está representando frente a la historia que ellos quieren contar. Los actores intentan echarles y continuar con su función pero no lo consiguen. Los recién llegados confiesan ser personajes, creados para formar parte de una historia, definidos para ser interpretados por actores, pero nunca pudieron llevar a cabo su cometido. Su autor nunca les usó para ninguna de sus obras y ahora buscan su lugar y vienen a ocupar ese escenario lleno de público. Los personajes quieren una oportunidad de ser escuchados, de salir de su encierro.

Los actores defienden su posición, defienden que los espectadores vinieron a verles actuar a ellos y nada les usurpará su lugar.

La ambición del actor por escribir una buena historia acaba haciendo que éste ceda y quiera escuchar lo que vienen a contarle. Mientras, su compañera ironiza sobre qué es aquello tan importante que debe de ser contado allí.
Los personajes empiezan a mostrarse al público. El portavoz del grupo es un hombre serio con gran capacidad de transmitir sus sentimientos y convencer a cualquiera. Su mujer es una señora triste y apagada que lleva a un retoño entre sus brazos. Un joven musculoso es hermano del portavoz, se siente violento ante la situación,  le cuesta expresar sus sentimientos y se mofa con risa amarga de todos sus compañeros. La joven, la mujer de éste último, es una chica en apariencia alegre y despreocupada.
La historia que nos cuentan es sobrecogedora, a pesar de las risas que consiguen arrancarnos. El matrimonio mayor perdió a su hijo y la madre no ha conseguido superar ese trauma. El esposo invitó a su hermano y su mujer a pasar una temporada en la casa de ellos con el fin de buscar alguna distracción a su alrededor. Sin embargo, acabó liándose con su cuñada, mientras su mujer vagaba como alma en pena. La relación extraconyugal  ha llegado a tal punto que los amantes han tenido un hijo juntos. 


Ése es el pequeño que la esposa pasea entre sus brazos durante toda la obra. El marido arrepentido pretende cortar con la joven y a cambio le ofrece dinero. En este momento entra la esposa en la habitación y descubre que entre su esposo y la joven hay más que amistad. Un grito de dolor sale de su pecho. El cuarto personaje recorre los rincones de la sala acusando a todos por lo ocurrido.

 Para contar esta historia los personajes relatarán el día fatídico en que todo se desveló, interpretarán sus papeles, o más aún, los vivirán, ya que se trata de ellos mismos. Cada uno siente lo ocurrido de muy distinta manera, mientras que la joven es feliz por volver a vivir su historia de amor con su amante, él se siente sucio y engañado por la joven engatusadora. La esposa se confiesa incapaz de volver a pasar por ese dolor agudo que le partió el alma.

Mientras tanto, los actores empiezan a disfrutar con la historia y pretenden interpretar la vida de los personajes. Pero estos cuatro no entienden cómo se puede pretender actuar, crear una ilusión frente a su realidad.
La conversación enfrenta a los dos equipos, unos consideran que el teatro es la palabra, otros que la realidad no necesita de ellas.



A la vez que los personajes cuentan su historia se enfrentan a su realidad, reflexionan sobre sus vidas. La velocidad del diálogo hace que sea complicado seguir tantas ideas que lanzan. Entre otras, nos hablan de los actos de los que nos arrepentimos, de la careta de dignidad con la que nos disfrazamos para aparentar lo que no somos, del ser despreciable que nos ocupa por dentro y del que muchas veces nos avergonzamos. También nos preguntan quiénes somos, si nos reconocemos en nosotros mismos hace diez años, o si somos los mismos cuando nos relacionamos con diferentes personas.
Estos personajes viven encerrados en una única historia, una vida que repiten y que es su única realidad.

Volviendo a la historia, tras el grito de dolor de la esposa, el marido de la joven y hermano del otro hombre, acude y encuentra al bebé. Lo coge en sus brazos y sale de allí, lo acuna para que se calme pero no consigue parar su lloro. La mujer que perdió al pequeño intenta quitárselo pero él es un ser enajenado, incapaz de razonar, encerrado en el dolor que le provocaron su mujer y su hermano. No sabe tratar a las personas, sólo conoce la violencia como forma de expresión. Así que para callar al pequeño, acaba con su vida y a continuación lo abraza en silencio. 



Todos llegan a la habitación, intentan evitar lo que ya ha ocurrido, pero el joven saca una pistola y apunta a todos, finalmente se pega un tiro.

Los actores están desesperados por todo lo ocurrido en el escenario, piden calma al público. Las luces caen y cuando el escenario se ilumina los actores están solos en escena. No quedan restos de los personajes, sólo la mancha de sangre. Y sin más, la pareja comienza a pensar cómo sacar partido a la estupenda historia que han contemplado.

El escenario está vacío, sólo un banco hará las veces de cama o asiento, para las interpretaciones de personajes y actores. Realmente el escenario está ocupado por todo el público, los actores atraviesan los pasillos, se meten entre la gente, como parte de la escena que somos. 

¿Y qué nos quieren decir Luigi Pirandello y Miguel del Arco con esta historia? Pues diría que nos plantean qué es el teatro, una ilusión o una realidad. Nos pregunta qué vamos buscando, realidad o ficción, o si pretendemos encontrar una solución a nuestras vidas o al contrario, olvidar quienes somos y sentirnos ocupados con una historia ajena a nosotros.

La obra resulta compleja porque juega con nosotros, nos pregunta e incita a contestar. Sin ninguna duda este trabajo no podría haber sido llevado a cabo si el equipo de actores no hubiera entendido plenamente lo que interpretaba. Sin ello no nos habrían sabido transmitir el mensaje de una forma tan embaucadora. 

jueves, 18 de abril de 2013

JUICIO A UNA ZORRA

Fue el gran éxito de la temporada pasada, muchos premios Max y todo vendido desde semanas antes. Y yo, la gran teatrera, me lo perdí. Y a pesar de estar avisada sólo conseguí una entrada en la última fila in extremis.

La crisis provocada en la cultura ha hecho que las obras más destacadas de los años pasados vuelvan a estar en cartel, y así mejorar ligeramente la recaudación de esta mala época. La consecuencia de esta acción es que nuevos autores, jovenes directores y muchos actores no encuentren salas de teatro que se arriesguen a estrenar nuevas obras.

Llegamos al teatro con tiempo suficiente para charlar un poco, y, ¡oh, sorpresa!, la plana mayor de las artes escénicas está rodeándonos. Entre otros está el director de la obra, Miguel del Arco, el director del teatro Abadía, José Luis Gómez, actores como Eduardo Noriega, el argentino simpático compañero de Ricardo Darín, llamado Eduardo Blanco y muchos otros a los que ni conseguíamos dar nombre.

Entramos y el escenario sorprende y capta nuestra atención. Una enorme mesa moderna es el único mobiliario. Sobre ella y también debajo montones de botellas de vino y alguna que otra copa. Alguien va a salir mal de aquí.


Las luces se apagan, el escenario vacío se llena completamente con la presencia de Carmen Machi, nuestra Helena de Troya.
Los años no han perdonado a Helena, la que ostentó la mayor belleza jamás conocida ha sido castigada por el desafío a los dioses y ya nada en su cuerpo recuerda la mujer que fue. Su padre Zeus la condenó por ese provocación.
Helena se presenta ante su público y a la vez se somete a un juicio ante su jurado. Viene a contarnos quién es, a justificar su presencia aquí, y su vida en tiempos pasados. Quiere que sepamos la historia de su boca, y así tener una oportunidad para salvarse de la condena a la que ha sido sometida durante siglos. Porque Helena es la puta, la zorra y la casquivana, según la versión que de ella contaron.

Su padre Zeus se encaprichó de Leda y convertido en cisne vino hasta ella y la cubrió con su esperma, dando como resultado dos huevos, de los que nacieron Polux y Cástor, y Helena. La vida de la joven no fue nada fácil. Raptada por Teseo con nueve años se quedó embarazada de la pequeña Ifigenia. Sus hermanos gemelos la rescataron y la hija que tuvo fue entregada a su hermana mayor, Clitemnestra, mujer de Agamenón. Éste acabó con la vida de la pequeña.
Con catorce años Helena es ofrecida en matrimonio al mejor postor que resultó ser Menelao, hermano de Agamenón. Éste también la trató como un objeto para cumplir sus deseos. En su vida Helena no había hecho más que aceptar las imposiciones de todos sobre ella y sufrir. Con Menelao tiene una hija, Hermíone.


Tras diez años de un matrimonio lleno de desprecios y humillaciones Helena descubre por primera vez el amor. Paris se presenta ante ella como su salvador y Helena lo deja todo por él.

Pero Paris también tiene un pasado. Nació con la vaticinio de que acabaría con el reino de Troya, así que fue condenado a muerte nada más nacer. Pero una de estas sensibles matronas, de las que tantas hay en la mitología, sintió lástima y le salvó la vida, sería criado por una familia de pastores. Pasados los años Paris descubrió su procedencia y volvió al castillo real donde fue admitido por sus padres con cierto recelo. Ahora, a su vuelta de Esparta se presenta con Helena, la cuñada de Agamenón, rey de Micenas. Nadie en Troya la quiere, es una extraña, una enemiga. Sólo París le entrega todo su amor.
La ofensa del rapto de Helena tiene su pronta respuesta. Los reinos de Micenas y Troya eran enemigos declarados, Helena facilita que estalle la guerra que tanto deseaban. Pero ella no quería que hubiera muertes, batallas, bandos perdedores ni vencedores, sólo quería ser feliz.
¿Quién es el culpable de esa guerra, los reyes que mandan a sus tropas a la muerte para alimentar su orgullo o la pobre mujer que luchó por una oportunidad de ser feliz?
Zeus, con su gran poder, tampoco hizo nada por evitarlo. Más bien al contrario, él era un espectador que se divertía con las peleas de los hombres. Sin embargo para la historia ella es la gran culpable.

La guerra dura diez años y acaba con el asedio a la ciudad de Troya. Ya han muerto muchos de los hermanos de Paris, Troilo, el joven héroe, Héctor, el heredero de la corona que tanto respetó a Helena. Cuando llega el turno de Paris éste huye del campo de batalla, abandonándolo todo, entre ellos a su amada que ya no lo era tanto. Cuando finalmente Paris es herido mortalmente Helena no siente dolor, ya es tarde también para su amor. Paris muere y mientras que es quemado en una pira su antigua amante, la ninfa Enone, se lanza a las brasas para morir con él. Helena se pregunta porqué no hizo lo mismo, pero es que el amor que la movió a abandonarlo todo, hasta a su hija, se había extinguido.


Cuando Helena está a punto de morir por el hierro de Menelao, éste decide salvarla y mostrarla como trofeo. Ella es una vez más un objeto con el que todos juegan y tratan a su antojo. Voces gritan que sea muerta como única expiación de sus penas. Pero su culpa comparada con las de los hombres, los dioses o quién quiera  que comparen, son nimias, porque ella sólo luchó por el sentimiento más puro que es el amor. Otros pretendieron la gloria, el honor, el orgullo o la diversión, sólo ella quiso su bien sin desear el mal a nadie más.

Ahora es el público el que tiene que juzgar a la zorra de Helena y salvarla y concederle el olvido o condenarla para siempre.

Y en ese momento final Carmen-Helena se sube a la mesa y vacía las botellas de vino, y su sangre se derrama por el escenario.

Impresionante texto, impresionante dirección, impresionante la Machi! Todo el público en pie,olé, olé y olé!
Esta foto va por ella, que se lo merece:


Helena no para de beber en toda la obra. Se pasea, coge una copa, la rellena, la bebe de un trago. No es sólo vino, el mejunje lleva una poción que le ayuda a soportar sin llorar un día completo, y así poder contarnos la historia. Y es que hasta la ves que se va emborrachando. Hasta eso lo representa bien.

Helena habla con el público pero también con Zeus, que como Dios que es, siempre está presente. Se encara con él, le pide explicaciones, le acusa de jugar con la gente, castigarles, no tener piedad. Y le dice que hará que la gente sepa cómo es él, para que dejen de seguirle y nombrarle porque cuando un Dios no se  recuerda desaparece.

Habría muchas Helena de Troya ahora, pero más aún Agamenón, Priamo, y unos cuántos Zeus.

 

jueves, 14 de marzo de 2013

DESEO

Cumplí mi palabra, tras algunos dramones destructivos (realmente fueron muchos) supe que me merecía algo más animado y me prometí que la siguiente obra sería una comedia. Dicho y hecho, aunque debo decir que jamás pensé que lo cumpliría.

Los reportajes de las revistas de teatro presentan una imagen de "Deseo" algo morbosa, atrae nuestro lado oscuro y voyeur que a todos nos gustaría probar alguna vez. El reparo nos aleja de este ambiente, pero si nos ponen al alcance una historia como ésta y más en un teatro, nos sentimos casi invitados a la experiencia.

En principio la obra  llamó mi atención, pero no lo suficiente como para invertir una tarde de teatro en ella. A pesar de todo algo me hizo no olvidarla, su director. Miguel del Arco siempre me ha sorprendido y encantado. Además sus obras llevan un gran mensaje bajo el argumento.

Así que allá me fui más sola que la una a ver una obra llamada Deseo. Ésta es su historia.

Dos mujeres charlan en el gimnasio sobre sus vidas. Paula es atrevida y explosiva, le gusta hacer realidad sus sueños eróticos y disfruta contándoselos a Ana. Ana es una mujer feliz, lleva casada 15 años con Manu y las historias de Paula le provocan cierta excitación, una especie de vía para experimentar nuevas sensaciones.
Paula tiene un amante con el que juega al límite, pero la relación no avanza más porque él está casado. Sin embargo ella se siente segura de que cualquier hombre caería rendido ante sus provocaciones. Ana no acepta esa forma de pensar y pone como ejemplo su relación que es asentada y segura, basada en la confianza.
La confrontación entre ambas mujeres las lleva a enfrentarse en un reto: Paula es invitada a pasar el fin de semana en una casa de campo con la pareja. Una cuarta persona compartirá estos días con ellos, Teo. Teo está en tramites de separación de su mujer ya que cometió una infidelidad con la chica del servicio y fue cazado en plena faena por su mujer. Ahora vive un infierno, ha tenido que dejar su casa, no puede ver a sus hijos y siente que su mujer solo pretende hacer de su vida un infierno. Obcecado en odiar a su mujer no ve más allá.
La historia de Teo divide al matrimonio, Ana ve imperdonable la falta cometida, mientras que Manu piensa que la infidelidad no existe si no es conocida.

La llegada de los invitados a la casa de campo parece ser bien recibida por todos. Paula se mueve como pez en el agua siendo el centro de atención de Teo, aunque su verdadero objetivo era Manu, el marido de su amiga, el cual se muestra algo tenso y rechaza todo acercamiento de la amiga lanzada. Ana disfruta pensando que entre sus amigos solteros puede surgir algo mientras que Teo se reparte entre el odio a su ex y el deseo por la nueva.

Cuando Paula y Manu se quedan solos comienza una fuerte discursión. Manu enfurecido pregunta a Paula cómo puede haberse presentado allí. Ella dice que viene buscando un juego más divertido que el ya conocido. No le basta con ver a su amante una vez por semana o que sus sueños eroticos se conviertan en realidad. Quiere llegar más lejos y estar al límite para disfrutar más. Desesperado por la situación, Manu aprovecha la primera oportunidad para retirarse a su habitación. En cuanto Teo y Paula se quedan solos ella expone claramente que quiere follar, sin más preámbulo. Teo está aturdido, nunca se vio en una situación igual.

La noche transcurre como era de esperar. Paula y Teo no paran de gemir y demostar su pasión mientras que Manu pasa la noche atormentado escuchándoles, junto a su esposa.

Pero el plan de Paula no acababa aquí, sólo ha hecho más que comenzar. Su juego va a ser mucho más perverso, quiere ver como todos se debaten entre el deseo y los conceptos puritanos y como pierden para siempre la confianza en la que han basado su existencia. Espera verles a todos jugar el mismo juego que ella lleva tiempo viviendo, sentir como todos pierden las asentadas vidas que a ella siempre le ha sido negada. Tras su promiscuidad y excitación ella esconde sus ganas de una pareja y una vida feliz junto a la persona que quiere.

El siguiente paso de su plan es hacer surgir la atracción entre la esposa y el amigo de la pareja. Inventa historias, las cuenta acompañadas de un tono confidente, lágrimas y todas las argucias que sean precisas. Aunque les resulte poco creíble, la duda surge entre los dos, ya que el sentimiento de ser deseados gusta a ambos.
Mientras tanto los amigos, Teo y Manu, comentan sobre la atractiva chica. Teo presume de lo bien que le está yendo con ella y se mofa de su amigo diciendole que nunca estuvo con una mujer como ésa. Manu no puede callarse más y confiesa con gran orgullo el motivo de que Paula esté allí y con ello, la relación que mantienen. Teo se siente hundido y rabioso y reacciona atacando a su amigo, amenazandole con quitarle a su mujer. A continuación comienzan una pelea solo interrumpida por la cena y la llegada de las mujeres.

El ambiente de la cena del segundo día es bien distinto al del primero. Todos saben los motivos que les han reunido allí excepto Ana que se mantiene al margen de los hechos. Durante la cena Teo tontea con Ana para molestar a su marido, mientras que Manu hace lo mismo con Paula. Ésta ha conseguido transmitir a todos dudas y excitación, aunque estos sentimientos probablemente estaban latentes en todos y sólo han necesitado una pequeña chispa para saltar.
La noche trae muchas sorpresas y tensiones. Ana, siguiendo las indicaciones de Paula, sorprende a Manu con juegos nocturnos que no le gustan nada. Él no espera probar con su mujer lo que practica con su amante y reacciona muy bruscamente con ella. Ana se siente avergonzada y humillada, sale del cuarto y en el salón encuentra a Teo. Éste después de descubrir la verdad se siente utilizado y no quiere acostarse más con Paula. Al amparo de la noche y recordando la atracción que han sentido ese día, se consuelan juntos del desprecio vivido. Pero unos ruidos les separan rápidamente. Teo movido por una mezcla entre pena y venganza esconde a Ana para que pueda descubrir toda la verdad.

Manu y Paula vienen a escondidas, vigilan que nadie aparezca, aprovechan la soledad para retozar y confesarse la fuerte atracción que sienten al verse y no poder tocarse. Manu en su desenfreno hace daño a Paula, lo que le molesta especialmente. Ella sufre con la actitud egoista de Manu en la que sólo sabe sentir el daño cometido una vez hecho.

Ana debe de enfrentarse a la realidad más dura e inimaginable de su vida. Se siente engañada, defraudada por la persona en la que siempre creyó. El mundo se derrumba ante ella. Su vida se rompe con su pareja. Mientras que ella siente el fin de todo, Paula y Teo han decidido reconciliarse y disfrutan juntos. Algunas insinuaciones de Paula muestran que el primer deseo de un fin de semana sin compromiso ha tornado en un intento de luchar por una relación. Teo se siente feliz, viviendo un sueño, y promete una nueva vida para ambos.


Tras la resaca de la noche, las primeras emociones han pasado. Ana no es la inocente mujer que imaginaba el amor como un sentimiento puro e incorruptible. Para mostrar su fuerza ha llamado a la ex de Teo pidiéndole que le dé una nueva oportunidad. Teo recibe el mensaje y se siente feliz por esta segunda oportunidad. Sólo unas horas antes había prometido esta oportunidad a Paula que ahora sufre un daño similar al que ella provocó. Es víctima de su propio juego pero no está acostumbrada a perder así que les amenaza con contar su pequeño lío de la noche anterior a Manu. Los implicados no están dispuestos a poner en peligro nuevamente sus vidas, menos por alguien que intentó acabar con sus esperanzas. Solo hay una forma de callarla para siempre: matarla y enterrarla en el jardín.

Manu vuelve unas horas después salió a pasar y pensar, ha decidido seguir junto a su mujer, el ser al que más quiere. Pero descubre algo extraño en la casa: sus amigos no están y Paula se dejó la maleta. Al preguntar insistentemente a Ana por lo ocurrido descubre la única respuesta que tanto estaba temiendo. Paula yace bajo el jardín como pago al daño cometido, este es el precio del juego peligroso que todos han querido probar.

La obra nos habla de la frontera entre el juego y la realidad, cuánto estamos dispuestos a exponernos y a qué precio por llegar al límite y volver de él. Y nos habla de esa seguridad que creemos imperturbable y cómo podemos perderla y no volver a recuperarla nunca más; porque una vez que se pierde no se volverá a recuperar.

La representación está contada entre risas, en un lenguaje cercano de forma que nos parece estar disfrutando de la charla con unos amigos. Los dialogos son muy naturales todos los personajes hablan, gritan  y se ríen a la vez, no guarda los tiempos normales de las obras. Esto hace que el diálogo esté especialmente conseguido.

El argumento empieza de forma muy cómica que poco a poco nos mete en una trama compleja. Nos sentimos molestos como testigo de lo que está ocurriendo, también complices y a veces condescendientes con ciertas reacciones. ¿Dónde está el límite?


domingo, 10 de junio de 2012

EL INSPECTOR

Podría decir que la obra que he visto hoy es en conjunto una de las mejores del último año. Cuenta una historia interesante y reivindicativa en un contexto de comedia/musical muy divertida. El tema es el mismo de las últimas entregas, aunque no por eso se hace pesado y puede que, a base de tanto repetirlo, nos acabe calando hondo. Aquí nos hablan de la avaricia de los poderosos, de los delitos cometidos por los que ostentan el poder aprovechándose de su posición. 

En un pequeño pueblo el alcalde y sus secuaces dirigen el ayuntamiento, pero a su vez sacan todos los beneficios posibles aprovechándose de sus conciudadanos. Los personajes son caricaturescos pero en ellos descubrimos a personas reales que en poco se diferencian de éstos inventados. Todos los delitos, apropiaciones indebidas, cohecho, sobornos se muestran aquí, como copia de nuestro mundo. Y eso que la obra fue escrita por el ruso Gogol en el s. XIX, parece que no hemos cambiado nada.

La vida transcurre cómodamente para estos aprovechados de la sociedad, viven entre inauguraciones y fiestas, y todos los actos a costa del erario público. Los problemas empiezan cuando se enteran de que un inspector aparecerá de incognito en el pueblo a revisar si las subvenciones se han destinado adecuadamente a los proyectos previstos: sanidad, educación, obras públicas. Con el miedo en el cuerpo, alcalde y concejales intentan esconder en un día lo que no hicieron en 10 años. Para colmo, atan cabos y deducen que el extraño inquilino que lleva dos semanas en la pensión del pueblo tiene que ser el funcionario mandado desde la capital. Y qué mejor para salir airoso del entuerto que ir a presentarle los respetos y tantear las posibilidades de un soborno. El joven es un don nadie, un vividor que pasa mucha hambre y tiene mucha cara. Subsiste con el dinero que le pasa su padre, que tan pronto como recibe, se gasta en juergas. Pero ve el cielo abierto cuando descubre la confusión: está siendo tomado por un alto cargo de la administración. Así que intuyendo los beneficios, decide aceptar su nuevo rol y demandar sobornos en metálico a todos los concejales, alcalde, y hasta al pueblo llano, que también pasa por allí a contarle la explotación a la que son sometidos. No sólo recibe dinero, también otros favores, como ser acogido en la casa del alcalde y el derecho a roce con la mujer de éste, que rápidamente se le insinúa. Todos valoran su educación y conocimientos, reconocen en él el porte de la capital, todos son elogios para este aprovechado. En el colmo de su engaño y jeta, pide la mano de la hija del alcalde, lo que toman todos por el mayor regalo que le hayan podido hacer a éste.
La nueva situación, estar emparentado con un alto funcionario que se codea incluso con el rey, hace a todos soñar con las ventajas que podrán obtener de la nueva situación. El alcalde llegará como mínimo a ministro, si no a presidente, sus concejales ocuparán altos cargos en la capital, ya que tienen mucha información comprometedora que les asegura un buen puesto a cambio de su silencio. La ambiciosa mujer del alcalde se lucirá como primera dama ante su país. 

Todo va sobre ruedas para el supuesto funcionario, y como colofón anuncia que tiene que partir unos días pero pronto volverá para cerrar la fecha de la boda. Así consigue huir con todo el dinero recogido, los bolsillos llenos de billetes a cambio de nada. Ha disfrutado tanto con la farsa que antes de marchar escribe una carta a un amigo describiéndole las personalidades de cada uno de los paletos concejales, alcalde y su señora y confesando lo que se ha reído de ellos. El departamento de comunicaciones, que se dedica únicamente al cotilleo, la intercepta y lee, pensando encontrar ahí un buen informe de su pueblo. A cambio lo que descubre es el timo que ha sufrido. No sólo se sienten heridos por el robo, también porque un ser simple como ése ha descrito a la perfección las mezquindades de todos y cada uno.

Ninguno se salva de quema en la hoguera, todos los personajes se mueven por su propio interés intentando obtener el mayor beneficio personal, engañando a todo el que se les ponga delante. Dice Gogol que lo único ingenuo aquí es la risa, y es verdad que ésta sale espontanea, aunque también es una risa amarga porque acabamos divirtiéndonos y arrancando una carcajada de nosotros mismos, de lo caricaturesco que podemos llegar a ser. El problema es que nos cuesta verlo en nosotros y parece que contado desde fuera nos resulta más sencillo de entender. La obra recuerda a las del italiano Eduardo de Filippo, y su Arte de la Comedia. También recuerda a las noticias del telediario.

La obra es del s. XIX, pero como tema universal, en su adaptación  evita toda mención  a esa época, tampoco se ambienta en la Rusia original. Sí se incluyen algunas pequeñas referencias a nuestro país y al momento actual, que no me suelen gustar pero aquí quedaban estupendamente, como son la construcción de un futuro casino y el regalo de los trajes.

La obra es estupenda, como decía, lo tiene todo. Va a ser verdad que Miguel del Arco es un director genial, todo lo que toca lo convierte en grandes representaciones.

sábado, 5 de mayo de 2012

DE RATONES Y HOMBRES


Ir al teatro es un acto de fe en las personas que te han llevado hasta allí, director, actores, autor, pero también es un auténtico goce, una sensación muy especial. El momento en que las luces se apagan y lo único que existe es la representación, y toda la concentración se fija en aquello que los actores nos cuentan, esa magia es imposible de expresar.


De ratones y hombres sigue la línea que a Mario Gas tanto le ha gustado contar durante el 2011, una América de dos caras, la real de opresión, pobreza y sometimiento, y la del sueño americano, en la que todo es posible, se es capaz de conquistar el mundo. John Steinbeck contó esta historia en un libro y más tarde en una película, como ya harían otros autores similares como Arthur Miller o Tennessee Williams.


Dos amigos, George y Lennie, buscan su futuro juntos. Ambos esperan vivir una vida mejor y mientras trabajan de lo que les sale y ahorran lo que pueden. George es inteligente, despierto, sabe cuidar de sí mismo pero no puede prescindir de su gran amigo, su compañía, Lennie. Éste es fuerte como un toro, apto para trabajos de carga pero con un cierto retraso intelectual. Lennie necesita de George y a su vez tiene una confianza ciega en él.


Ambos se hacen compañía y se cuidan, aunque esto choque con el individualismo provinciano y egoísta de todos. Lo normal en esa sociedad es luchar para sobrevivir aunque sea a costa de los demás. George es consciente de que junto a Lennie se mete en líos y pierde oportunidades, pero nada es comparable a tener a su lado a alguien que le necesite y cuide y entienda como él.


Así ambos amigos llegan a trabajar a unas tierras donde la adaptación no será nada fácil. El hijo del patrón intenta demostrar su posición dominante con sus empleados, mientras que su mujer alterna con ellos. Todo se mantiene en un equilibrio inestable que no gusta nada a los dos amigos, pero necesitan el trabajo y el dinero. Frente a esto, también conocerán a buenos compañeros que a pesar de gastarles bromas sobre su dudosa relación, acabarán congeniando y apoyándose. Los personajes solitarios en público se ríen de ellos pero en privado envidian el tener a alguien con quién hablar, a quién querer y cuidar. 


Pero a pesar de su intento de huir de problemas, todo les persigue. Y esas personas que perdieron la costumbre de la amistad traerán la desgracia hasta los braceros. Y así la mujer necesitada de hablar y de sentirse querida, llegará hasta Lennie, que no es capaz de hacer daño a nadie, pero tampoco de medir sus fuerzas. Y éste, atraído por los juegos de la mujer, querrá también jugar pero en cambio acabará con su vida.
Triste final para la pobre chica, pero también para el pobre grandullón que sólo quiso soñar los sueños de su amigo. George se encontrará en la situación más dura de su vida, elegir entre escapar con él y vivir como proscritos o decidir continuar sólo. En este caso sabe que su amigo no podría soportarlo, no sobreviviría. Así que no encuentra más solución que ser él mismo el que acabe con la vida de su amigo, evitarle el sufrimiento de que sean otros de una forma mucho más cruel, los que le maten. Una muy dura decisión ha debido tomar para continuar.


La obra habla de la sociedad destructiva, opresora, sin oportunidades, sin valores y de la soledad. También del racismo, porque si trabajar cargando sacos era duro, mucho peor era el trabajo del negro, olvidado y despreciado por todos, al que únicamente Lennie tenderá la mano, como muestra de su bondad.


Los actores, inmejorables. Fernando Cayo y Roberto Álamo llenan todo el escenario con su texto y su actuación. La representación es bastante clásica, pero es que  la obra no necesita artificios para llegar al público. El texto es duro y mantiene la atención en todo momento. Y el tema es tan actual que es difícil asistir a una obra más adecuada que ésta, como despedida de Mario Gas.