Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Maria Guerrero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Maria Guerrero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de octubre de 2020

EL CHICO DE LA ÚLTIMA FILA

Elegí la obra basándome en un único criterio: salía Alberto San Juan. Su voz, su cadencia, me hacen disfrutan infinitamente algunos de sus personajes y hoy quería probar suerte. 

Nos mandaron al techo del teatro, eso sí que era tocar el cielo! Últimas entradas a la venta cuando se cumplía una semana de su  estreno, no está mal tratándose de tiempos de pandemia.


La historia es original y tiene lecturas desde diferentes prismas, llena de detalles que la van complementando, pero que a veces resulta demasiado apabullante. 

La obra nos cuenta la extraña relación que se establece entre Germán, un profesor de lengua y literatura de bachillerato, y su alumno Claudio, que siempre ocupa la última fila del aula. En una redacción que el profesor solicita a la clase descubre que entre mucha mediocridad destaca el relato de este alumno. Esta diferenciación no solo se basa en la ortografía, puntuación o uso del lenguaje, también en la historia que éste cuenta. Claudio observa desde la última fila todo y a todos, los escruta...En su ejercicio narra como se las arregló para ir a la casa de un compañero de clase con el pretexto de explicarle matemáticas. Realmente llevaba meses queriendo entrar en esa vivienda. Una vez allí paseó por la casa y conoció a la madre del compañero, Ester, por la que sintió una cierta atracción. La redacción finaliza con un sugerente "continuará...". 


Germán  comparte el escrito con su mujer que ve un comportamiento reprochable en el alumno. Aunque el profesor no está de acuerdo, sigue sus consejos y recrimina a Claudio que responde desafiante a su profesor, comenzando un peligroso juego de consecuencias impredecibles. 

Cada nuevo ejercicio servirá a Claudio para contar un capítulo de esta extraña trama que se mueve entre la verdad y la imaginación y que cada vez le acerca más a la familia de Rafa. Pasará tardes de estudio, pachangas de baloncesto en el parque, cenas, noches.... y todo esto lo utilizará para compartir tiempo con Ester. Ella es una mujer materialista, acostumbrada a un marido simplón, sin grandes aspiraciones metafísicas y ella siempre se ha dejado llevar. Al descubrir a ese adolescente que le revuelve y muestra otro camino, ella se plantea abandonarlo todo. 



Para Claudio todo esto sigue siendo un juego, un ejercicio con el que desafiar a su profesor. Y Germán encuentra en su alumno una capacidad única para escribir, que él siempre quiso y nunca tuvo. Intenta exprimirle y sacar de él el mayor partido, enfrentándole cada vez a retos mayores, sin importarle la parte moral de lo que están haciendo. Con cada nuevo texto le provoca para que desarrolle los personajes, use puntos de vista, utilice el subtexto, lea a los clásicos, aprenda y plasme lo adquirido. 

El afán de Germán llega tan lejos que, quizá intentando intervenir en la historia, ridiculiza a Rafa (el compañero de estudios de Claudio) en mitad de la clase. Solo pone cordura su mujer Juana, que le pide constantemente que pare esa insana situación. 

Cuando llega el momento final de los escritos de Claudio, su profesor le pide que dé un golpe de efecto que impacte. Aprovechando que  Germán está dando clase, Claudio se presenta en la galería de arte de Juana, su mujer. Ésta rápidamente le identifica y entre ellos comienza una conversación que acabará en la casa de ella, dormida en el sofá. Él aprovechará para redactar un capítulo contando su encuentro y acabando con un nuevo "continuará...". Cuando Germán llega a casa y descubre lo ocurrido, enfurece y va a por su alumno. Desesperado le grita que no se acerque nunca más a su mujer. Éste desvela que desde el principio su plan fue conocer a ese profesor y a la mujer que era capaz de aguantarle, meterse en sus vidas, descubrir todos los secretos. Germán da un puñetazo a Claudio, y este firma aquí el fin de su historia. 


Junto a la trama general, surgen muchos temas, el dilema entre la moralidad y el morbo, el diferente punto de vista que adoptamos cuando somos víctimas o meros espectadores, la frontera entre realidad y ficción...

Por otro lado, la relación entre Germán y Juana muestra dos personalidades con puntos de vista que chocan. Él, profesor de literatura y escritor fallido, ella galerista malograda, ambos ningunean las profesiones del otro, proyectando su fracaso en la persona que más les quiere. Ella defiende el arte contemporáneo, él pretende que cierre la galería y monte una tienda. Nuevamente una relación insana como el resto que van reproduciendo. 

Como decía, el texto trata tantos temas que a veces es complicado centrarse y profundizar en la parte deshumanizada de cada personaje, cada relación. 


Por último, la representación, aunque es teatro puro, se complementa con unos momentos de danza, forma de expresión que Claudio adopta para hacernos llegar lo que siente cuando visita a su amigo y se perturba ante la presencia de Ester, con sud movimientos también muestra el papel que él juega dentro de la familia de Rafa, introduciéndose en cada rincón de sus vidas.

Obra interesante, para analizar con más detenimiento, como muchas de las creaciones de Mayorga. 



miércoles, 4 de marzo de 2020

NAUFRAGIO DE ALVAR NÚÑEZ

Un extraño día sin niños acaba en una tarde de teatro. No había mucho donde elegir a unas horas del comienzo de las representaciones, optaba entre dos: Antropóceno y la que finalmente elegí, la más clásica de ambas. Muy difícilmente sabré si acerté o no.

Naufragio de Alvar Núñez en una obra escrita hace casi cinco siglos por Álvar Núñez, o como es más conocido, Cabeza de Vaca. Este aventurero y colonizador de América pasó grandes penurias en los viajes que hizo, y todo lo reflejó en su diario. 



La historia empieza cuando Alvar Núñez está de regreso en su casa de España junto a su mujer. Ésta es feliz de tenerle de vuelta, pero Álvar ha traído con él a todos sus demonios, todos aquellos que le acompañaron en su primer viaje y sufrieron todos los desastres. 


Ellos le recuerdan todo lo vivido, le atan a su pasado y a su responsabilidad. Él intenta huir pero sabe que es imposible. En esos momentos le proponen una nueva expedición, esta vez en la zona sur de América. 



Álvar huirá emocionado a esta aventura, para reencontrarse con algunos de sus antiguos compañeros. Allí unos morirán atacados por los indígenas, todos sufrirán el hambre, la necesidad de comerse cualquier cosa que pueda mantenerles con vida. 




También Álvar descubrirá el amor, la entrega y la bondad, a través de una indígena de la que se enamorará y con la que tendrá un hijo que muere.  




La obra viene al final a contarnos la simulitud que hay entre esos seres desesperados y desdichados que salieron de su país para acompañar a Álvar en una aventura y todas esas personas que huyen de su tierra buscando un mundo mejor y solo consiguen malvivir entre la miseria de los que les sobra a los más poderosos. 




miércoles, 19 de junio de 2013

EL RÉGIMEN DEL PIENSO

Desde la primera vez que nos encontramos con La Zaranda descubrimos su teatro único, especial. Si tuviera que explicarlo con pocas palabras diría que su misión consiste en enseñarnos la más cruda realidad que nos envuelve, en la que estamos tan metidos que somos incapaces de ver con claridad. La Compañía con sus textos es capaz de quitarnos el velo que nos ciega y con un lenguaje muy particular mostrarnos la verdad.  Eso sí, ver sus trabajos tiene un precio, el de dejarnos malheridos, tocados y casi hundidos.

Hoy La Zaranda quería hablarnos de nuestra renuncia a una vida mejor a cambio de mínimas compensaciones que nos son otorgadas y que consideramos imprescindibles. Para ello nada mejor que una buena metáfora: los hombres son como los cerdos que aspiran a una buena comida y una buena pocilga, para al final de sus vidas ser sacrificados con el mínimo dolor. 


A partir de esta idea nos cuentan una historia que a veces no tiene pies ni cabeza, o mejor dicho, hay que estar dentro de su mente para entender todos los matices de su interpretación, ya que desde nuestra butaca sólo conseguimos absorber una pequeña parte. Pero es que el teatro no es sólo para entenderlo, también hay que sentirlo, percibirlo, y eso sí que llegamos a notarlo con ellos. 

En la empresa dedicada a criar cerdos se está dando un extraño caso, los animales mueren por una epidemia indetectable. Los cerdos luchan por el pienso hasta la muerte mientras que aquellos que comen mucho se suicidan. Los veterinarios forenses abren los cuerpos pero no encuentran nada en su interior, es más, los cerebros están vacíos, huecos. Para investigar mejor el caso van a recrear lo ocurrido en la nave.
Indagan en las oficinas de la empresa y lo primero que encuentran es una tediosa administración que ralentiza los cambios, los trámites llevan trámites que llevan su curso, y las mejoras nunca alcanzan a los trabajadores. Entre tanto papeleo inútil una circular indica la destitución de un responsable. Éste que antes justificaba las decisiones de su empresa ahora se revuelve contra ella. Sin embargo el que ha sido ascendido a su puesto es palmeado y agasajado por sus compañeros, que esperan sacar "tajada". El nuevo jefe echa al que ha sido cesado dando como justificación que las decisiones de la empresa son siempre las correctas. Pero como saben que se ha cometido una injusticia, ya que se trataba de un trabajador ejemplar, aseguran que su caso saltará a la fama. Así que en un juego infame, son los cerdos los que recrearán la historia del funcionario despedido, que por cierto se llama Martín.

Mientras tanto el caso de los cerdos muertos sigue su investigación. Los animales reclaman su pienso, luchan y se matan. Algo les hace acabar con sus vidas antes de ser conducidos al matadero. Para erradicar la epidemia la solución es clara: hay que acabar con todos los animales. Archivadores con los casos estudiados vienen y van, copias por triplicado sin ningún sentido aparente.

Martín, que sigue reclamando un puesto en la empresa por la que ha dado la vida, pierde la cabeza pero recupera su cordura, la que dejó olvidada cuando pasó a estar absorbido por su trabajo. Ahora Martín entiende qué enfermedad hace que los cerdos se maten y suiciden: los animales se están rebelando contra el poder opresor, prefieren matarse a seguir alimentando la cadena que les ahoga. Pero de nada sirve su descubrimiento, ya que él está siguiendo el mismo camino que los cerdos que se encaminan al matadero. Martín es ahora un loco que nadie escucha en estado terminal que pasa a ser desenchufado de las máquinas que le dan la vida. Con esto se paga su trabajo de tantos años.

Como decía, la historia es enrevesada y a veces complicada de seguir. Pero tampoco asistimos a una obra al uso, no se trata de una historia convencional, con presentación, nudo y desenlace. Más bien hablaríamos de una lección para nuestras vidas, una bofetada para que reaccionemos y veamos en qué nos hemos convertido. La crítica afecta a nuestras vidas, el trabajo, la facilidad con la que nos hemos dejado comprar, la falta de juicio y pensamiento propio, y tantos otros temas.  

Como siempre sus escenarios tienen el sello muy personal. Con muy poco atrezo pero muy versátil, consiguen recrear todos los ambientes que necesitan. En este caso utilizan estanterías metálicas que simulan archivadores, pocilgas, cárceles, mesa de operaciones. Y como siempre cuentan con cables colgando del techo donde enchufar los flexos que iluminarán las mesas de trabajo, quirófano, o a cualquier personaje que quiera ser escuchado por todos e imponer su criterio.

Los cuatro actores se guisan y se comen todo lo que allí ocurre. Crean el ambiente, escriben los textos fieles a su estilo tan personal, cambian la escena partiendo de los objetos de que disponen. Con todo ello consiguen llevarnos a su mundo, un lugar que cada vez tiene más seguidores. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

YERMA

Yerma es un texto clave en la historia del teatro español. No soy muy aficionada a ver obras tan emblemáticas una vez que he disfrutado de ellas anteriormente, ya sea leyéndolas o en otra representación de teatro. Pero Yerma se me estaba resistiendo (intenté ir con Caro y finalmente no pude asistir).  Las buenas críticas y el estupendo reparto me animaron a no dejarla pasar. Así que compré la última butaca en venta, la más cara y una de las mejor situadas, en el patio de butacas.

Yerma cuenta la historia de una mujer que no es feliz pero que lucha con todas sus fuerzas por serlo. Su procedencia y su entorno le niegan el derecho a conseguirlo.
Yerma es una chica joven y llena de vida que ha sido casada por conveniencia con un labriego. Ella acepta su destino y aunque no le quiere, hace lo posible por cumplir con su papel de buena esposa. Pero él es un hombre simple que se contenta con tener una mujer honrada que no le dé ruido. La joven sabe que para ser feliz necesita sentir un hijo en sus entrañas, alguien a quien cuidar y que acabe de dar sentido a su existencia y su matrimonio. Su marido sólo piensa en el trabajo y no quiere ni escuchar hablar del tema. Cada vez que ella lo menciona él la manda callar y enfadado huye de su lado.


Los meses pasan y Yerma ve como sus amigas se quedan preñadas y cuidan de sus pequeños retoños mientras que ella sigue sola y desesperada. Recurre a buscar consejo entre viejas mujeres que tuvieron muchos partos, intenta encontrar el secreto para ser concebida. Sin embargo se topa con su triste realidad: su relación está muerta, no hay amor ni complicidad así que nada podrá nacer del desamor.Piensa en los momentos en que ella ha sentido un escalofrío en su cuerpo debido a la pasión, pero éstos nunca fueron con su marido. Descubre que un guapo chaval del pueblo, Víctor, sí provocó en ella esa sensación única, de eso ya hace años. Algunos días se cruza con él por el campo y recuerdan viejos tiempos. A Yerma vuelve aquella sensación que también siente él pero sabe que su honra está por encima de todo. Sin embargo su marido, un ser desconfiado, les ve y sospecha de su infidelidad. Para evitar que su honor sea manchado, trae a la casa a sus dos hermanas con el fin de vigilar a su mujer y no dejarla salir sola ni a sol ni a sombra.

Las habladurías ya recorren todo el pueblo y las mujeres en los lavaderos comentan que Yerma no tiene hijos porque no se los merece, debido a su mal comportamiento hacia su marido.


Él se siente deshonrado y decide echar al joven Víctor del pueblo. Debido a la posición acomodada que ha conseguido compra la cabras del muchacho y con esto también compra su marcha del lugar. Yerma nunca pensó en ser infiel pero con la desaparición de Víctor aún se ve más aislada del mundo, más encerrada en una casa que sabe a cárcel. Se ha convertido en un ser apagado y sin vida, triste y monótono como todo lo que le rodea. Pero aún tiene fuerzas y se resiste a aceptar que ese sea su destino, la soledad de la casa y el marido ausente que la rehuye.

Escuchó hablar de una curandera que conseguía hacer fértiles a las mujeres vacías. A pesar del dolor y sufrimiento, resiste con entereza todo por conseguir lo único que daría sentido a su vida. Pero nuevamente fracasa. Una última oportunidad surge con la peregrinación a un altar conocido por conceder hijos a mujeres que rezan allí. La romería es una fiesta de jubilo donde Lorca nos cuenta que el único milagro es el de los hombres que van hasta allí buscando mujeres para mantener relaciones. Una conocida vieja del pueblo, a la que Yerma pidió consejo, le cuenta que nunca tendrá hijos con su marido, pero que ella tiene un hijo en edad casadera que estará dispuesto a cargar con ella y darle los hijos que quiera. Pero Yerma antepone su honor a su felicidad y desprecia a la mujer que cree que ella pueda aceptar algo así.

Su marido, que está borracho y escondido entre los árboles, escucha las palabras de su mujer y descubre que nunca perdió su honra. Sensibilizado por ello y eufórico por el alcohol, la abraza y le dice que sea feliz con lo que tiene. Confiesa que ellos nunca tendrán hijos, cosa que no le entristece porque él realmente nunca quiso. Él sólo sólo desea estar con ella, ya que la quiere, aunque nunca ha sido capaz de demostrar su amor.

Ella no soporta escuchar que aquello por lo que luchó tanto tiempo, siempre fue algo inalcanzable y que su marido lo ocultó, evitando su felicidad. Yerma sólo ve una salida a esta vida perdida, acabar con el hombre que le quitó el derecho a ser feliz. Quedarse sola y yerma para siempre.


Leí Yerma hace varios años. Intenté entender la poesía de Lorca en sus obras. Descubrí lo que sigo concluyendo cada vez que leo teatro: no hay nada como ver el teatro sobre el escenario, cuando éste está bien representado.

La obra está perfectamente montada y llevada. Contrapuesto a la dureza de la historia, hay personajes que hacen reír, cantan y juegan. Toques de flamenco, cante y baile que recrean un ambiente muy andaluz y una época pasada (pero no tanto). La obra va acompañada de poesía, versos de Lorca que suenan estupendamente en este montaje.

El escenario tiene una especie de charca con agua que hace de río, lavadero, poza y lo que haga falta, y que hace referencia a la fertilidad.

Y Silvia Marsó está estupenda, aunque algunas críticas no la pongan muy bien. Encarna perfectamente a esa joven soñadora y luchadora que va perdiendo fuerzas y cada vez se muestra más apagada.

Lo único que necesita la obra es que alguna vez tenga un final feliz. La dureza de Lorca no es apta todos los días.

jueves, 13 de diciembre de 2012

DOÑA PERFECTA

La nueva temporada del Centro Dramático Nacional nos trae al director Ernesto Caballero. Una época prometedora empieza, después de varios años  con Gerardo Vera. Con las referencias del Sr. Caballero ya una anima: viene de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con los que disfrutamos de grandes historias. Ahora podrá dar un giro al CDN, representando obras de autores actuales o dirigiendo versiones existentes con su punto de vista. 

Para el estreno ha elegido a un gran escritor que ha frecuentado poco los escenarios de Madrid: Benito Pérez Galdós. Nunca leí ninguna de sus obras pero siempre he escuchado que sus textos siguen tan vigentes como en la época en la que fueron escritos. Puede que la España actual se parezca más de lo que pensamos a la de 1898. 

Doña Perfecta es la historia de un pueblo y de sus gentes; de las personas que no están dispuestas a aceptar nuevas corrientes críticas con sus costumbres. En la sociedad de finales del s. XIX el pensamiento progresista iba contra todos los derechos adquiridos por los caciques y la iglesia. Ahora sólo pequeñas diferencias nos separan de ese tiempo. 

 La historia transcurre en Orbajosa, concretamente en el salón de la casa de Doña Perfecta. A ella llega desde la capital  su sobrino Pepe Rey, un joven culto y moderno, con nuevas ideas. Su padre y su tía han concertado la boda entre los primos. Aunque no se conocían, entre ellos surge el amor. El joven comienza por revolucionar a uno de los estamentos más arcaicos del pueblo, la iglesia. Mantiene que su dominación se basa en la superstición y  el sometimiento. El cura, que pasa el día en la casa de Doña Perfecta, no tiene argumentos para rebatirle y sólo consigue mofarse de él, acompañado por las chanzas de toda la familia.


Aquí empieza la pesadilla del joven, que intenta no molestar pero tras varios ataques acaba expresando todo lo que piensa de ellos. Así consigue poner a su dominante tía en contra. Ésta se toma la justicia por su mano y decide finiquitar el compromiso. Encierra a su hija y hace la vida imposible al sobrino. Éste es despedido de su prestigioso puesto estatal, es denunciado por vecinos del pueblo por un litigio de sus tierras, es conducido mediante engaños a la casa de unas jóvenes de vida alegre... Todo está permitido por la loable tarea de conseguir separarles. La tía toma estas medidas por el bien de los dos, imparte justicia sin contar con los sentimientos de los demás. no quiere a un ateo en su familia y sabe que su sobrino nunca se adaptaría al pueblo.

Mientras tanto, los rumores corren por el pueblo y todo se sabe. El joven, desesperado, acaba amenazando y haciendo confesar a su tía. Doña Perfecta reconoce que no quiere ver a su hija mezclada con un hombre como él y por este motivo urdió el plan. Desesperado y sin salida, Pepe parte, pero sabe que volverá a por la mujer que ama. 

Ortigosa es un pueblo tradicional y rebelde, no está dispuesto a aceptar dictados de modernidad de la gran urbe. Así declara un levantamiento contra el poder central y desde allí son enviados los ejércitos para reprimirlo. Al mando está un general amigo íntimo de Pepe Rey. La familia de Doña Perfecta teme represalias, pero se pone en manos de Dios que sabrá protegerles. Y por si acaso, también en manos de un labriego conocido por su brutalidad. En medio de la batalla, el joven llega a la casa para llevarse a su amor, pero una bala disparada por el lacayo y ordenada por Doña Perfecta y el cura, acaba con su vida. Es el día más feliz y se convirtió el más triste en la vida de ambos enamorados. 

La historia es interesante, clásica pero aplicable a la actualidad. En su segunda lectura Galdós nos está contando la situación de España, un país retrogrado con tintes de modernidad que siempre fueron reprimidos por los poderosos, con más miedo que otra cosa de perder sus privilegios. 

La obra está bien representada aunque no llega a entusiasmar o alcanzar grandes momentos. Incluso en ciertas escenas llega a hacerse aburrida, seña clara de que la puesta en escena es mejorable. 
Entre los actores hay variedad: los protagonistas trabajan bien, Alberto Jiménez especialmente (como suele pasar). Otros son de calidad mediocre. 
El escenario es original; gira y con su movimiento nos sitúa en diferentes ambientes y momentos, siempre dentro de la casa.


En general es una obra entretenida por ser un clásico muy actual, aunque habría podido dejar un mejor recuerdo con algo más de trabajo. Espero acertar con la próxima del CDN. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

LA LOBA


Una vez más, y ya casi pierdo la cuenta, asisto a una obra de un autor (autora en este caso) americano del s. XX. Sin ánimo de repetirme, sólo diré que parece que esta época es favorable para recuperar a aquellos escritores y dramaturgos. Ellos contaron las desgracias de un mundo hipócrita en el que todo se creía posible pero lo único real era una vida de miseria. Por ello fueron investigados por el Comité de Actividades Antiestadounidenses.

Todas llevan a un mensaje final parecido pero cada obra sigue su propio camino para llegar hasta él. En este caso Lillian Hellman retrocede unos años respecto a sus coetáneos, para contar su historia. Ella entiende que los acontecimientos que ocurrieron durante el siglo XX tuvieron su origen en los primeros años de ese siglo.  En algunos puntos parece que volvemos al gran Chejov, la época, la historia, los personajes, los dramas, nos recuerdan su obra. Tan sólo que no estamos en Rusia sino en Estados Unidos.

Estamos en un lujoso salón de una casa victoriana, la residencia de Regina Hubbard. Allí se reúnen los tres hermanos y sus familias. Los Hubbard pertenecen a una familia de trabajadores que fueron enriqueciéndose a costa de la explotación de los esclavos negros en sus campos de algodón. Ya pasó el tiempo del esclavismo, la guerra de la Secesión dio la razón al Norte, pero el Sur sigue dominando y explotando a sus trabajadores y lucrándose gracias a ellos.
Un nuevo negocio con altos rendimientos se les ofrece: las fábricas de algodón. La industria algodonera ya era rentable en el Norte, traerlas al Sur aumentará los beneficios ya que los salarios aquí son realmente bajos. Para entrar en el negocio los Hubbard sólo deben de invertir una parte del capital. Los hermanos Oscar y Ben cuentan con el dinero, pero Regina debe de convencer a su marido para que aporte la cantidad necesaria. Éste, James, lleva meses ingresado en el hospital, no tiene trato con su mujer porque sólo recibe odio y rechazo de ella. Pero la situación y la posibilidad de ganar mucho hace que ella use sus armas para conseguir que él vuelva y acepte participar en el negocio. Así, manda a su hija Alex en su busca. La joven es un ser cándido y puro, ha sido siempre la debilidad de su padre.
James regresa con su hija, esperanzado en que la situación familiar cambie pero vuelve a encontrar el rechazo de su mujer, y entiende que su dinero es el único motivo por el que ha sido llamado. Además, descubre que los tres hermanos, intentado que nada escape a la alcance, han pactado la boda de su hija Alex con su primo hermano, un Hubbard de los pies a la cabeza. Esto supera y encoleriza a James. Él también empezó a escalar posiciones desde la mayor pobreza pero nunca se aprovechó de la explotación de las personas para lucrarse. Su profesión, banquero, le ha convertido en una persona rica, pero su mujer le considera un ser blando, que no sabe aprovechar suficientemente las oportunidades económicas con el dinero que ha acumulado.
James se casó enamorado, pero Regina nunca le quiso, sólo vio en él la posibilidad de salir de su vida triste y solitaria en los campos de algodón. Con los años ha aumentado su odio y repugnancia por su marido.
Él, como todos los que se han acercado a la familia, sufre el desprecio de los Hubbard. La familia sólo admira la codicia, el enriquecimiento lícito o ilícito, los perjudicados no importan. Sólo actúan cuando saben que a cambio van a obtener ventajas. Así, Oscar, uno de los hermanos, se casó con la hija de un aristócrata empobrecido para conseguir sus tierras y su posición social. Y ella es continuamente ridiculizada por los hermanos porque su familia quedó arruinada, por ser un ser culto, por seguir soñando con aquellos tiempos pasados. Pero ella reclama que, al menos, su familia aristócrata jamás maltrató a sus trabajadores, ellos utilizaron el dinero para vivir y disfrutar, no sólo para acumularlo sin más. La mujer de Oscar es infeliz, nunca sintió que era querida, sólo fue utilizada y relegada a una posición inferior, el hazmerreír de los hermanos.  Así que se refugia en el alcohol y sólo cuando está con James y su hija consigue ser medianamente feliz. Incluso su hijo heredó las formas de su padre, es una copia mala de éste. Y ahora le quieren casar con su prima, la dulce Alex.

James tendría dinero suficiente para entrar en el negocio de las fábricas de algodón pero no quiere participar, no quiere verse mezclado en ningún negocio con los hermanos, tampoco quiere colaborar en la explotación de los negros. Pero su dinero está depositado en el banco, al que tiene acceso su sobrino, el hijo de Oscar Hubbard. Tan fácil como “tomarlo prestado” y devolverlo en unos meses. Así el negocio queda entre los dos hermanos varones, ni James lo sabrá ni Regina participará. Ésta incluso quería obtener más ganancias que su hermanos, ya que la codicia es tan mezquina que no tiene límites con nada ni con nadie, ni tan si quiera con los de su propia sangre.

James está muy enfermo y quiere dejar sus planes atados antes de su muerte. Sospechando que sus bonos depositados en el banco han sido utilizados para el negocio, lo confirma y decide cambiar su testamento: el dinero robado será la herencia de su mujer, el resto pasará a ser de su hija. Así se lo hace saber a ella, ésta es la consecuencia de todo el odio que ella le ha proferido, pero la exaltación le produce un ataque al corazón. Su mujer, fría como siempre, le deja morir sabiendo que ella se ve beneficiada con su final. Ahora podrá reclamar a sus hermanos el dinero robado, podrá pedir grandes beneficios a cambio de no denunciarles, podrá vivir como siempre quiso.

Pero en este camino recorrido, Regina ha dejado a muchos, ha perdido a todos los que tenía a su lado, su marido muerto, su hija le odia y se marcha de su lado. Y ahora sus hermanos, los que podrían entenderla, se sienten chantajeados, su propia hermana les ha robado. Regina conseguirá su sueño, irá a vivir a Chicago, la gran ciudad, pero estará totalmente sola.

Ésta es la historia que cuenta la deshumanización que trae el capitalismo, la codicia que provoca el dinero, la necesidad de poseer cada vez más, sin límite ni sentido.

Contada de una forma clásica (tiempo lineal sin saltos, único escenario para todos los actos) y con actores de tanto nivel la obra se hace amena y entretenida. Todo lo amena que puede ser una representación tan dura como ésta, donde los sentimientos de cariño desaparecen.

Tantas representaciones sobre el mismo  dejan entrever una cierta preocupación por estar convirtiéndonos en lo que contamos con horror.Empiezo a sopesar apuntarme la próxima vez a ver una comedia sin mucho trasfondo.  

miércoles, 23 de noviembre de 2011

PERSÉFONE

De Perséfone se podrían escribir mil obras e interpretar su vida de muchas y diferentes maneras. Alguien tan antagónico como ella, que representa el nacimiento de la vida, la primavera, en la forma de Core y su fin como Perséfone, cuando baja al inframundo, tendría que dar lugar obras muy interesantes.  

De todas las posibles historias hoy he ido a encontrarme con una de las malas.

Me llamó la atención de esta obra que quisieran hablar de la muerte partiendo del personaje de la mitología griega que la representa. Que fuera una creación de Comediants me resultó curioso pero no diría que me decidió para ir a verla.  Recuerdo la serie de humor que grabó esta compañía de teatro para la televisión allá por el año 90. Y recordé que su humor nunca me acabó de gustar. Pues la obra ha sido aún peor que mi recuerdo de aquella serie.

La historia que nos cuentan era simplona, parecía casi cogida con alfileres, una serie de historias que podrían haber sido escritas por niños alrededor de la idea de la muerte y de Perséfone, el personaje que nos las va relatando. No había más, canciones tontas como la obra (sí, era un musical), máscaras para caracterizar a los distintos personajes que van viviendo de diferentes formas la muerte de un familiar, interpretaciones normales sin ningún lucimiento y un audiovisual que hace las veces de escenario, que daba algo de vida y originalidad a la obra. Y eso que considero que poner un audiovisual en una obra de teatro es infravalorarlo, restarle posibilidades y arte.

También podría destacar detalles que me gustaron, la música era en vivo, una especie de hombre orquesta amenizaba de forma continua las actuaciones. La voz de Perséfone adornaba sus actuaciones, cantaba muy bien.

Algo podría contar del argumento, aunque creo que dejará la obra aún en peor lugar.  Rafa ha muerto y sus amigos, mujeres e hijo pasan por el duelo a despedirse. Los personajes muestran sin pudor lo que piensan, y Perséfone recibe distintas peticiones de ellos, entre ellas su hijo pide que le devuelva a la vida "un rato" para que cambie el testamento y sea él el heredero.

Incluso entendiéndola sólo como obra de entretenimiento me parece aburrida. 


miércoles, 5 de octubre de 2011

YO, EL HEREDERO

Esta obra es de esas que imaginas cuando piensas en el teatro que veías en el salón de casa, en Estudio 1, hace unos 25 años. Personajes dialogando, un ambiente agradable, un salón, entrada y salida de actores, ritmo. Después llegarían obras más profundas, complejas y enrevesadas, clásicos, tantas...
Aquí disfrutar es sencillo, podría ser Mihura, Jardier Poncela o teatro del absurdo..

La historia comienza siendo divertida, sencilla, una familia rica cuenta todas sus obras de caridad, presume de sus buenas acciones, y realmente lo son. Pero todo empieza a complicarse cuando aparece un personaje que interrumpe la paz de la familia: el hijo de un hombre que acaba de fallecer y que vivió acogido durante 37 años en la casa, viene a reclamar su herencia, el puesto de su padre.
La familia encuentra absurda esta petición, o más bien, imposición, pero no consigue hacérselo ver al intruso, que con buenos argumentos esquiva todos sus intentos por echarle. Incluso el cabeza de familia, un importante abogado, pierde todas las batallas dialécticas contra el hijo aprovechado. Porque el intruso entiende que con la caridad que dieron a su padre le impidieron luchar y progresar. Fue un vividor acomodado que no dejó ninguna herencia a su hijo y éste viene a reclamar lo que su padre dejó de ganar o, a cambio, su puesto de acogido. Poco a poco los nervios de la caritativa familia se van exaltando y esa candidez y caridad iniciales se tornan en sus verdaderos sentimientos, buscan obtener el reconocimiento de los pobres ayudados por sus actos, recibir el agradecimiento continuo por sus buenas acciones, que en ciertos casos llegarán superar las barreras morales.
Porque el hombre acogido, Próspero, tuvo que hacer de bufón, de criado, de chico de los recados, y además agradecer el trato que le dieron. Pero realmente lo que sentía no era servilismo sino pura envidia. Y así fue anotando en su diario las vejaciones que sufría. El enredo va en aumento cuando el joven desvela secretos de la familia escritos por su padre en el diario que le fue enviado a su muerte. Porque éste no dejó herencia material, pero sí dejó un puesto que su hijo lucha por ocupar.

Su hijo, Próspero II, poco a poco, con su capacidad de convencer a todos, nos cuenta que esa caridad no ayuda, sino que frena los intentos de lucha y progreso. La comodidad evitó una vida mejor, e hizo aceptar situaciones degradantes.
También habla de la hipocresía alrededor de la caridad, que sólo es un deseo de reconocimiento y de devolución del favor.

La obra pasa del humor inicial, la historia simpática y algo enredada a reflejar las situaciones violentas y amargas, el hijo echa en cara cómo se reían de su padre, cómo éste aceptaba la situación por ser cómoda, y ventajosa para él, cómo él siempre fue un personaje de segunda clase que adornaba y distraía pero al que no debían nada, era él el que estaba en deuda con la familia.

Y la historia se repite, este personaje y sus ganas de vivir contagian y sacan del letargo de esa vida a la soltera de la casa que queda enamorada, como ya pasó hace años con su tía, ahora sola y triste, echando de menos al padre del nuevo intruso, al que siempre quiso.

El reparto es estupendo, pero hasta pasados los primeros quince minutos no consigue ser creíble. Ernesto Alterio simula un acento italo-napolitano que resulta muy forzado al comienzo, y cuesta ver al personaje que hay en él. Pasado este tiempo, parece que el humor facilita la compresión, pero la tensión que se vive empieza a revolvernos en el asiento, a hacernos sentir violentos a tener que decantarnos por una u otra forma de pensa, sabiendo que la aceptada socialmente  quizá no sea la que nos convence aquí.