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miércoles, 21 de octubre de 2020

EL CHICO DE LA ÚLTIMA FILA

Elegí la obra basándome en un único criterio: salía Alberto San Juan. Su voz, su cadencia, me hacen disfrutan infinitamente algunos de sus personajes y hoy quería probar suerte. 

Nos mandaron al techo del teatro, eso sí que era tocar el cielo! Últimas entradas a la venta cuando se cumplía una semana de su  estreno, no está mal tratándose de tiempos de pandemia.


La historia es original y tiene lecturas desde diferentes prismas, llena de detalles que la van complementando, pero que a veces resulta demasiado apabullante. 

La obra nos cuenta la extraña relación que se establece entre Germán, un profesor de lengua y literatura de bachillerato, y su alumno Claudio, que siempre ocupa la última fila del aula. En una redacción que el profesor solicita a la clase descubre que entre mucha mediocridad destaca el relato de este alumno. Esta diferenciación no solo se basa en la ortografía, puntuación o uso del lenguaje, también en la historia que éste cuenta. Claudio observa desde la última fila todo y a todos, los escruta...En su ejercicio narra como se las arregló para ir a la casa de un compañero de clase con el pretexto de explicarle matemáticas. Realmente llevaba meses queriendo entrar en esa vivienda. Una vez allí paseó por la casa y conoció a la madre del compañero, Ester, por la que sintió una cierta atracción. La redacción finaliza con un sugerente "continuará...". 


Germán  comparte el escrito con su mujer que ve un comportamiento reprochable en el alumno. Aunque el profesor no está de acuerdo, sigue sus consejos y recrimina a Claudio que responde desafiante a su profesor, comenzando un peligroso juego de consecuencias impredecibles. 

Cada nuevo ejercicio servirá a Claudio para contar un capítulo de esta extraña trama que se mueve entre la verdad y la imaginación y que cada vez le acerca más a la familia de Rafa. Pasará tardes de estudio, pachangas de baloncesto en el parque, cenas, noches.... y todo esto lo utilizará para compartir tiempo con Ester. Ella es una mujer materialista, acostumbrada a un marido simplón, sin grandes aspiraciones metafísicas y ella siempre se ha dejado llevar. Al descubrir a ese adolescente que le revuelve y muestra otro camino, ella se plantea abandonarlo todo. 



Para Claudio todo esto sigue siendo un juego, un ejercicio con el que desafiar a su profesor. Y Germán encuentra en su alumno una capacidad única para escribir, que él siempre quiso y nunca tuvo. Intenta exprimirle y sacar de él el mayor partido, enfrentándole cada vez a retos mayores, sin importarle la parte moral de lo que están haciendo. Con cada nuevo texto le provoca para que desarrolle los personajes, use puntos de vista, utilice el subtexto, lea a los clásicos, aprenda y plasme lo adquirido. 

El afán de Germán llega tan lejos que, quizá intentando intervenir en la historia, ridiculiza a Rafa (el compañero de estudios de Claudio) en mitad de la clase. Solo pone cordura su mujer Juana, que le pide constantemente que pare esa insana situación. 

Cuando llega el momento final de los escritos de Claudio, su profesor le pide que dé un golpe de efecto que impacte. Aprovechando que  Germán está dando clase, Claudio se presenta en la galería de arte de Juana, su mujer. Ésta rápidamente le identifica y entre ellos comienza una conversación que acabará en la casa de ella, dormida en el sofá. Él aprovechará para redactar un capítulo contando su encuentro y acabando con un nuevo "continuará...". Cuando Germán llega a casa y descubre lo ocurrido, enfurece y va a por su alumno. Desesperado le grita que no se acerque nunca más a su mujer. Éste desvela que desde el principio su plan fue conocer a ese profesor y a la mujer que era capaz de aguantarle, meterse en sus vidas, descubrir todos los secretos. Germán da un puñetazo a Claudio, y este firma aquí el fin de su historia. 


Junto a la trama general, surgen muchos temas, el dilema entre la moralidad y el morbo, el diferente punto de vista que adoptamos cuando somos víctimas o meros espectadores, la frontera entre realidad y ficción...

Por otro lado, la relación entre Germán y Juana muestra dos personalidades con puntos de vista que chocan. Él, profesor de literatura y escritor fallido, ella galerista malograda, ambos ningunean las profesiones del otro, proyectando su fracaso en la persona que más les quiere. Ella defiende el arte contemporáneo, él pretende que cierre la galería y monte una tienda. Nuevamente una relación insana como el resto que van reproduciendo. 

Como decía, el texto trata tantos temas que a veces es complicado centrarse y profundizar en la parte deshumanizada de cada personaje, cada relación. 


Por último, la representación, aunque es teatro puro, se complementa con unos momentos de danza, forma de expresión que Claudio adopta para hacernos llegar lo que siente cuando visita a su amigo y se perturba ante la presencia de Ester, con sud movimientos también muestra el papel que él juega dentro de la familia de Rafa, introduciéndose en cada rincón de sus vidas.

Obra interesante, para analizar con más detenimiento, como muchas de las creaciones de Mayorga. 



sábado, 18 de mayo de 2019

SHOCK. EL CÓNDOR Y EL PUMA

Hoy asistimos a una obra de teatro, sí, pero realmente se trataba de un ensayo de nuestra historia y vida desde los años 50 del siglo XX hasta la actualidad.
Hoy nos hemos sentado frente a una historia conocida pero no por eso menos dolorosa, nos hemos situado frente a nuestro pasado y lo que es peor aún, frente a nuestro presente.

Hoy la historia llama a nuestra puerta y nos presenta como seres vulnerables, maleables, seres indefensos ante lo que dictan gobiernos y grupos de poder.


El teatro Valle Inclán siempre es experto en buscar temas que nos remuevan, que nos saquen de nuestra tranquilidad y de nuestro confort.

Hoy lo consigue una vez más CON este teatro incitador, teatro transgresor de Andrés Lima.

En general la obra quiere exponer demasiadas ideas, especialmente al principio, lo que resulta desbordador y da una idea de inconexión y con los que no es fácil seguir el hilo y captar nuestra atención.

Comenzamos escuchando hablar de la doctrina del shock del economista Milton Friedman, ésta postula los principios del neoliberalismo y el capitalismo. Friedman será premiado años después con el mayor galardón, el Nobel de economía. Éste instaura la sociedad neoliberal, que sigue siendo el paradigma 70 años después de su proclamación. Basa sus principios en tres puntos: los mercados tienen que ser libres, los gobiernos no tienen que ser dueños de ninguna empresa que pueda ser rentable y los beneficios sociales deben de dejar de existir. Los principios son los fundamentos de la economía que posteriormente arrasó en el mundo. Para conseguir imponer este sistema en cualquier sociedad tiene que darse un shock.
Ese shock del que habla esta teoría es equivalente al que puede sufrir una persona de forma natural o forzada bajo tratamiento de electroshock. Ese mismo impacto a nivel nacional o mundial es el que sufre toda una población cuando es golpeada y pierde la consciencia, quedando inutil para pensar y decidir libremente. Este momento es aprovechado por sus planificadores para arrasar con todo, tomar medidas en su beneficio sin ninguna oposición.





Aunque pueden ser muchos los países en los que veamos su aplicación, la obra se centra en el primer caso en que se aplica esta teoría, el más evidente y terrible, el de Chile. En los años 60 un movimiento comunista está tomando fuerza y con un carismático líder aparenta ser imparable. Estudiantes contrarios al régimen irán a la universidad de Chicago, donde se encuentran con Friedman y sus teorías y desde allí comenzarán a organizar el fin del gobierno de izquierda de su país. 




Estados Unidos con su presidente Nixon orquesta estos movimientos, plenamente convencido de que estos partidos deben de ser cortados de raíz, años después estos acuerdos y maniobras recibirán el nombre de operación Cóndor. EEUU adiestra a los ejercitos de los países iberoamericanos en la universidad americana situada en Panamá. El golpe de estado no se produce como un levantamiento limpio del ejercito, sino como una maniobra decidida mucho antes de que Allende fuera presidente. 

Sus últimas palabras desde la casa de la Moneda horas antes de morir son la sentencia y el resumen de su lucha, su confianza en que el hombre y el tiempo sabrán poner en su sitio y devolver la dignidad que nos han arrebatado.




Así momentos antes de morir Salvador Allende enuncia el siguiente texto, incluido en la obra como un fragmento de teatro verbatim:
[...]
Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
[...]
se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Los días, meses y años posteriores al golpe de Pinochet serán un cúmulo de intereses, en los que el dictador no sólo no es rechazado por otros países, sino que es recibido y agasajado por jefes de estado. 





Los primeros años son de represión, torturas, desapariciones, fosas comunes, vuelos del avión PUMA para deshacerse en alta mar de personas no afines al régimen que han sido sedadas. Esos lugares que albergaron a presos políticos nunca volverán a ser sitios de recreo, estudio, ocio, para siempre irán acompañados de las almas de todos los que allí sufrieron. La Escuela Mecánica de la Armada, el Olimpo, el Club Atlético, el campito... y decenas más en Argentina, o el estadio nacional, Villa Grimaldi en Chile, y tantos otros centros clandestinos de detención de Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Nicaragua, Panamá, Perú... Asistimos al asesinato de Víctor Jara en el Estadio Nacional. Los países operaban conjuntamente apoyados y adiestrados desde EStados Unidos, mientras que el pueblo se desangraba y buscaba a sus familiares, como las madres de la plaza de mayo. 



Conocer la historia no suaviza los sentimientos de impotencia ante los testimonios. Junto al dolor, el pueblo también olvida y disfruta de un mundial celebrado en Argentina en 1978 donde su dictador, Videla, es el principal embajador. "Al pueblo pan y circo", pero el dolor no se puede esconder para muchos. Líderes de todos los países son fotografiados con Videla. El país celebra la victoria de Argentina en su mundial y el gol de Hermes, a la vez que sigue torturando, reprimiendo y escondiendo la verdad de los desaparecidos.


La operación Cóndor ha sido todo un éxito, Sudamérica ha erradicado esos regímenes prosoviéticos, procastristas casi al completo.

Pasados los años llega el día en que los dictadores abandonan su cargo y salen por la puerta grande, perdonados por los nuevos gobiernos. Pinochet, que prestó su ayuda a Margaret Thacher en la guerra de las Malvinas, es acogido en el Reino Unido como un cargo importante. La dama de hierro hacen declaraciones en su favor como símbolo sin tener en cuenta todo el horror que habían dejado atrás. Incluso, cuando España intenta extraditarle por crímenes de lesa humanidad cometidos en su país, Gran Bretaña lo evita. Finalmente Pinochet morirá sin ser juzgado pero con testimonios públicos de los horrores cometidos. 



De todo esto parece que hemos aprendido, que sabemos distinguir y que somos capaces de evitar este shock, que no volveremos a equivocarnos y a dejarnos confundir. Y cuando creemos tener la lección aprendida, nos volvemos a ver atacados por el presente, por esa mujer siria a la que caen bombas y que no encuentra a su hija. Y tomamos consciencia de lo infinitamente diminutos que somos. 


Junto a esta historia principal nos hablan de todo el desarrollo militar que hay gracias a las 



No hay saltos en el tiempo, la historia es lineal y se para en aquellos momentos más relevantes para explicarnos las claves de nuestra historia.

Cada actor representa a un mínimo de seis personajes y cada cambio se produce delante de nuestros ojos, sobre ese pequeño escenario giratorio, desde el que nos miran a todos. No hay una cuarta pared, una apoyo que ayude a los actores a situarse, sólo unas pantallas sobre nuestras cabezas que nos muestran las imagenes de reales de lo que estan representando. 

De la obra salimos destrozados, anulados, con un sentimiento de ser juguetes en manos de los que deciden, y a la vez reforzados y capaces de no volver a admitir este juego. 




viernes, 1 de marzo de 2019

MOBY DICK

Hoy he aprovechado una noche libre para volver a pisar el teatro. Ha sido algo inesperado así que no tenía muy claro a dónde acudir. Una recomendación de Ismael, que también es un buen "teatrero", me ha hecho decantarme por una obra que él vio hace poco, Moby Dick.

El actor principal es Josep María Pou, grande entre los grandes, que suele elegir muy bien sus personajes, seres atormentados con mucha fuerza.

Pero hoy cometí dos fallos, el primero fue elegir una obra de mucho texto para un día en que me encontraba muy cansada. Aunque intentaba estar concentrada me costaba mucho mantener la atención, la mente salía volando fácilmente fuera del teatro y desconectaba de la representación. Quizá una obra más dinámica sea una mejor opción para días entre semana como este. Mi segundo fallo fue que no supe elegir bien el asiento. El teatro la Latina no es de mis comunes, así que opté sin mucho criterio por un asiento en la zona más barata. El tipo de sala no permitía que las voces de los actores resonaran y se difundieran por igual en todo el espacio y a veces no se entendía lo que decían.

Josep María Pou viene acompañado de dos actores, este no es un monólogo suyo al uso, aunque no es relevante que en este caso adopten este formato.

Pou es Ahab, el capitán de un barco ballenero, el Pequod. Es un ser tirano, autoritario, blasfemo, soberbio, vengativo, egoísta, vanidoso, y un ser déspota con sus trabajadores. En su mente solo hay un objetivo: atrapar a la ballena blanca Moby Dick. A este fin lo supedita todo, su vida y la de los que le acompañan. Ahab actúa movido por la venganza, no es capaz de recapacitar y olvidar, aceptar lo ocurrido, su deseo de vencer a toda costa le vuelve ciego, egoísta y loco.

Todos estos calificativos que he atribuido a Ahab son la descripción que hacen tanto él de sí mismo y como su tripulación.Y todos coinciden. Sin embargo sus marineros le respetan, en parte por miedo y en parte porque creen en él. En el barco viajan cuarenta marineros que desconocen que acompañan a Ahab en su aventura, estos creen que van a cazar ballenas por los lejanos océanos. Pero no es así, Ahab esconde su miserable plan, oculta su sentimiento de odio y venganza porque sabe que es la única manera de que le acompañen.

Ahab no quiere a nadie, ni a él mismo, sólo desea vengarse, acabar con el animal que le arrebató su pierna hace muchos años y le dejó tullido para el resto de su vida. Él no lo ha olvidado y su único objetivo desde entonces es encontrar y acabar con Moby Dick. De tanto creerse su historia siente que su victoria sobre el leviatán será la de toda la humanidad, se siente un libertador con derecho a decidir en la vida de los demás.

Ahab nos habla desde la experiencia, en su larga vida ha visto mucho mundo y esto le da una sabiduría y una capacidad de percepción sublime que le impide disfrutar de las cosas sencillas como la alegría.

De la ballena hay algo que le aterra especialmente y es su blancura, ese color que se refleja en tantos elementos como la luna, el agua, el cielo, los albatros, los tiburones, los albinos. Él ha desarrollado esa capacidad de ver más allá que el resto de humanos, y sufre un sentimiento de atracción por aquello que le da miedo, es incapaz de alejarse de lo que sabe que irremediablemente le llevará a la fatalidad.

De su tripulación conoceremos a dos marineros, uno de ellos es Ismael, el narrador original de la obra escrita. Es un experto navegante valiente pero también una persona con cordura para saber que esa aventura en la que les ha embarcado Ahab les llevará a un trágico final a todos. El otro es Pip el cobarde, un ser asustadizo que ayuda a su capitán en todo lo que puede, no sabe plantarle cara. A su vez es el único personaje que consigue arrancar del capitán gestos de ternura. El capitán ve sufrir a Pip y está a punto de caer al mar y morir, y a pesar de todo sigue arriesgándose por su capitán, entonces Ahab le acoge junto a él, le protege y nunca dejará que se separe. 






Sin embargo Ismael lucha por salir vivo de est
a aventura, seguro del triste final que les espera, e intenta convencer al capitán. Debido a su insistencia se gana las amenazas de muerte de Ahab y que le encañone con su arma. La locura y obsesión están por encima de cualquier persona. Como dice Ahab, el no está loco, él es la locura enloquecida.

Ahab se ha hecho construir un enorme arpón y con él pretende acabar con la gran ballena blanca. No basta con que el mamífero muera, él necesita ser el protagonista de su fin. Busca el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el animal, da igual que sean hombre contra ballena. Aunque cuente con su tripulación para ayudarle, Ahab desea ser la persona que acabe con su vida.

La vida en el mar es dura y cuando encuentran un cachalote en la que creen ver a Moby Dick se lanzan a su caza. Cinco marineros morirán en su intento por matarla. Finalmente será vencida y entonces descubrirán su error. Herman Melville aprovecha para incluir aquí un tratado sobre como desmembrar y diseccionar al cachalote para aprovechar todo su cuerpo en alimentar a personas y barco.

La obra es una continua lucha por bajar a los infiernos. Así cuando Ismael pide a Ahab parar con el fin de arreglar las máquinas, éste se niega rotundamente, no quiere ceder ni un día en su búsqueda desesperada. También un arponero amigo le solicita ayuda para buscar a su hijo desaparecido que iba en una barca y cayó al mar. Éste se niega diciendo que el chaval ya estará en el fondo del mar.

El mar es un sitio entre la vida y la muerte, su calma, sus cantos de sirenas les trasladan a ese lugar indefinible, ese paraíso en vida. El capitán reflexiona durante su largo viaje, nos expresa lo que siente por el mar, su eterno compañero.

¡Rugid y remad! grita desde la cubierta para que nadie pare. Por fin avistan a Moby Dick, su blancura, las heridas que le acompañan no dejan lugar a duda.
Empieza la lucha que durará tres días. En el primero persiguen a la ballena para darle caza pero una de sus más fieles marineros, el que llevaba un ataúd para morir en el mar, es enganchado por la cuerda del arpón y lanzado al mar. El segundo día y como en una premonición Moby Dick lanzará el cuerpo de vuelta al barco aterrándolos a todos. Cuando el Pequod persigue a la ballena ésta desaparece y vuelve a surgir detrás del ballenero. Ahora son ellos los perseguidos...
La lucha final será encarnizada, Ahab disparará su arpón, pero el leviatán acabará destruyendo y hundiendo el barco y comiéndose al capitán. Solo Ismael sobrevivirá metido en el ataúd flotante. Él será el único testigo que nos pueda contar lo que allí se vivió.

La ballena aparece ante nosotros como una gran sábana blanca que engulle todo el escenario, barco, marineros, capitán.

El escenario es la proa del barco y delante veremos las olas y el mar, sencillo y de una gran belleza.

En el personaje de Ahab subyacen todas esas mentes autoritarias capaces de llevar a la perdición a personas, a pueblos, persiguiendo una idea loca, suicida, prevaleciendo su opinión sobre cualquier juicio moderado, lo que es un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos.






viernes, 24 de mayo de 2013

VIENTO ES DICHA DE AMOR

Voy a empezar por el final para no llevar a nadie a engaño: la obra es espantosa. A partir de aquí, que cada uno decida si quiere seguir leyendo, o aún más, si quiere pasarse por el teatro de la Zarzuela alguno de los últimos cuatro días que la obra se representará. Estáis avisados. 
Podría haber intentado suavizar mi opinión con frases como "a mí no me ha gustado mucho...", o "hay partes que sobran según mi punto de vista...". Pero esta vez creo que no me equivoco, tanto es así que cuando cayó el telón algunas personas del público gritaron "¡Sinvergüenzas, esto es un fiasco!" y más de la mitad de las butacas quedaron vacías inmediatamente. No es que yo defienda este comportamiento, al contrario, pienso que todas las obras tienen partes destacables y, en último caso, la culpa no suele ser de los actores. En esta obra destacaría la lírica; y nuevamente veo que no la dejo en buen lugar, ya que es complicado que yo disfrute con las partes cantadas de una representación. Bastante malo tiene que haber sido el resto. 

Dicho esto, paso a contar muy rápidamente el argumento. Viento... nos cuenta cómo es el amor, desenfrenado, ciego, no correspondido, doloroso, loco. Todos estos sentimientos entran en una sola palabra y nuestros personajes serán víctimas de todos ellos. Céfiro ama a Liríope, Fedra ama a Céfiro, Antenor ama a Fedra. Cada personaje sufre de una amor no correspondido y a su vez desconoce que otro muere por él. Todos los personajes pertenecen a la mitología, así que sus historias pueden resultarnos conocidas. Céfiro es el dios del viento y Liríope es una ninfa consagrada al culto del amor. La obra comienza cuando Céfiro destruye el templo de Liríope, o mejor dicho, la historia comienza en un balneario donde una supuesta clienta pide a las masajistas que le cuenten historias. Éstas le cantaran y contaran el amor de Céfiro y Liríope a la clienta, que realmente es el personaje del amor. 
La obra transcurre en continuos desencuentros que podrían ser atractivos si se entendieran. Las ninfas que acompañan a Liríope la protegen y rodean con su baile, mientras que los faunos de Céfiro se acercarán a ellas para pillar cacho, y lo consiguen. Amor reprende a Céfiro por el daño causado a Liríope, ésta intenta acabar con su vida cuando conoce su destino, él la salva del suicidio y la rapta hasta que consigue su amor... Si esta historia es típica y aburrida, la otra no lo es menos. Artenón persigue a a Fedra por todo el escenario a una velocidad de tortuga durante el primer acto. En el segundo le declara su amor y ésta cae rendida a sus pies y olvida a Céfiro, aquél por el que bebía los vientos. Para celebrarlo se desnudan y refrotan en una especie de lago que ocupa el centro del escenario. Olvidé decir que Céfiro y Liríope hicieron lo mismo aunque es más destacable el caso de Artenón, interpretado por Alberto San Juan, y eso cuenta. 
 Por si esto fuera poco, hay una tercera pareja, los bufones que se comportan con instintos mucho más animales con lo que las letras de sus canciones son más graciosas.

La obra fue escrita en el s. XVIII pero la adaptación que vemos conserva bien poco de aquella. El texto ha sido sustituido íntegramente por poemas de los últimos cinco siglos. Mucha metáfora e invento y muy poca claridad es lo que hay aquí. 
Otra de las novedades que incorporan es la forma de contar la historia. Los actores interpretan ligeramente lo que su alter ego cantante nos cuenta. Así que un personaje es el conjunto de un actor y un cantante de opera. Para reforzar la acción un coro de ninfas y/o faunos representan simultáneamente los hechos. Así que la historia nos llega por tres sitios. Y no olvidemos que estamos en un balneario, lo que se refleja en el coro, señoras y señores en traje de baño con hamacas y esterillas que se pasean por la escena. 



Lo único que podríamos salvar es la estética de la obra, pero tampoco diría yo tanto. La coreografía es algo ortopédica en ciertos momentos, se producen muchos cambios a pesar de lo poco que hay que contar. Sería preferible recortar la obra a la mitad y quedarse con lo más interesante. 

Al final de la representación muchos actores y bailarines se desnudan en una especie de orgía final. Por un momento pensé que estaba viendo Zigurat 2.

miércoles, 8 de febrero de 2012

ELLING

Entro a la sala y sufro una especie de déjà-vu (pero sin que actúe el subconsciente), un escenario simple, dos camas y dos actores masculinos, ¿esto es El Montaplatos? Pero a los tres segundos del comienzo compruebo que no. Lo primero que vemos es un orgasmo. Simpático comienzo. Para más inri, no es el único que vemos, y lo mejor de todo es que no desentonan, diría que hasta quedan bien, y es que la enfermedad de uno de los personajes es una obsesión desmedida por las mujeres y por follar. Eso sí, nunca ha estado con mujer alguna. El otro también está enfermo pero tardamos más en ver cuál es su padecimiento, pasa más desapercibido, éste es un hombre culto, sabe expresarse y reprimir sus sentimientos.

Ambos se acaban de conocer, Kjell llevaba tiempo en el manicomio y Elling acaba de llegar. A Elling le encanta apuntar en su libretita lo que piensa de todos, entre otras lindezas, llama "orangután" a su compañero. Se entienden a su manera, se aceptan. Ellling inventa historias para Kjell, cuántas más mujeres aparezcan, más interesantes serán.

Tras dos años compartiendo habitación, les es concedido un piso tutelado, el mayor deseo que podrían tener.  Y ahí comienzan los auténticos problemas, cuando se tienen que enfrentar al día a día, a toda esa cotidianeidad que para ellos es tan difícil. Y aquí vemos que Elling no superó la muerte de su madre, sigue viviendo bajo sus faldas, espera que ella siga protegiéndole y facilitando su mundo. No es capaz de poner un pie en la calle. Su tutor ve pocas esperanzas en que esto triunfe, pero se merecen esta oportunidad.

Así, con muchos problemas y pequeños avances, uno y otro van consiguiendo superar miedos, aceptarse, adaptarse a la sociedad civilizada. Y con gran esfuerzo Kjell aprende a refrenarse, conoce a una mujer que le quiere y Elling encuentra un amigo y con éste, su pasión, escribir poesía.

Kjell es sincero, directo, no se reserva nada, no tiene maldad y quiere compartir su tiempo con su chica y su amigo. Elling es celoso, inteligente y vive rodeado de miedos e inseguridad, siente que esa mujer le distancia de su mejor amigo. Pero la sencillez de su amigo le demuestra que el sitio que él ocupa, el de “mejor amigo” nunca podrá ser usurpado por nadie. Kjell seguirá escuchando las historias inventadas por su amigo, ya sabiendo que es todo falso, sólo por disfrutar de esos momentos irrepetibles en que los dos están juntos.

La historia es bonita, está llena de luz y positivismo, una historia de superación, de problemas y lucha que al final son vencidas con apoyo y empeño. Además los diálogos están llenos de momentos cómicos, que en ningún caso son soeces. Bromas divertidas que aumentan el cariño que se siente por los personajes.

La obra dura 2 horas y sólo en un corto momento se me hizo pesado algún diálogo, el resto estaba ocupado con risas y sonrisas. Si comparo lo que esperaba ver con lo que finalmente me encontré, diría que la obra me sorprendió gratamente. En lugar de tender a una representación conservadora llena de diálogos estáticos, han optado por arriesgar, moverse, expresar, no ocultar nada, cualquier recurso es bueno para transmitir al público.

También me sorprendió que actores de esta talla estén representando en un teatro de no mucho caché, una obra como ésta, haciéndose pasar por locos,  prestándose a todo, hasta llegar a  intercambiarse los calzoncillos en escena.

Sobre los actores, los dos son geniales. Javier Gutierrez  es divertidísimo, ¿de verdad no está loco? Y Carmelo Gómez con su papel más comedido, serio o antipático, consigue que acabemos adorándole y queriendo apoyarle en todo lo que quiera emprender.

miércoles, 1 de febrero de 2012

EL MONTAPLATOS

Hoy vamos a ver a Animalario, o mejor dicho, nos arriesgamos y vamos a ver a Animalario. Nunca sabes qué vas a encontrar, más aún cuando hemos comprado las entradas hace un mes y la obra se estrenó hace tan solo dos semanas. Y es que Animalario no permite que te confíes, da una de cal y una de arena, y las malas suelen ser inventos de la compañía que no hay quién entienda. 

En la obra de hoy tenemos algo a favor, el texto no es de la compañía, sino del magnífico Harold Pinter, un premio Nobel de literatura que consigue hacerte sentir incómodo hasta ocupando la mejor butaca. Pinter te despierta, te agita, consigue recordarte toda la perversidad que nos rodea. El texto fue elegido por Alberto S. Juan que, encantado con "Traición", investigó y quedó fascinado con esta otra obra. 

Pinter escribe obras directas y dañinas, como la que hemos visto hoy. La historia es sencilla. Ben y Gus despiertan en una especie de sótano, una habitación oscura, insalubre. Han ido hasta allí para hacer un trabajo, esperan órdenes y mientras charlan. Su espera no es tranquila, su conversación no es amigable y su trabajo no se podría calificar como "del montón". Estas circunstancias hacen que la situación vaya empeorando, la relación se va tensando cada vez más, llega al punto de estallar. 
Ben y Gus son sicarios, han sido llamados para un nuevo trabajo y esperan recibir las ordenes finales  de la operación. Pero Gus desconfía, está nervioso, se replantea lo que hace, qué es de los asesinados, no puede parar quieto, no es capaz de quedarse callado, siente que algo no va bien. En cambio Ben ejecuta el trabajo sin dilación, no piensa, acata únicamente. Y cuando Gus plantea sus dudas, Ben le critica, le grita, le calla para no tener que aguantar ninguna insolencia más. No acepta esas dudas en él. 
A su vez Ben y Gus mantienen una relación de dominante y siervo, casi rozando la esclavitud. Ben no se mancha las manos, para eso está Gus, enviado como avanzadilla ante cualquier peligro. Se han acostumbrado a esta situación y Gus la suele aceptar pero a veces se rebela contra su compañero. Éste, sabedor de su poder, acaba siempre imponiéndose a través de gritos.
De repente, un montaplatos baja al sótano y reclama platos de comida. Ben no se pregunta nada, sólo acata, mientras que Gus ve en esto un juego perverso orquestado por su jefe para desconcertarles, volverles locos. 
Y sin posibilidad de discusión, Gus vuelve a doblegarse y ambos intentan suministrar toda la comida existente, como respuesta a la petición del montacargas. Como si cualquier orden tuviera que ser resuelta, ya sea matar o enviar galletas. La desesperación crece y Gus está al borde del shock, grita, suda, deja de obedecer a su compañero, tiene miedo. Sale de la habitación buscando algo de calma. 
En entonces llega el momento esperado, la orden, la víctima va a entrar en la sala, pero aún Gus no ha vuelto. Y es que es Gus la próxima víctima.

La obra es así de corta, el argumento es sencillo, quizá demasiado para lo esperado. He visto piezas mejores de este autor, quizá el problema esté en la forma de representarla, una obra larga es poco conveniente. Y como solución para que luzca más, parece que la han prolongado, de manera bastante forzada. Como ejemplo, los primeros diez minutos transcurren a oscuras, la única acción es que los personajes se están despertando. El cuerpo de la obra se extiende demasiado y sólo no llega al aburrimiento porque la interpretación de los actores es magnífica. Willy Toledo me ha sorprendido especialmente. Da la impresión de que para la alargar la obra, la compañía ha añadido temas de conversación que no pertenecen al texto original, noticias del periódico, partidos de futbol del Zaragoza, encender la cafetera...

Por otro lado decir que la obra se disfruta, los actores consiguen hacernos reír con su diálogo a pesar de la tensión que se respira, y sin recurrir a las típicas bromas. Sólo con la forma de decir su texto llegan a arrancarnos sonrisas.  

Y como detalle diré que pasó de todo: un espectador hablando por teléfono, otro que decide abandonar la actuación atravesando el escenario, Willy Toledo echa a reír sin poder parar, las primeras filas aprovecharon para dormir. Parece que nos sigue faltando consciencia de lo que significa ir al teatro.