sábado, 23 de noviembre de 2019

OLAS DE SILENCIO

Hay momentos que son para ir al teatro, en los que irremediablemente necesito sanarme viendo una obra. Cuando pasa el tiempo y no piso una sala, vivo intranquila esperando el momento en el que se apagan las luces y todo empiece, sé que algo me falta y necesito volver a las tablas días seguidos, y así curar mi adicción. 

Hoy necesité de teatro. No tenía en mente ninguna obra así que la busqué rápidamente, muchas de las interesantes ya habían empezado cuando vi que necesitaba ir.

Esta obra sonaba medio bien, exactamente sonaba bien y mal. En el lado interesante encontré que se trataba de teatro inmersivo, no sabía de qué iba esto pero me pareció muy apropiado. En el lado descorazonador, que sus actores eran los alumnos del curso de teatro impartido en el centro, es decir, aficionados. He visto grandes obras de escuelas de teatro (mi primer y mejor Hamlet fue interpretado por alumnos de la escuela de interpretación de Málaga) pero aquí sentí que no iban a ser geniales aficionados.

Pero allí estaba ya, sin pensármelo, enganchada al ritual del teatro. 
El folleto es difícil de entender pero hay dos palabras que me hacen confiar: Harold Pinter. Son tantas las obras que he visto, tanto lo que me ha rondado en la cabeza originado por sus argumentos, tan variado, que creo que voy a disfrutarlo. 
Entramos a la sala y nos invitan a ocupar los asientos distribuidos en el escenario, son pocos, sólo 12. El resto del público ocupará las butacas de la grada. Me animo a la primera fila de la grada y como con un resorte salto empoderada a por uno de esos exclusivos asientos. Hoy quiero participar, siento esa fuerza, esa valentía. 

Tan pronto como empieza la obra, de una en una cuatro personas que ocupan asientos se lanzan a correr, gritar, aparentar una locura. Aquí empiezo a asustarme porque dudo si yo también tengo que hacerlo. Pero las cosas empiezan a tomar su curso. Una de las actrices nos interpela, especialmente a mí, me pide que le dé la mano pero acto seguido otro actor se lanza contra ella, instantes después me hacen cambiarme de sitio... Me pregunta si creo en algún Dios, a otros si matarían en su nombre. En estos momentos no lo sabía pero creo que era la única persona entre el publico que no era amiga de los actores. Eso da un punto extra a la actriz que no fue a lo fácil, a buscar la complicidad de un amigo sino la intervención de una extraña. 

Los personajes son histriónicos, la chica, se encuentra dolida y rabiosa e interroga a los otros personajes. Les venda los ojos y les maneja conforme a sus órdenes. Pregunta al chico, González, si le respeta, pregunta que me pide que yo le repita. Éste se ríe cortadamente, no sabe ni qué contestar. No sabe ni qué decir sobre el hijo que engendró en ella hace años. Es una lucha encarnizada de reproches y silencios. Miércoles, que es como se llama la chica, desespera con la apatía y desinterés de él. 



En el segundo acto retiramos las sillas y las pegamos a la pared. Abandonamos ligeramente el centro de la escena. Hemos retrocedido 8 años en la historia. Aquí una chica llamada Urraca  adora la constitución  y repite sus textos, párrafos y capítulos como en el éxtasis de la oración religiosa. Un hombre aparece con un maletín y cuenta que viene a reclamar que se acabe la Navidad, ya que su madre es muy infeliz porque las ventas en su sex-shop bajan mucho en esa época. Aprovecha para explicar que toda su familia se ha dedicado a ese digno negocio, tanto en barra americana como en salas de exhibición y quiere que sus dos hijas continúen la saga. La congresista, Urraca, huele el maletín y ya no es capaz de separarse de él, por la rendija esnifa como una adicta  el material que lleva dentro. Intenta convencerle para que se lo entregue, se lo quita, esconde, roba, todo vale para hacerse con él. 

Los otros actores se han unido como público entre nosotros. Critican la representación, no les está gustando nada. Así que se monta una pequeña trifulca en la que se enfrentan la chica del publico y el actor. Ella dice ser mucho mejor que él representando ese papel y consigue hacerlo. La lucha se resuelve con una votación del publico y aquí llega algo muy curioso: el combate dará lugar a dos posibles finales en función de quién sea el vencedor. Si gana el chico veremos la versión más purista de Harold Pinter (que ya es decir!!) basada íntegramente en sus textos. Sin embargo, si gana ella asistiremos al Pinter más gamberro y abierto. 
Y el ganador es... la chica. Así que  si la obra no era suficientemente libre e interpretable, le vuelven a dar una vuelta de tuerca. 

El tercer acto será un mes antes del segundo, y aquí veremos el momento en que los cuatro personajes se conocen. Miércoles, Urraca, Gonzalez y Pérez. Este último tiene una tienda china y se hace pasar por ciudadano pequinés, aunque no lo sea, invitando a todos a entrar a comprar. Miércoles y González retozan y no hacen caso de las quejas de Pérez por lo sucio que está todo. Urraca llega a la tienda, obsesionada como siempre. Miércoles descubrirá que se ha quedado embarazada de González y lleva dentro un hijo, que es el que le echará en cara ocho años después, como hemos visto en el primer acto. 

Y esta es la historia o lo que yo he podido sintetizar de lo visto. Y una vez contada, decir que la representación va hacia atrás en el tiempo, como en la gran TRAICIÓN de Pinter. 
Para entender algo más habrá que leerse todos los textos originales en los que se basa esta composición: "ashes to ashes", "interview", "one for the road", "Dialogue for three", y "applicant". 

Y una vez acabado, el director y los actores se sientan delante nuestra para que les preguntemos, dialoguemos. Nos explica que la obra de teatro inmersivo no busca tanto la compresión a través del texto, sino conseguir transmitir sensorialmente y buscar el desarrollo cognitivo. Todo esto se consigue estimulando las neuronas espejo en el público y cambiando lo que esperamos que pasará, rompiendo lo previsible para generar esa provocación que toque la sensibilidad del público en todas sus caras. 

Y quizá lo hayan conseguido, porque, como decían, quizá no hayamos entendido las historias, pero si hemos sentido, el objetivo está cumplido. 

viernes, 25 de octubre de 2019

¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT?

Hoy al teatro Español iba con un grupo de amigas no tan asiduas a estos lugares así que elegí unos buenos asientos para dar la mejor imagen del lugar y de la obra y lo más importante: una obra que sería éxito seguro. 

Marga y Juan Andrés cenan tranquilamente en el salón de su casa. De repente suena un teléfono y empiezan a buscar por todos lados su origen, ya que ellos no tienen instalado ninguno en casa. El marido lo encuentra y descuelga, atendiendo una extraña llamada que pide hablar con el señor Schmitt. Tras colgar después de una airada conversación pregunta a su mujer qué hace un teléfono en su casa. Ella contesta que no tiene nada que ver y automáticamente se percata de que el salón está totalmente cambiado y ninguno de sus objetos se encuentran allí. 



Los dos quedan estupefactos y no se explican lo que está ocurriendo. Deciden llamar a la policía utilizando el extraño teléfono aparecido, pero al marcar el 112 hablan con la protectora de animales que se niega a facilitarles en número de la policía de... Andorra!!!! Una nueva llamada a información para averiguar el nuevo numero de la policía les lleva a una conversación con otro extraño personaje que solo colabora a aumentar el caos del matrimonio. 


Cuando intentan salir de casa descubren que su llave no abre la puerta y están encerrados. Están viviendo una pesadilla para la que no encuentran ninguna explicación.
De pronto se abre la puerta desde fuera, el portero viene acompañado de un policía. Éste quiere comprobar si las personas que están allí son los dueños de la casa o la han allanado. 


Pregunta por sus identidades y estos contestan inocentemente con la verdad. Rápidamente el policía les apunta con una pistola y les amenaza diciendo lo mal que se las gastan con los ladrones allí en... Andorra!!!




 Así que instintivamente los dos responden afirmando que son los señores Schmitt. El policía no quedándose tranquilo intenta pillarles y les hace más preguntas, como sus nombres. La indignación de Juan Andrés es tremenda, sin embargo Marga opta por seguirle la corriente y simular que es quién esperan que sea.
El interrogatorio a los personajes es muy ágil y divertido, las continuas meteduras de pata de Juan Andrés son salvadas por su mujer que consigue reencaminar el dialogo. 


Finalmente el policía se va de la casa después de anunciar que serán investigados y que tienen que permanecer dentro de la vivienda. 




Tan pronto éste sale el matrimonio pacta hacerse pasar por los Schmitt, llamarse por sus nuevos nombres, Enrique y Mónica, y adoptar su nuevo roll, al menos hasta que puedan salir de allí. Ella le insiste en que deben de ser peces, que se dejan llevar por la corriente y no salmones que intentan luchar contra ella. Cada vez que él duda y la mira, ella mueve la mano como un pez en el agua. 




Al amanecer del día siguiente llaman a la puerta y aparece un psiquiatra que viene a evaluar el estado psíquico de la pareja. Juan Andrés ha pasado la noche levantado revisando papeles e indagando en su nueva identidad. Ha descubierto que hay ciertas similitudes entre el tal Enrique Schmitt y él, Juan Andrés Carnero. Desayunan lo mismo, ambos son médicos aunque él es oftalmólogo y en su nueva identidad es dermatólogo. El psiquiatra con sus preguntas consigue sacar de sus casillas a Enrique-Juan Andrés, que dice todo tipo de barbaridades, como que ametrallaría a todos sus pacientes con esos granos sebosos, o que le va el porno y los rabos. 



Su mujer está horrorizada de escuchar tantas barbaridades y decide retirarse. La siguiente prueba para evaluar el estado del médico es coger una pelota que el psiquiatra le lanzará. Él se obsesiona con la prueba, discute con el lanzador, se burla de él cuando la coge... Entra al trapo de todo lo que el experto le pide. Las nuevas preguntas sobre sus datos personales las "resuelve" con la ayuda de su mujer y del DNI de Enrique Shcmitt que misteriosamente ha aparecido en el bolsillo de su abrigo.


Cuando se marcha la mujer le echa en cara todas las barbaridades que han salido de su boca, sin embargo él explica que se burlaba del médico, sin entender la magnitud del problema en el que están metidos.

El policía vuelve a aparecer para explicar el avance que han tenido en la investigación, les comunica que han encontrado a su hijo, Carlos. La estupefacción se muestra en sus caras y nuevamente las preguntas del policía muestran que no tienen ni idea. La edad del ¿niño?¿hombre? oscila entre 12 y 20, que son las respuestas de los supuestos ambos progenitores. 





Cuando el hijo entra en la casa, se trata de un hombre negro!!! Mónica se lanza sobre él, le besa le abraza, es feliz de volver a verle y le dice que la reconozca como madre y le dará lo que él quiera. Entonces Carlos la llamará mamá. A continuación le pide que también salude a su padre que no ha mostrado ninguna efusividad, pero el hijo contesta que ya no es su padre. El policía intenta detener a Juan Andrés y éste se indigna por su ignorancia y explica la diferencia entre "no es mi padre" y "ya no es mi padre". El debate léxico da para mucho y al fin Carlos admite que es su padre. El policía se lleva a Carlos para interrogarle a solas y en ese momento Juan Andrés aprovecha para felicitar a Marga por su gran actuación. Pero Marga ya no es su Marga sino Mónica, la otra, la suplantada. Mónica no sabe de qué le habla Enrique, Juan Andrés no entiende qué le pasa a Marga... Ahora Juan Andrés se siente totalmente pedido y solo.  



Juan Andrés se queda a solas y vuelve a aparecer el psiquiatra pidiendo hacerle una prueba más, sencillamente andar en línea recta. Juan Andrés accede para quitárselo de en medio, y al hacerlo el psiquiatra descubre el auténtico problema que tiene Enrique: tiene doble personalidad y camina junto a Juan Andrés. Todo empieza a rechinar, nada encaja... Éste solicita hacer una llamada y marca el número de su consulta para hablar con Juan Andrés. Éste se lo coge. Él empieza a compartir datos de su vida, de su infancia, información que nadie conoce más que él y al otro lado alguien escucha atento. Pero cuando le dice el número de pie éste lo niega, no tiene un 39 sino un 40. 
Juan Andrés desiste, acepta que ya no es el que creía ser y a partir de ahora será Enrique. 

Días después el matrimonio Schmitt se dispone a cenar tranquilamente con su hijo Carlitos. Enrique quiere saber que piensa su familia de él. Con tono irónico hace comentarios a sus compañeros de cena. Su mujer le comenta que es una persona luchadora, admirable, trabajadora. Sin embargo su hijo le habla sinceramente, le explica el ser despreciable que es. A Juan Andrés no le queda nada más por lo que luchar, escribe una nota, se retira a su habitación y se pega un tiro para acabar con el horror en el que está encerrado. Su pregunta es la última oportunidad para intentar adaptarse a ese mundo que no siente y que no quiere, en la nota dejó escrito que él era salmón. 




La historia habla de cuál es nuestra posición ante la vida, si somos como los peces que se dejan llevar por la corriente y hacemos aquello que se espera de nosotros o nos arriesgamos a luchar aunque sus consecuencias puedan ser la soledad y el rechazo. 

La obra está llena de simbolismo, muchos pequeños detalles cuentan y complementan la historia de diferentes maneras. Cada día que pasa cambia la posición de la puerta de la entrada de la casa, avanza, se desplaza de izquierda a derecha, son pasos que sus mentes van asumiendo, aceptando y transformándoles, en algunos casos sí, en otros no. 




El humor absurdo no es tal humor, no es simple, Ionesco es elaborado, rebuscado, roza la crueldad de Artaud. La historia cala de forma mucho más profunda porque después de reírnos sentimos la atrocidad que hemos cometido, abandonando al indefenso, al ser que se vio solo. Pero no somos bárbaros, simplemente tenemos miedo de vernos como él, señalados, acusados, abandonados. 



domingo, 13 de octubre de 2019

RICARDO III

Todo apuntaba a que no íbamos a ver una obra convencional y ortodoxa, una adaptación fiel a un texto de William Shakespeare. Algunas referencias hablaban de atemporalidad con guiños a situaciones actuales. El Ricardo III que hemos visto más allá del clásico permite entrever las referencias a la historia reciente, que bajo mi opinión no hace otra cosa que aumentar la validez de la representación.

Comenzamos asistiendo a las reflexiones de un dictador en el que yo creo recordar a Stalin. Explica el papel de la sociedad como una profunda incoherencia, que se sostiene como ejemplo del absurdo del ser humano. La sociedad se crea con el objetivo de un fin común mejor, pero sus integrantes solo buscan el bien individual y la mantienen simulando un falso altruismo.

Hechas las referencias al siglo XX y su similitud con el mundo real, pasamos a ver Ricardo III. 
En el reino de Ricardo las guerras han sido durante los últimos tiempos el estado natural. Todo es más fácil cuando las familias de York y Lancaster luchan defendiendo unos colores y el bando contrario es fácilmente identificable. Pero una vez llegada la paz el enemigo no es tan visible y en todos los lugares puede encontrarse.

El rey Eduardo, de la familia York, pide la paz y el trabajo en equipo para resolver los conflictos del pasado. Sin embargo acaban de salir a la luz unos papeles que implican a su hermano Jorge en negocios turbios, su inicial, J., está en las anotaciones. Para limpiar la imagen Eduardo manda encarcelarle en la torre del Palacio. Él, el rey, está enfermo y su mujer Isabel, una plebeya, teme por su futuro, ya que se ha acostumbrado a ocupar el buen cargo de reina.  



La reina Margarita es la representante viva de mayor grado de la casa de Lancaster, su bando es el perdedor, frente al de Eduardo padre, ya difunto. Margarita perdió a su marido Enrique VI y a su hijo, e Isabel también pertenecía a sus filas, la que está ahora casada con el rey Ricardo, del bando contrario. Margarita aparece para maldecir a toda la familia, premoniza que no tendrán descanso, todos caerán igual que los suyos perecieron.



Todos los personajes que vamos conociendo se mueven por su afán de poder, su lucha por conservarlo por encima de cualquier persona y cualquier situación y por la avaricia. Pero por encima de todas ellas destaca el personaje de Ricardo III, el tercer hermano del rey Eduardo. Aquel que pese a quién pese busca ostentar el poder sin mirar si los perjudicados son de su familia o no. Cuenta con un arma muy poderosa, su capacidad de convencer y envaucar aunque todo sea una pura falsedad. A pesar de ser un jorobado, un tullido, hazmerreir de todos, consigue tornar la risa que provoca en horror. 




En el lecho de muerte del hijo de la reina Margarita, Ricardo convence con artimañas a su mujer Ana para que se case con él, así consigue afianzar su Reino uniendo a parte de las tropas del enemigo. Cuando Ana deja de interesarle acaba con su vida, pero antes Ana le dirá lo desdichada que ha sido desde que se unió a él. Ella pronunciará las palabras "mañana en la batalla piensa en mí y caiga tu espada sin filo", haciendo referencia a todos los muertos que fue dejando por el camino y que siempre le acompañarán y atormentarán. Ricardo III ordena el asesinato de su hermano Jorge, que fue encerrado en la torre por aparecer en los papeles, cuando el rey iba a indultarlo. Ricardo siembra la desdicha y el horror por donde quiera que va, colabora en la muerte de su hermano el rey. Acaba con primeros ministros, caballeros y señores en cuanto dejan de serle útiles para sus fines. 

Su última demencia será solicitar a Isabel casarse con su hija, una niña, para así asegurarse el trono, tras haber acabado con su hermano mayor, que se convirtió en heredero debido al fallecimiento del rey Eduardo. 



Ricardo III parapetado de su muleta recorre el escenario haciendo de maestro de ceremonias, acompañado de un micrófono con el que dará su show, el papel que viene representando años. Ese tullido vive en una continua guerra y no quiere apearse de ella, fuera de la contienda no sabe actuar, la lucha pierde su sentido. 



Sus acciones solo consiguen que todos acaben uniéndose contra él, la batalla vuelve a empezar, pero esta vez hasta sus más fieles le acaban abandonando al ver que en Ricardo nunca tendrán a un líder sino a un ser enfermo y soberbio a partes iguales. 

Cuando todos van hacia él, enemigos y fantasmas del pasado, Ricardo proclama la más famosa frase: "Mi reino por un caballo". Sólo desea continuar la lucha. En esa batalla, la de Bosworth, caerá. 

Esta representación de Ricardo III hace referencias continuas a tantos dictadores que han sido los tristes protagonistas del siglo XX. Incluso Franco en su lecho de muerte hace un cameo, como marido de Ana y rey de la casa de Lancaster.
No hay atrezzo del siglo XVII, no hay escenario, no hay referencias a la época victoriana porque todo sigue vigente, es más vigente que nunca. 

El miedo como única forma de imponerse, la soberbia, la maldad más pura, nos llevan acompañando toda la historia y sin embargo cada cierto tiempo nos tienen que recordar cómo tergiversan nuestra verdad para hacerse con el poder y tenernos de su lado.

Obra muy interesante para reflexionar y buscar las similitudes con las noticias de nuestro día a día. 






sábado, 21 de septiembre de 2019

EL SIRVIENTE

Volver al teatro español a disfrutar de una obra con un cartel imejorable es un clásico. Aunque soy reacia a acudir a ver las que cuentan historias que en el pasado fueron llevadas al cine con mucho éxito (me parece una perdida de tiempo copiar un guión cinematográfico), esta vez el reparto y la falta de tiempo para ponerme al día y encontrar algo más original, me hicieron decidirme por este teatro. 

El sirviente es la histroria de un joven acomodado y cómodo que vuelve a su ciudad natal, Londres, después de haber estado en primera línea de combate durante la segunda guerra mundial. Ha luchado contra la fuerza militar afrika korps, a las ordenes del mariscal Rommel, y demasiados horrores le han dejado marcado. Ahora en Londres sus contactos le intentan ayudar para que vuelva a recuperar su vida, así que le facilitan una entrevista para trabajar en la City. 

A su llegada le reciben sus personas más queridas, su novia Susan y su gran amigo . Éste último volvió de la guerra un tiempo antes que él y para ayudarle en su reinserción a la vida normal le ha alquilado un apartamento y buscado un sirviente que le ayude con la casa. 

Barret es el mejor en su profesion y así lo demuestran sus credenciales. Por este motivo ha sido elegido para servir al joven Tony. Éste le da instrucciones muy claras de lo que necesita: alguien que decida y resuelva en todas las cuestiones relativas a la casa y que no le moleste. Tony se ha convertido en una persona despreocupada, alcoholizada y vaga así que sin darse cuenta cada vez dejará que su sirviente ocupe más y más espacio en su vida y se haga imprescindible. 

Durante una pequeña enfermedad Tony permanece en casa alargando la convalecencia y dejando que Barret le mime. Esta actitud no gusta en absoluto a su novia que preferiría que saliera de casa a luchar por su futuro. Cualquier decisión pasa por las manos de Barret que aprovechando las circunstancias se toma la libertad de disponer en lugar de transmitirlo a su señor. 
Poco a poco los papeles de ambos van cambiando. Tony empieza a mostrar pavor de molestar a Barret y que este amenace con irse, así que le trata con sumo respecto y miedo, incluso cuando éste se ha propasado en sus tareas.


Barret aprovecha su situación privilegiada para pedir a Tony que su sobrina venga a ayudarle. A Tony no le hace ninguna gracia pero acaba aceptando. La joven Vera se instala en el sótano de la casa días después. Una noche de borrachera Tony y su amigo bajan a la cocina y se encuentran a la chica. Su recato inicial se va convirtiendo en insinuaciones y acercamiento para el que Tony no estaba prevenido y acaba cayendo en las redes de ella. Su tío, que supuestamente estaba fuera disfrutando de su día de libranza, sale de la habitación cuando la chica por fin se queda sola, y le felicita por lo bien que ha salido todo. 

A partir de aquí Tony solo vivirá para estar con la chica, aprovechará cualquier momento de salida de Barret para irse con ella. El resto le da igual, su novia, el trabajo, los amigos... Pero la supuesta sobrina tampoco lo es, ya que realmente es la amante de Barret y todo es una trama montada por éste para poder meterla en la casa.
Un día que Tony ha salido y vuelve a casa inesperadamente con Susan y su amigo, descubre que Barret y la chica estaban divirtiendose en su cuarto. Barret al verse pillado confiesa toda la verdad: su relación con Vera y su conocimiento de que Tony se acuesta también con ella. Y todo esto delante de su novia que abandona la casa llorando acompañada por su amigo. 


Tony se queda totalmente solo, su aspecto y su vida son deplorables, pasa el día bebiendo encerrado en una casa que es un estercolero. Meses después su buen amigo reaparece para pedirle perdón por no haberle ayudado cuando le vio sumido en esa trampa y le explica que lo hizo pensando que así él tendría posibilidades con su ex novia. Pero con el tiempo ha comprobado que ella no puede olvidarle así que vuelve para remediar lo que no hizo bien. De pasada comenta que estuvo buscandole en el bar y allí encontró a Barret. En ese momento Tony vuelve a ver la luz, necesita a su sirviente a su lado. Su amigo no da crédito a lo que oye pero Tony está ciego. Tony queda con Barret y le pide que vuelva a la casa. Éste le explica que más allá de sus atribuciones como sirviente puede generarle otros beneficios y pasa a presentarle a Mabel, que es Vera en un nuevo juego. 

Temporalmente todo vuelve a ser como antes, pero ya con las cartas encima de la mesa la relación de tres empieza a enrarecerse muy rápido.  Barret se mofa de Tony por su inutilidad y dependencia, sabe que es un pelele en sus manos. Incluso un día que este baja a la cocina le insulta, le humilla y ataca llegando casi a asfixiarle. El amigo llega en ese momento y en un intento desesperado intenta llevarse a Tony, librarlo de esa red que le tiene atrapado y que va a acabar con él. Pero Tony ya estaba perdido desde hace mucho, y el único camino que es capaz de hacer es el que le lleva a la habitación donde le esperan Barret y Mabel. 



La obra es un continuo juego de seducción posesión y humillación. Las relaciones personales que al principio eran fácilmente identificables como sanas se van deteriorando, corrompiendo y los personajes eligen esos caminos que les condenan. La manipulación es el arma que utilizan para hacerse con el control y romper con el orden establecido, el de las clases dominantes. El sirviente acaba siendo el amo y señor, imponiendo su decisión ante todo. 

La historia está muy bien contada, consigue meternos en ese ambiente asfixiante en el que nos vamos ahogando poco a poco sin remisión. El escenario en cambio muestra el orden inverso, al comienzo se trata de una casa vacía e inhospita que se va transformando en un hogar gracias a Barret. Pero cada pequeña mejora que hace en la casa sólo sirve para atar y dominar más a Tony y a todos los que nos hundimos con él. 


viernes, 28 de junio de 2019

LEHMAN TRILOGY. BALADA PARA SEXTETO EN TRES ACTOS

Hace más de un año que oí hablar de esta obra y empezó a interesarme. De ella me atraían su reparto, Víctor Clavijo como actor, Sergio Peris-Mencheta como director, y su puesta en escena tan variada y variopinta.




La obra es mucho más de lo que puede parecer a priori. No solo tendremos música en directo, canciones, show, también vamos a recorrer una parte de nuestra historia, de nuestro pasado y presente.

Lehman trilogy es la historia de la familia Lehman en tres actos. Habla de su largo ascenso y su caída final.
El apellido Lehman pertenece a una familia de judíos alemanes y esta obra comienza con el primer miembro que viaja a Estados Unidos a hacer fortuna. Henry Lehman es el hermano mayor que llega a Nueva York en barco y se establece en Alabama, fundando un pequeño negocio de ganado.Sus hermanos harán este mismo camino pocos años después y se unen a su empresa. Henry aporta el cerebro, Emmanuel  el brazo y Mayer la "patata", como ellos mismos dicen, para formar un trío que dará pie a una saga invencible.

El negocio inicial va bien, pero debido a las dificultades de pago de algunos de sus clientes, deciden aceptar el cobro recibiendo una parte del algodón que producen, lo que debido a la elevada subida de su precio les permite aumentar una buena parte su capital. Se han convertido en intermediarios. Por supuesto se trata de la época previa a la guerra de secesión, en un territorio del sur donde la recogida del algodón es totalmente realizada por esclavos.

Unos años después sufrirán un episodio desafortunado que les llevará a dar un giro total en su empresa. La nave en la que se guarda el algodón/ganado se quema, perdiendo toda su materia prima. Desde ese momento decidirán cambiar y dedicarse al préstamo de dinero a otros empresarios de ganado.

Pronto encontrarán que su mercado se diversifica y entran también en el negocio del café y su nombre y posición empieza a sonar en todos sitios. El precio de venta de los productos oscila, sube y baja, se cotiza en las casas de comercio, donde no se ve la materia prima, solo se opera con números, es el comienzo de la bolsa. Todo esto empieza a surgir en Wall Street, en Nueva York, a donde se ha desplazado uno de los hermanos cuando el mercado ha girado hasta esta zona de la costa este de Estados Unidos. Allí se instala en Liberty St, en el mismisimo futuro centro financiero mundial.




Cuando estalla la guerra civil su mercado se amplía y verán la gran oportunidad en la construcción de vías férreas. 

Otra gran familia de emigrantes, los Goldman Sachs son sus mayores rivales, pero el negocio y el dinero están por encima de todo así que deciden aliarse para convertirse en un banco de inversión y meter a nuevas empresas a cotizar en bolsa. Esto ocurre a principios de siglo cuando el hijo de Emanuel, Philip trae nuevas y modernas ideas.

La primera guerra mundial es otro nuevo momento de expansión y apertura de nuevos mercados que los hermanos aprovechan especialmente.

Cuando llega el crack del 29, ese jueves negro en el que durante horas decenas de banqueros se suicidan, Lehman confía en resistir. Sabe que solo caeran los primeros y los que aguanten saldrán reforzados. Unos años después aparecerán las agencias de calificación como Standard & poors, que darán la mayor confianza al imperio creado por los tres hermanos.

En los siguientes años los Lehman entrarán en todos los negocios que le se presentan y que con su mejor olfato presienten exitosos: petroleo, guerra, cine, ordenadores, . El nieto de los tres hermanos es ahora la cabeza del banco de inversión. Pero no sólo se trató de olfato para reconocer los grandes negocios, también se mueven los mercados para producir la necesidad en todos los mortales y así seguir aumentando la caja de los Lehman. El capitalismo es una creación de los poderosos para que entre todos mantengamos la máquina funcionando, su maquina. 

Los Lehman dejaron de dirigir el banco años atrás, aunque el nieto Robbie sigue al frente en las decisiones, el capital es en buena parte de los accionistas. 

Con las hipotecas impagables, Lehman crea un nuevo negocio en el que divide y reparte entre todos lo que no va a ser recuperado. Y esto lleva a la gran crisis de 2008, al final del banco, que en esta ocasión fue el primero en caer. En este momento vemos como todos los grandes dirigentes del banco aparecen para asistir al final de su gran obra.




Y hasta aquí la historia que nos cuentan, que en cierto modo podría parecer hasta repetitiva, tema recurrente en películas recientes, obras, libros... 

Pero la mayor originalidad de este espectáculo es la forma en que nos lo cuentan. Los actores son narradores, y personajes, no sólo hablan, también cantan y tocan instrumentos, bailan, construyen la obra con infinidad de recursos. Todo encaja milimétricamente para que desde la cuarta pared veamos una coordinación perfecta, un juego de actores moviendose y ocupando en cada momento su personaje. 

El escenario se transforma poco pero lo suficiente para saber dónde estamos, los personajes se visten pero poco, para que reconozcamos quién viene a visitarnos. Una plataforma giratoria trae y lleva objetos y personas, les conduce hacia su nuevo cambio y nuevo papel. 

Nos hacen reir, nos hacen imaginar, nos obligan a estructurar en nuestra mente tantos acontecimientos ocurridos, nos hacen dudar de la realidad en la que vivimos, nos maravillan con su perfecta actuación llena de matices, de momentos geniales, nos hacen participes con sus carteles que nos indican lo que debemos hacer.




Dificil olvidar una obra así. 












sábado, 18 de mayo de 2019

SHOCK. EL CÓNDOR Y EL PUMA

Hoy asistimos a una obra de teatro, sí, pero realmente se trataba de un ensayo de nuestra historia y vida desde los años 50 del siglo XX hasta la actualidad.
Hoy nos hemos sentado frente a una historia conocida pero no por eso menos dolorosa, nos hemos situado frente a nuestro pasado y lo que es peor aún, frente a nuestro presente.

Hoy la historia llama a nuestra puerta y nos presenta como seres vulnerables, maleables, seres indefensos ante lo que dictan gobiernos y grupos de poder.


El teatro Valle Inclán siempre es experto en buscar temas que nos remuevan, que nos saquen de nuestra tranquilidad y de nuestro confort.

Hoy lo consigue una vez más CON este teatro incitador, teatro transgresor de Andrés Lima.

En general la obra quiere exponer demasiadas ideas, especialmente al principio, lo que resulta desbordador y da una idea de inconexión y con los que no es fácil seguir el hilo y captar nuestra atención.

Comenzamos escuchando hablar de la doctrina del shock del economista Milton Friedman, ésta postula los principios del neoliberalismo y el capitalismo. Friedman será premiado años después con el mayor galardón, el Nobel de economía. Éste instaura la sociedad neoliberal, que sigue siendo el paradigma 70 años después de su proclamación. Basa sus principios en tres puntos: los mercados tienen que ser libres, los gobiernos no tienen que ser dueños de ninguna empresa que pueda ser rentable y los beneficios sociales deben de dejar de existir. Los principios son los fundamentos de la economía que posteriormente arrasó en el mundo. Para conseguir imponer este sistema en cualquier sociedad tiene que darse un shock.
Ese shock del que habla esta teoría es equivalente al que puede sufrir una persona de forma natural o forzada bajo tratamiento de electroshock. Ese mismo impacto a nivel nacional o mundial es el que sufre toda una población cuando es golpeada y pierde la consciencia, quedando inutil para pensar y decidir libremente. Este momento es aprovechado por sus planificadores para arrasar con todo, tomar medidas en su beneficio sin ninguna oposición.





Aunque pueden ser muchos los países en los que veamos su aplicación, la obra se centra en el primer caso en que se aplica esta teoría, el más evidente y terrible, el de Chile. En los años 60 un movimiento comunista está tomando fuerza y con un carismático líder aparenta ser imparable. Estudiantes contrarios al régimen irán a la universidad de Chicago, donde se encuentran con Friedman y sus teorías y desde allí comenzarán a organizar el fin del gobierno de izquierda de su país. 




Estados Unidos con su presidente Nixon orquesta estos movimientos, plenamente convencido de que estos partidos deben de ser cortados de raíz, años después estos acuerdos y maniobras recibirán el nombre de operación Cóndor. EEUU adiestra a los ejercitos de los países iberoamericanos en la universidad americana situada en Panamá. El golpe de estado no se produce como un levantamiento limpio del ejercito, sino como una maniobra decidida mucho antes de que Allende fuera presidente. 

Sus últimas palabras desde la casa de la Moneda horas antes de morir son la sentencia y el resumen de su lucha, su confianza en que el hombre y el tiempo sabrán poner en su sitio y devolver la dignidad que nos han arrebatado.




Así momentos antes de morir Salvador Allende enuncia el siguiente texto, incluido en la obra como un fragmento de teatro verbatim:
[...]
Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
[...]
se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Los días, meses y años posteriores al golpe de Pinochet serán un cúmulo de intereses, en los que el dictador no sólo no es rechazado por otros países, sino que es recibido y agasajado por jefes de estado. 





Los primeros años son de represión, torturas, desapariciones, fosas comunes, vuelos del avión PUMA para deshacerse en alta mar de personas no afines al régimen que han sido sedadas. Esos lugares que albergaron a presos políticos nunca volverán a ser sitios de recreo, estudio, ocio, para siempre irán acompañados de las almas de todos los que allí sufrieron. La Escuela Mecánica de la Armada, el Olimpo, el Club Atlético, el campito... y decenas más en Argentina, o el estadio nacional, Villa Grimaldi en Chile, y tantos otros centros clandestinos de detención de Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Nicaragua, Panamá, Perú... Asistimos al asesinato de Víctor Jara en el Estadio Nacional. Los países operaban conjuntamente apoyados y adiestrados desde EStados Unidos, mientras que el pueblo se desangraba y buscaba a sus familiares, como las madres de la plaza de mayo. 



Conocer la historia no suaviza los sentimientos de impotencia ante los testimonios. Junto al dolor, el pueblo también olvida y disfruta de un mundial celebrado en Argentina en 1978 donde su dictador, Videla, es el principal embajador. "Al pueblo pan y circo", pero el dolor no se puede esconder para muchos. Líderes de todos los países son fotografiados con Videla. El país celebra la victoria de Argentina en su mundial y el gol de Hermes, a la vez que sigue torturando, reprimiendo y escondiendo la verdad de los desaparecidos.


La operación Cóndor ha sido todo un éxito, Sudamérica ha erradicado esos regímenes prosoviéticos, procastristas casi al completo.

Pasados los años llega el día en que los dictadores abandonan su cargo y salen por la puerta grande, perdonados por los nuevos gobiernos. Pinochet, que prestó su ayuda a Margaret Thacher en la guerra de las Malvinas, es acogido en el Reino Unido como un cargo importante. La dama de hierro hacen declaraciones en su favor como símbolo sin tener en cuenta todo el horror que habían dejado atrás. Incluso, cuando España intenta extraditarle por crímenes de lesa humanidad cometidos en su país, Gran Bretaña lo evita. Finalmente Pinochet morirá sin ser juzgado pero con testimonios públicos de los horrores cometidos. 



De todo esto parece que hemos aprendido, que sabemos distinguir y que somos capaces de evitar este shock, que no volveremos a equivocarnos y a dejarnos confundir. Y cuando creemos tener la lección aprendida, nos volvemos a ver atacados por el presente, por esa mujer siria a la que caen bombas y que no encuentra a su hija. Y tomamos consciencia de lo infinitamente diminutos que somos. 


Junto a esta historia principal nos hablan de todo el desarrollo militar que hay gracias a las 



No hay saltos en el tiempo, la historia es lineal y se para en aquellos momentos más relevantes para explicarnos las claves de nuestra historia.

Cada actor representa a un mínimo de seis personajes y cada cambio se produce delante de nuestros ojos, sobre ese pequeño escenario giratorio, desde el que nos miran a todos. No hay una cuarta pared, una apoyo que ayude a los actores a situarse, sólo unas pantallas sobre nuestras cabezas que nos muestran las imagenes de reales de lo que estan representando. 

De la obra salimos destrozados, anulados, con un sentimiento de ser juguetes en manos de los que deciden, y a la vez reforzados y capaces de no volver a admitir este juego. 




jueves, 25 de abril de 2019

MRS. DALLOWAY

Volver a mi asiento del teatro español es recuperar un trocito de lo que fueron aquellos años de farándula y artisteo, en los que no dejaba pasar ni una obra de su sala principal.
Esa zona de visibilidad reducida era mi pequeño secreto. Reconozco que el patio de butacas es mucho más interesante para disfrutar de un primer plano de los actores pero si el teatro está casi lleno siempre nos quedarán las butacas del segundo piso.
Blanca Portillo tiene tanto tirón que la obra de hoy estaba vendida desde el principio al 90%. Aprovecho este jueves sin niños y me llevo a una amiga al teatro.

En Mrs Dalloway todo suena bien, el argumento, la autora, el personaje, la actriz, estamos ante una gran obra. 

La historia empieza con todos los actores en escena, aunque únicamente Mrs Dalloway, Blanca Portillo, estará presente en la acción, los demás sólo se encuentran en su mente. 
Ella va a preparar una fiesta para su marido que tendrá lugar esa misma noche. Abre las cortinas y el aire de la mañana le trae recuerdos de juventud junto a las olas del mar, también sensaciones agridulces de su vida. Virginia Wolf y Carme Portaceli empiezan su obra con este prometedor principio, y acto seguido los actores empiezan a tocar los instrumentos que hay en escena y a bailar de forma alocada y divertida, todos excepto ella.

Con nuestra protagonista vamos a vivir un día desde que amanece hasta el final de la fiesta y asistiremos a su cambio y maduración, a sus reflexiones interiores, sentimientos encontrados. Con las horas iremos conociéndola y descubriendo que una primera impresión frívola da paso a una mujer con muchos sentimientos guardados, viviremos con ella un proceso de aprendizaje que finalizará con nuestra protagonista siendo capaz de quitarse la venda ante nosotros y ver todo lo que hay detrás.






Clarissa acaba de recuperarse de una enfermedad que la ha tenido en cama durante un largo tiempo. Ahora se siente viva, más viva que nunca, y feliz. Desea escuchar el bullicio, participar de él, sentirse acompañada. Está entusiasmada con la fiesta que está preparando y anima a todos para que asistan, hijos, viejos amigos... Desea que disfruten tanto como ella aparenta divertirse, vive en los demás, olvidando casi siempre lo que ella siente y quiere. Así ha sido toda su vida, deberse a todo lo que los suyos quieren y representar un papel ante ellos. 

Los momentos que ha dejado pasar para interpretar el papel que todos esperan de ella son los que hoy más vuelven a su memoria, los protagonistas que esta noche asistirán vienen acompañados de reproches para la anfitriona. Los fantasmas del pasado son los que vienen a estar con ella.




Clarissa nos contará lo nerviosa que se puso cuando conoció a una chica que después se convirtió en su amiga, y que ésta, alocada y alegre, le abrió las puertas de un nuevo mundo, la bisexualidad. Pero ella rechazó cualquier experiencia aunque por dentro deseara fervientemente probar. 

Peter es el eterno enamorado de Clarissa, le declaró sus sentimientos pero ella no le aceptó, quizá por miedo, por convencionalismo... Él vive en ese pasado y le sigue reprochando que le rechazara. Mrs Dalloway recuerda sus palabras y se sigue enfrentando a esa decisión que tomó. 



Clarissa es el reflejo de Virginia Wolf, esa mujer enferma, incomprendida muchas veces, una mujer avanzada a su tiempo que es mucho más plena de lo que la sociedad le permite. 

Clarissa empieza la obra siendo una jovenzuela feliz, recién recuperada de su enfermedad, animada, perfecta anfitriona, que conserva las formas en cualquier situación... con las horas se va transformando en una mujer madura, reposada, deseosa de vivir, libre. La obra está siempre acompañada de música en directo y canciones, nuestra Clarissa consigue al final del día sentir la música, bailar, expresarse sin ningún atavismo. 

La obra es interesante aunque tratándose de Virginia Wolf esperaba que los temas feministas ocuparan bastantes ámbitos, más allá del amor y las relaciones personales. En este caso quedé un poco decepcionada. Incluso en ciertos momentos me costó conectarme a la historia, una pena para todas las posibilidades que podía tener la obra.