jueves, 24 de enero de 2013

LENGUA MATERNA

Ciertos acontecimientos me han mantenido alejada de los teatros y ya iba notando su falta. Hoy me topé con una tarde libre, la oportunidad perfecta para presentarme en alguna sala conocida. Recorro la cartelera frenéticamente y visito mis páginas de confianza. En ellas encuentro algunas obras interesantes pero éstas ya han conseguido el cartel de "no quedan localidades para hoy". Me alegro por ellos, aunque me habría gustado tener una butaca libre que ocupar. Por fin encuentro algo que me convence: LENGUA MADRE. Escuché hablar de la obra hace días pero no presté especial atención, aunque sí recuerdo que es un monólogo de Juan Diego, así que "me vale".

Salgo hacia el teatro y a pesar de que la tarde se complica (voy en bici y comienza a llover) me siento dispuesta a disfrutar de mi espectáculo. 

La obra es sencilla, vemos poco despliegue de actores, escenografía y vestuario. Toda está en la palabra, y es que éste es el tema en torno al que gira toda la obra. Juan Diego viene a darnos una charla sobre la importancia de la palabra, la capacidad que da a las personas para comunicarse y transmitir ideas. Y a su vez viene a contarnos la catástrofe a la que se encamina nuestra lengua, y nosotros con ella. La lengua ha conseguido mantener durante siglos un orden intacto: el alfabeto. Los órdenes, económicos, políticos, sociales, fueron creados para perdurar pero acabaron siendo sustituidos por otros mejores. Sin embargo el orden de la lengua, el abecedario, ha conseguido permanecer inalterado. Ni emperadores, ni familias, ni revoluciones consiguieron situar su inicial como primera letra. A su vez, este orden consigue reunir palabras que no tendrían nada en común, escritura y escroto, por ejemplo. Esa arbitrariedad es uno de los factores que le ha hecho perdurar.

Así, nuestro actor nos lleva a hacer un recorrido por su amor por la palabra, sus descubrimientos, sus primeras experiencias. Nos cuenta como, siendo pequeño, quedó fascinado por el diccionario y decidió aprender todo su contenido según el orden establecido. Entre las primeras entradas que conoció nos cuenta anécdotas con las palabras "aborto", "abúlico", "amorfo"ó "efímero". La interpretación que hizo de sus significados le llevaron tener una vida llena de grandes sorpresas. 

También imaginó su vida y la de su familia a través de las frases hechas tan repetidas por todos: "en esta casa somos muy cafeteros", "los negros llevan el baile en la sangre" o "no somos nadie". 
Como conclusión nos recuerda que todos somos parte de este gran lenguaje que ha creado tanto obras inigualables como textos nefastos. 


Pero Juan Diego nos recuerda que está aquí para anunciarnos la catástrofe, la pérdida del significado de las palabras y el desuso de muchas de ellas a cambio de otras nuevas. Éstas se han impuesto últimamente en todos los campos de nuestra vida: hipotecas subprime, poder de endeudamiento, cashflow... 

Aquí el autor parece estar empeñado en meter, aunque sea con calzador, que la crisis actual es generada por los mercados y lo enlaza con lo expuesto antes argumentando que la palabra será el siguiente elemento a ser controlado por los mismos mercados. En ese momento las palabras perderán la libertad y la magia que encierran. Un nuevo salto en la línea argumental para decirnos que ya hemos vivido esta situación en otras materias como es el estado de bienestar, el cual nos han quitado justificando que así conseguimos que éste sea universal. Otra reflexión más para anunciar que toda reestructuración es sinónimo de privatización. Aunque la obra continúa, parece que el mensaje que pretendía darnos estaba aquí. 

Se apagan las luces, finaliza la obra y una enorme algarabía recibe al actor. El público se levanta, señal de que les gustó. Yo permanezco sentada, aplaudo sin más porque la obra me ha parecido bastante normal y previsible exceptuando ciertos momentos buenos. En un primer momento pienso que se debe a que yo ya conocía bastante los textos de Juan José Millás, el autor. Me percato de que ésto tampoco es lo que me diferencia del resto porque escucho a auténticos forofos del escritor. Concluyo que entre el público había mucha gente convencida de lo que venía a ver, una obra del autor en estado puro, y escuchar mensajes parecidos a los de una campaña electoral. 

Por último, tampoco destacaría la interpretación de Juan Diego. Con voz tímida representaba a una especie de lingüista defensor del castellano. El papel que representó contenía silencios debido a la emoción que sentía, que se hacían muy poco creíbles. Juan Diego es mejor que un actor de la Paramount Comedy, pero su actuación es muy mejorable. 

viernes, 11 de enero de 2013

LA VERDAD

El año de teatro se inaugura con una comedia, buena cosa. Sin embargo, no es un género que yo frecuente, soy algo exquisita para el humor en el teatro. Hoy me animo porque las referencias de la obra son muy atractivas: Josep Mª Flotats es el director y protagonista.  Flotats es el gran caballero del teatro, un catalán con apariencia de Sir ingles (me recuerda mucho a Jeremy Irons, ó éste a él) que hizo su carrera en Francia. Allí consiguió la fama y ahora comparte su amor por el teatro en España.

Calificaría la obra como una comedia inteligente de enredo romántico. ¡Ahí queda eso! Y ésta es la justificación:

Miguel y Alicia mantienen una relación extraconyugal desde hace seis meses. También tienen en común a Pablo, marido de Alicia y amigo íntimo de Miguel. Alicia se replantea continuar viendo a su amante, pero éste no está dispuesto a perderla. El engaño es difícil de mantener y en ciertas ocasiones aparecen pruebas incriminatorias, a pesar de ello los amantes consiguen salir airosos de estas situaciones.  


Pero la caja de los truenos se destapa cuando pasan un fin de semana juntos, lejos de sus hogares. Las llamadas telefónicas de sus respectivas parejas les hacen temer que éstos sospechan una infidelidad. Alicia se siente culpable y decide confesar a Pablo toda la verdad. Miguel intenta disuadirla argumentando que no debe de hacer a su marido infeliz por puro egoísmo, al sentirse culpable. Opina que el engaño es la única manera de mantener las parejas unidas. 

Al día siguiente Pablo y Miguel juegan al tenis; Miguel se deja ganar como forma de purgar su culpa. Pablo comenta a su amigo el comportamiento cariñoso de su mujer, lo que le hace sospechar una infidelidad. Esta afirmación junto con algunas insinuaciones muestran a Miguel que Alicia ha confesado la falta cometida, así que corre a verla. Ella responde que él lo sabe todo, pero le aconseja actuar normalmente, como si nada hubiera ocurrido. Contra todo pronóstico Miguel se siente dolido por el engaño de su amigo,  porque a pesar de conocer el affair, no se lo ha recriminado. 

Busca a su amigo para echarle en cara su falsedad y engaño, pero como respuesta recibe sorpresas aún mayores: Pablo conocía la relación que mantenían desde los primeros días y desde el principio lo habló con su mujer; fue Laura, la mujer de Miguel, la que contó a Pablo el lío que mantenían ambos. Y lo peor de todo, Pablo sentía que no tenía la potestad de recriminarle la infidelidad por su "asunto" con la mujer de Miguel. 


Éste no puede creer lo que le cuentan, ¡su mujer y su mejor amigo llevan liados año y medio a sus espaldas! Él, que tanto habló de ocultar la verdad para no hacer daño, descubre la mentira que todos han representado, y siente el ultraje cometido contra él. Ahora es a su mujer a quien acusa, y nuevamente se lleva un disgusto. Laura no ha tenido ninguna relación con el amigo de su marido, pero al pedir Miguel explicaciones de la supuesta verdad, desvela su propio lío. Laura rápidamente entiende lo ocurrido, su amigo se ha vengado de él haciéndole que confiese su infidelidad ante su mujer, pensando que ella ya lo sabía. Contra todos sus principios ha confesado la verdad, cosa que daña a su mujer, que prefería ignorarlo todo. Ella dice habría mantenido oculta la relación con su amante para proteger a su marido... Entonces, ¿quién ha mentido? ¿su amigo? ¿su mujer? 

Miguel confiesa que a partir de ese momento se acaban las mentiras, se querrán y contarán toda la verdad desde ese día. Además, su mejor amigo le ha comunicado que él y su mujer parten a Suecia por trabajo, con lo que su amante estará bien lejos. Pero esta noticia cambia la cara de Laura, no puede evitar la pena que le invade por alejarse de su querido Pablo. Mientras tanto Miguel disimula con una suave sonrisa, al haber descubierto la verdad entre tanta mentira, y todo gracias a un nuevo engaño. 

El argumento de la obra es original a pesar de tratarse del tantas veces representado enredo amoroso. Los actores acompañan perfectamente esta historia, con el sello único de Flotats. Es genial disfrutar de una obra entretenida, original y de humor sutil y con una moraleja que no deja lugar a dudas. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

DOÑA PERFECTA

La nueva temporada del Centro Dramático Nacional nos trae al director Ernesto Caballero. Una época prometedora empieza, después de varios años  con Gerardo Vera. Con las referencias del Sr. Caballero ya una anima: viene de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con los que disfrutamos de grandes historias. Ahora podrá dar un giro al CDN, representando obras de autores actuales o dirigiendo versiones existentes con su punto de vista. 

Para el estreno ha elegido a un gran escritor que ha frecuentado poco los escenarios de Madrid: Benito Pérez Galdós. Nunca leí ninguna de sus obras pero siempre he escuchado que sus textos siguen tan vigentes como en la época en la que fueron escritos. Puede que la España actual se parezca más de lo que pensamos a la de 1898. 

Doña Perfecta es la historia de un pueblo y de sus gentes; de las personas que no están dispuestas a aceptar nuevas corrientes críticas con sus costumbres. En la sociedad de finales del s. XIX el pensamiento progresista iba contra todos los derechos adquiridos por los caciques y la iglesia. Ahora sólo pequeñas diferencias nos separan de ese tiempo. 

 La historia transcurre en Orbajosa, concretamente en el salón de la casa de Doña Perfecta. A ella llega desde la capital  su sobrino Pepe Rey, un joven culto y moderno, con nuevas ideas. Su padre y su tía han concertado la boda entre los primos. Aunque no se conocían, entre ellos surge el amor. El joven comienza por revolucionar a uno de los estamentos más arcaicos del pueblo, la iglesia. Mantiene que su dominación se basa en la superstición y  el sometimiento. El cura, que pasa el día en la casa de Doña Perfecta, no tiene argumentos para rebatirle y sólo consigue mofarse de él, acompañado por las chanzas de toda la familia.


Aquí empieza la pesadilla del joven, que intenta no molestar pero tras varios ataques acaba expresando todo lo que piensa de ellos. Así consigue poner a su dominante tía en contra. Ésta se toma la justicia por su mano y decide finiquitar el compromiso. Encierra a su hija y hace la vida imposible al sobrino. Éste es despedido de su prestigioso puesto estatal, es denunciado por vecinos del pueblo por un litigio de sus tierras, es conducido mediante engaños a la casa de unas jóvenes de vida alegre... Todo está permitido por la loable tarea de conseguir separarles. La tía toma estas medidas por el bien de los dos, imparte justicia sin contar con los sentimientos de los demás. no quiere a un ateo en su familia y sabe que su sobrino nunca se adaptaría al pueblo.

Mientras tanto, los rumores corren por el pueblo y todo se sabe. El joven, desesperado, acaba amenazando y haciendo confesar a su tía. Doña Perfecta reconoce que no quiere ver a su hija mezclada con un hombre como él y por este motivo urdió el plan. Desesperado y sin salida, Pepe parte, pero sabe que volverá a por la mujer que ama. 

Ortigosa es un pueblo tradicional y rebelde, no está dispuesto a aceptar dictados de modernidad de la gran urbe. Así declara un levantamiento contra el poder central y desde allí son enviados los ejércitos para reprimirlo. Al mando está un general amigo íntimo de Pepe Rey. La familia de Doña Perfecta teme represalias, pero se pone en manos de Dios que sabrá protegerles. Y por si acaso, también en manos de un labriego conocido por su brutalidad. En medio de la batalla, el joven llega a la casa para llevarse a su amor, pero una bala disparada por el lacayo y ordenada por Doña Perfecta y el cura, acaba con su vida. Es el día más feliz y se convirtió el más triste en la vida de ambos enamorados. 

La historia es interesante, clásica pero aplicable a la actualidad. En su segunda lectura Galdós nos está contando la situación de España, un país retrogrado con tintes de modernidad que siempre fueron reprimidos por los poderosos, con más miedo que otra cosa de perder sus privilegios. 

La obra está bien representada aunque no llega a entusiasmar o alcanzar grandes momentos. Incluso en ciertas escenas llega a hacerse aburrida, seña clara de que la puesta en escena es mejorable. 
Entre los actores hay variedad: los protagonistas trabajan bien, Alberto Jiménez especialmente (como suele pasar). Otros son de calidad mediocre. 
El escenario es original; gira y con su movimiento nos sitúa en diferentes ambientes y momentos, siempre dentro de la casa.


En general es una obra entretenida por ser un clásico muy actual, aunque habría podido dejar un mejor recuerdo con algo más de trabajo. Espero acertar con la próxima del CDN. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL JURAMENTO

Tales fueron las buenas sensaciones que me dejó Los Niños se han Dormido/La Gaviota, que no he podido evitar volver a pisar un teatro pocos días después. Hice una lista con todas las obras que quería ver antes de fin de año, entre ellas apunté una un tanto especial.Sin rodeos, una zarzuela. Cada cierto tiempo me gusta disfrutar de una obra así, es curioso teniendo en cuenta que detesto los musicales. Pero las zarzuelas están muy cerca del teatro, incluso podría decir que comparten muchos rasgos con el teatro clásico. Por supuesto no es comparable a las grandes obras de Lope o Calderón, aunque sí cuentan con los enredos típicos del siglo de Oro, las confusiones y equivocos y el final feliz para todos.
Y entre los rasgos comunes de las zarzuelas está el ambiente costumbrista, las piezas cantadas por tenóres y sopranos y la poca profundidad de los personajes. Así que asistir a una zarzuela cada seis meses es una frecuencia óptima.

El Juramento ya cuenta algún detalle en su título: un juramento debe de ser mantenido pero éste a su vez no permite desenmarañar el lío montado.

La historia transcurre en el palacete de campo que pertenece a un rico noble. Éste piensa casar a su hijo,  Don Carlos, con una joven rica y de buena familia, desoyendo sus deseos. Pero el hijo quiere a la joven huérfana, María, que su padre recogió siendo pequeña. Además el chico no es capaz de oponerse a la orden de su padre y acepta su destino. Ella se siente abandonada porque su querido no ha sido capaz de luchar por su amor.

En éstas llega al palacio un amigo del hijo, un capitán al que éste salvó la vida. Tras conocer la historia decide ayudarle con la condición de que deberá marcharse inmediatamente de allí. Rápidamente el capitán, que también es marqués, elabora un plan para salvar a la linda María de su paso por el altar con Sebastián, un chaval simplón del pueblo con el que el marqués también ha concertado una boda. Sólo hay un problema: para evitar que María se case con Sebastián, el marqués pide su mano.

Dicho y hecho, la boda se celebra días después. Tan pronto ésta finaliza, el marqués comienza a ignorar a su actual esposa y a tontear con otras mujeres. Viven en casas separadas y nunca se les ve juntos, no hay quien entienda qué ha hecho a este hombre cambiar tanto de la noche al día. María le rechazó en un principio pero tampoco entiende ese desdén del que es víctima y no está dispuesta a verle con otras mujeres y convertirse en el centro de las habladurías del pueblo. Y entre celos y admiración empieza a enamorarse de ese hombre que la esquiva. Ese sentimiento surgió ya en él la primera vez que la vio, pero se debe a su amigo, no puede revelar que la quiere y por eso huye de ella.

Y como tenía que ser, Don Carlos vuelve a aparecer. Confía en su amigo y en que el entuerto esté solucionado pero la furia le corroe cuando se entera de que su supuesto amigo se ha casado con su amada. Todo tiene una explicación y el marqués le cuenta que se batió en duelo y mató a un hombre pero fue condenado injustamente a morir. Por su posición se le permitió que su vida acabara en el frente, para lo que se le dio un permiso de cuarenta de días que finalizarían la mañana siguiente. Esto quería decir que el partiría a la muerte y su mujer enviudaría heredando una gran riqueza. Así ellos podrían casarse sin oponerse a los designios del padre. Pero este juramento nunca debería de ser rebelado a su mujer, al igual que su amor.

Cuando Don Carlos ve a María descubre que ésta ya le dejó de querer, ella ama a su marido. Se enfada y les culpa, disfruta pensando que él morirá. Pero alguien viene a abrirle los ojos, a mostrarle que él es el único culpable de su desgracia, que fue un cobarde ante el amor. Así que decide devolver el favor a su amigo que siempre actuó de buena fe. Consigue una confesión que salva al marqués de la sentencia de muerte y bendice su amor, que está por encima de todo.


La historia es sencilla pero se ve complementada con un vestuario muy original (de Jesús del Pozo) y unos alegres decorados en tonos cálidos que reconfortan el espíritu. Realmente el montaje en conjunto es un gran espectáculo, hasta los cantantes de ópera trabajan bien cuando actúan. Un estupendo rato en el que viajamos a otros tiempos de nuestro país.


martes, 27 de noviembre de 2012

LOS NIÑOS SE HAN DORMIDO

Y con ésta van cuatro representaciones de Chejov, según me dijo Isma. Cuatro en el recuento parcial (realizado por el blog), en total seguramente sobrepaso las diez obras vistas. Y no me canso de ver a Chejov, sobre todo si la historia y los actores se combinan en una simbiosis perfecta. Lo digo sabiendo de lo que hablo, porque quizá la peor representación que he sufrido fue de esta misma obra, la Gaviota. 


Aunque el texto era éste, la obra vista hoy se presentaba con otro nombre: Los Niños se han Dormido. No es la primera vez que esto sucede, que La Gaviota es anunciada con otro título. Dicen los directores que representar La Gaviota es tan complejo que es pretencioso suponer que se pueda hacer. Por eso se acercan a ella con adaptaciones en torno a su obra. 

Esa complejidad de la que hablan se percibe en los personajes, Chejov nos los describe en todas sus facetas, les conocemos, llegamos a intuir lo que piensan y en este análisis descubrimos al ser humano. 

El contexto de las obras de madurez de Chejov es siempre parecido: la escena transcurre en una lujosa casa de la época de los zares, en una zona rural de la Rusia de principios del s. XX. Los personajes reflejan los diferentes estamentos sociales: señores y criados.

En este palacete tendrá lugar hoy una representación teatral. El hijo de la señora, Konstantin, ha adaptado una obra que interpretará su alegre novia, Nina. El joven está expectante por conocer la opinión de su madre, la famosa actriz Irina. Además pretende recuperar así la admiración de ésta por él, que perdió en favor de su novio, un famoso crítico y escritor, Boris Trigorin. Boris es un autor famoso, ha triunfado y vive cómodamente, y es encantador, especialmente con las mujeres. A la actuación también asistirán los sirvientes de la casa, el hermano de Irina y su médico, amigo de la familia. 

El estreno será un desastre porque la madre ridiculizará a su hijo, dejándole en evidencia ante todos. Irina siempre pretende quedar por encima del resto y un hijo escritor es un desafío a su profesión de actriz. Además la obra que Konstantin eligió era Hamlet, con lo que el papel de Ofelia quedaba "demasiado grande a esa niña". Elegir Hamlet no fue un capricho de Konstantin sino un intento de hacer ver a Irina lo que está pasando en su propia familia. 

Pero esta confrontación no es la única que veremos. A través de los diálogos se muestran las distintas relaciones entre los personajes, todos desean aquello inalcanzable y rechazan lo cercano y asequible con desprecio. Con esto sólo consiguen sentirse desgraciados y convertir en infelices a aquellos que les quieren. Nasha, la hija del ama de llaves, ama desesperadamente al joven Konstantin que la rechaza. Sin embargo desprecia al maestro, un chico soñador que la haría feliz. El ama de llaves desea al médico y le declara su amor delante de su propio marido en un acto de desprecio hacia éste. Los comportamientos se repiten y pasan de una generación a otra, las sirvientas, madre e hija, tienen que aceptar a un hombre que no aman para acceder a una vida mejor.

Todos los seres viven y sufren en una especie de equilibrio inestable que es roto por un acontecimiento: Boris, el crítico, y la joven Nina se enamoran. El dilema está servido, dejarse llevar por el amor o renunciar a éste y vivir en la comodidad del día a día. Boris es débil y es arrastrado por Irina, pero la juventud e ingenuidad de Nina consiguen que él vuelva a ella. 
Vivirán un romance con trágico final cuando ella pierde al bebé nacido de su amor y con éste, la fuerza para actuar. Boris acaba abandonándola y vuelve con Irina.

Pasan los meses y la familia vuelve a reencontrarse tras tantos acontecimientos. Pese a las demostraciones de alegría, todos siguen escondiendo sus desdichas y vergüenzas. Quizá porque no pueden guardarlo dentro más tiempo o porque piensan que tienen derecho a ser felices, acaba llegando el momento en que confiesan su verdad. Pero con esto lo único que consiguen es volver a enfrentarse a su soledad sintiéndose más ridículos que antes. Otros, los cobardes, se ocultan tras una máscara. 
De entre todos ellos sólo Konstantin muestra su tormento,  ha triunfado como escritor pero perdió el amor de Nina y no es capaz de soportar este mundo falso. 
Y en esa gran noche de reencuentros Nina aparece en la casa. Se fue siendo una niña y ahora es una mujer, ha sufrido y ha entendido que la vida consiste en aceptar el dolor que te toca vivir. Desvaría, se llama a ella misma Gaviota, como esa gaviota que Konstantin mató "por hacer algo", cuando empezó el fin de su juventud. Esa gaviota muerta era ahora ella. 
Y cuando Konstantin le confiesa que la sigue amando, aparece Boris, el crítico, que ignora por completo su presencia. Ella no puede sentir más dolor al verse rechazada por el hombre que sigue amando y sólo le queda huir y aceptar su cruel destino de soledad. 
Igualmente Konstantin entiende que ese mundo en el que no encaja no es para él. Perdió la última esperanza de ser feliz y decide acabar con su vida, mientras los demás ríen y festejan su infelicidad.  

Esta historia está completada con todos los personajes que rodean a la familia, de cada uno entendemos sus sentimientos y nos preguntamos cómo han podido llegar a ser tan infelices. Esta es la magia del teatro intemporal de Chejov, ya sea en la estepa rusa o en el s. XXI.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL TRAJE

La última vez que estuve en la sala galileo disfruté de una entrañable obra (Elling). Eso fue allá por primavera. Aquella representación me viene a la memoria porque uno de los actores vuelve a estar aquí, Javier Gutierrez. Otro parecido es que son solo dos personajes los que nos acompañarán esta noche.

El texto es español y actual, así que no las tengo todas conmigo. Prefiero obras ya consagradas, aunque en ellas se pierde el factor sorpresa.

Con los primeros minutos la obra muestra un guión original. Dos hombres discuten en el sótano de unos almacenes. Uno es el jefe de seguridad, el otro es un cliente. Estamos en el primer día de las rebajas y una avalancha de gente entró en la tienda en tropel, se pisotearon y aplastaron, y de entre todos, dos de ellos -un hombre y una mujer- consiguieron alcanzar una misma prenda, un traje. Una lucha fraticida por la pieza les ha conducido a la reclusión en ese sótano. La señora está herida en la sala contigua (nunca la veremos) mientras que el otro implicado es interrogado por el jefe de seguridad. Éste intenta aclarar los hechos y quién tuvo la culpa, pero parece que las acusaciones son mutuas y ninguno se responsabiliza de lo ocurrido.


La escena se vuelve cada vez más absurda, el interrogatorio gira hacia lo personal y el guardia jurado pretende averiguar los problemas familiares del cliente. El despiadado comprador está perdiendo los estribos, insulta y suelta tacos, tema que pone especialmente nervioso al interrogador, que pertenece a una iglesia evangélica. Para colmo la sala está cerrada con llave, lo que pone más frenético al arrestado. Y con los nervios las confesiones van surgiendo: "sí la llamé zorra", "si le di un puñetazo fortuito", "sí lancé su cabeza contra el están con todas mis fuerzas". La cosa se complica para el caballero porque la situación le ha superado y no sabe ni qué dice. Además una grabación parece inculparle definitivamente. Por si esto fuera poco, el guarda jurado, que cada vez desvela más su locura, le cuenta que la señora está herida grave, para pocos minutos después comunicar su muerte.

"Hay que esconder el cuerpo, total, es una vieja y nadie la reclamará", y el pobre cliente se siente sobrepasado y acepta cada nuevo desproposito del empleado como algo natural. Al parecer, el guarda intenta ayudar y encubrir al señor, pero a cambio le pide un favor, que sea su amigo. Desesperado y asustado, el otro acepta, quiere acabar con esto, salir de ese sótano y volver con su familia. Él sólo quería comprar un traje para regalarlo a un político con el fin de conseguir algún contrato y así mantener su empresa abierta. No es tan malo buscarse medios para sobrevivir.  

Cuando intentan sacar el cuerpo para llevarlo a una obra y enterrarlo entre sus cimientos, descubren que no hay otra salida más que pasando por la tienda, todo se ve negro y sin salida. En este momento un rayo de lucidez muestra al cliente la verdad: nadie murió en la avalancha, la disputa por el traje no ocasionó ningún herido grave. El muerto que intentan sacar es una víctima de la locura del guarda, él es el asesino y mató a la señora para forzar a la amistad al otro cliente  haciéndole creer un criminal y él su encubridor. Pero esta verdad llega demasiado tarde, cuando ya se encuentran en un camino sin salida.

El argumento es original pero la historia se puede contar en cuarenta minutos y alargarla hasta 1h 30 minutos la hace a veces aburrida y repetida. Es una lástima porque los actores interpretan a sus personajes con mucha sabiduría.


jueves, 8 de noviembre de 2012

IVAN-OFF

Ha llovido desde mi última función, allá por julio. Muchos han sido los acontecimientos vividos desde entonces.Hoy asisto a una obra muy diferente de las que suelo frecuentar. Este tipo de teatro está surgiendo recientemente, pequeñas salas representan nuevas obras de autores jovenes o adaptaciones alternativas, y donde el publico asistente es muy escaso.
La idea me gusta, una actuación muy personal para ser disfrutada por unos pocos de afortunados.

Desde el primer momento se observan diferencias. Entramos a un piso que recrea el ambiente de los años 50: paredes empapeladas, lámparas de araña, muebles rococó, una ornacina con una virgen dentro, cuadros de pavo real o perros humanoides o la misma duquesa de alba.

Entramos a una sala y nos situamos en un banco continuo que recorre las cuatro paredes. En el centro un actor nos mira fijamente esperando su momento. A partir de aquí comienza la historia de Ivan-off.

Ivan es un hombre desgraciado, infeliz, amargado. Se casó hace cinco años pero poco después dejó de querer a su mujer y ahora se siente atrapado en una vida que no le llena. Sin embargo ella le ama más que nunca y por culpa del rechazo que sufre, vive enferma. Pero ni esta culpabilidad puede hacer que en Ivan surgan sentimientos de cariño. Además sus negocios empeoran y le llevan a la ruina. Debe dinero a una importante familia de la región a la que visita cada día aparentando ante su mujer que se siente obligado por los favores recibidos. En realidad es su única válvula de escape, que tampoco le hace feliz porque Ivan dejó de sentir ilusión. Ese mismo hastío le hace ser cruel con todos, especialmente con su esposa.

En la casa de sus protectores los sentimientos hacia Ivan son bien diversos. Mientras que la señora reclama el pago de la deuda, el marido se desahoga con él y a la vez hace de mensajero de su mujer, es un pelele en sus manos. La hija es la joya de la corona, un ser dulce e inocente que conoce la triste vida del joven y pretende salvarle de su amargura. Le declara su amor y él ve en ella una tabla de salvación, igual a otras anteriores. La mujer de Ivan descubre la relación extramatrimonial y su enfermedad se agrava. Su médico es se autodenomina como un ser "honrado", que siente asco ante la crueldad humana. Pero acusa a los personajes creyéndose con autoridad para ello, cuando lo que así consigue es convertirse en el ser más despreciable. Castiga continuamente a Ivan con sus palabras con el único fin de sentirse superior.

Cada personaje se ve encerrado en una vida que no le llena y sin salida posible, deseando lo que el tiene. Su felicidad depende de los otros y éstos,seres crueles, nunca se la concederán. Y con esta tesitura la historia no podrá acabar bien. La esposa acaba falleciendo e Ivan parece que rehará su vida con la hija de sus acreedores, la familia adinerada. Pero poco antes de que se celebre la boda, él acabará siendo consciente de que perdió completamente la ilusión por ser feliz, la alegría de vivir y lo único que provocará es la desdicha de su joven prometida. Antes de arrastrar a más personas a su infierno, el día de su boda se presenta en casa de la novia y tras expresar su reflexión hace lo único que le devuelve la dignidad: pegarse un tiro.

Lo más interesante de la obra es cómo ésta se desarrolla. Está estructurada en cuatro actos y cada uno de ellos transcurre en una sala distinta. Al finalizar un acto, un personaje nos invita a pasar a la siguiente sala, nos introduce en la obra, nos invita a la fiesta del salón contiguo, nos reune en otro lugar para contarnos un secreto...

El único aspecto negativo se centra en la adaptación del texto. La obra original se llama Ivanov, del gran Anton Chejov. Pocas adaptaciones son necesarias en una pieza de este autor. Pero entre todos los posibles cambios, intentar meter con calzador conflictos actuales no producen un buen resultado. Al final nos perdemos en un texto clásico con toques modernos que a ratos chirrían.

Lástima porque todo apuntaba a que la tarde de teatro podía salir redonda.