sábado, 14 de julio de 2012

LA MUJER POR FUERZA


La estación de verano no es prolija en obras de calidad, pero hay que aprovechar y ver todo aquello que suene bien, ya que en esta época tan convulsa no podemos garantizar que lo que está por venir en otoño sea mejor. La subida de impuestos en espetáculos llevará irremediablemente a la disminución de venta de entradas y por ello también caerán los ingresos de los teatros. Esto supondrá que en un corto periodo de tiempo se eliminarán muchos espectáculos no rentables, especialmente aquellos que antes estaban subvencionados y esos que aportan una visión seria y crítica, pero no muy comercial.

Hay pequeñas salas que milagrosamente parecen ajenas a estos problemas. Hoy la sala Guindalera colgó el cartel "NO HAY LOCALIDADES PARA HOY". No es difícil debido al tamaño del teatro, pero sorprende que siga ocurriendo. 

A nivel personal asistir a esta obra era un pequeño desafío para la compañía,que ellos mismos desconocían. Acostumbrada a disfrutar de los autores del Siglo de Oro de manos de sus mayores expertos, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, era una prueba de fuego ir a ver a esta pequeña sala una obra del gran Tirso de Molina. 

La mujer por fuerza es un espectáculo de enredo, divertido, pero en su día fue una obra transgresora y reivindicativa. Finea, una mujer de clase alta, hermana de un noble de Hungría, es escondida por éste durante la estancia en su casa del conde Federico venido de Nápoles. El hermano intenta salvaguardar el honor de su apellido evitando que ambos se vean. En parte lo consigue, pero sólo en parte. La hermana ha podido ver desde su cárcel al noble y quedó enamorada de él. Por otro lado, el noble napolitano se siente agradecido con su anfitrión y le anuncia antes de su marcha que estaría dispuesto a casarse con su hermana sin conocerla. Un mero formalismo de cortesía que no es olvidado y que tendrá sus consecuencias. 

La joven está entregada a conseguir el amor de su hombre y cuando éste parte de vuelta a su tierra, la mujer decide vestirse de paje y ofrecer sus servicios al noble... como hombre, claro! La mujer inventa y enreda, tiene claro su objetivo y no le pesa usar todas las artimañas existentes para conseguir su fin. Así hace creer a la actual prometida de su amado, Florela, que él-ella es un noble español con más patrimonio que el joven napolitano, y le declara amarla perdidamente y por si a ella le quedaran dudas, le presenta a una mujer, supuesta hermana del noble húngaro, es decir, una farsante que hará su papel, que le cuenta a la ingenua novia que se han casado durante su viaje y que la tiene escondida de todos. Y al conde napolitano habla de las bondades de la joven hermana del anfitrión. 
Pero como siempre ocurre en estos casos, la historia se complica cuando el noble hungaro aparece para reclamar el rapto de su hermana. Esta denuncia llega hasta el rey, un curioso personaje que se deja convencer por todos. El conde Federico insiste en su inocencia, grita a los cuatro vientos que nunca vio a la hermana del noble, pero tanta confusión, enredo y testimonios en contra le hacen dudar de sus actos, acepta lo que no ha hecho por miedo a lo que puede haber hecho y olvidado. Nunca podemos estar seguros de nuestros actos. Así que acepta casarse con la joven mancillada, aunque ni la conoce ni sabe donde la tiene escondida supuestamente.
Cuando el enfrentamiento no tiene otra salida que un duelo entre ambos nobles, la joven-vasallo cuenta la verdad, el embrollo orquestado con la única excusa de conseguir un amor correspondido. Y, ¿cómo resolver el entuerto creado, con la solución más ventajosa para todos? El rey tendrá, por una vez, que decidir. Y éste decide premiar la astucia, porque se merece ser recompensada con el amor. Federico y Finea quedarán unidos para siempre.  Y para que nadie quede descontento, el noble húngaro unirá también su vida con Florela, la joven despechada. Por orden del rey.

La obra es muy moderna para su tiempo, nunca se había visto una mujer con tanta iniciativa y menos aún que obtuviera recompensa por tal capacidad de decisión y por tomar las riendas de su vida. A su vez la obra es divertida y está contada de una forma amena, introduciendo pequeños trucos y gags que consiguen la risa ingenua y la conexión con todo tipo de público.  
Las actuaciones son magníficas, profesionales que no salen en ninguna película que les haya convertido en caras conocidas pero que saben transmitir un clásico como pocos actores pueden hacerlo. 


jueves, 5 de julio de 2012

VIEJOS TIEMPOS


Me presento en mi adorado teatro español, en su "sala pequeña" para más inri. Vuelvo a degustar y a dejarme enredar en un Pinter, repito el autor de la última vez. El reparto suena inmejorable: Enma Suarez, Ariadna Gil y el magnifico José Luis García-Pérez. De éste último, a nadie le suena el nombre, así que deduzco que soy su fan número uno, la más  incondicional. El escenario es sencillo, como en todas sus obras, una habitación es suficiente para el desarrollo de toda la trama. Siempre interiores, y siempre personajes comunes, anónimos que se ven envueltos en situaciones que sin otro calificativo mejor, podemos llamar "pinterianas". 

El argumento es realmente difícil de explicar, en buena parte porque no se llega a comprender al completo. Las interpretaciones posibles son muchas y también los flecos que quedan después de buscar un sentido a lo visto.

Una pareja acomodada, Kate y Deeley, habla tranquilamente en su salón de la visita que recibirán en unas horas. Anna, vieja amiga de Kate, vendrá a su casa. Deeley, el marido, es un hombre despierto que empieza a descubrir que no conoce  muchas partes de la vida de su esposa, pero se siente seguro en su relación y busca divertirse con la visita de la desconocida. Su mujer es callada, un ser reservado que nunca explicó gran cosa de su pasado. Esta visita parece incomodarla.

Tan pronto como llega la amiga la situación se tensa, la conversación es una continua lucha por mostrar quién conoce mejor a Kate, su marido o su vieja amiga.Y entre tanto enfrentamiento dialéctico él empieza a entrever algo que no le agrada: la relación entre las mujeres pudo superar la barrera de la amistad. 
La amiga cuenta historias del pasado que protagonizaron las dos, y para ello, relata detalles, intimidades, parece conocerlo todo de ella y haberlo experimentado todo con ella. El marido se siente desplazado, atacado, intenta defender su terreno, mostrar lo auténtico de su amor. Pero en su furia pretende por encima de todo salvar su hombria, y olvida e hiere a su mujer, la trata como un ser que no está presente, del que puede contar cualquier cosa por salvar su honor. La esposa se convierte en un trofeo y a la vez es un ser lejano, del pasado, se siente tratada como alguien que ha muerto.

Pero en la batalla empazamos a perdernos con los hechos relatados, las historias comienzan a mezclarse, algo no encaja, alguien miente, algo falla. La película que proyectaban en la sala de cine donde el matrimonio se conoció, "larga es la noche", aparece en la vida de las amigas muchos años antes.

Al extraño juego de la amiga se ha prestado el marido y ahora no sabe cómo salir de él. Sobre cada hecho ambos quieren tener el protagonismo, robarse los recuerdos, sentir que ese pasado lejano fue bueno y que cada uno fue el protagonista de este tiempo mejor. La verdad del pasado es particular, cada uno tiene la suya propia, y al creer que ésta fue la verdad, esto se convierte en realidad. 

Anna adoró tanto a Kate que su personalidad se mezcló con la de su amiga, se ve como ella, cree haber  vivido lo que ella vivió, le roba los recuerdos. No importa conocer su relación, si fueron amantes o amigas, sólo que de aquello queda una sombra que no deja ver lo ocurrido. Por otro lado, el marido siente que hace mucho perdió a su mujer, su alegría, su risa, quizá nunca la tuvo. Ahora empieza a intuir la razón de su triste vida juntos, y es algo que no le gusta y querría no haber sabido nunca. Demasiado tarde para olvidar lo ocurrido en ese salón esa noche. 

Difícil seguir explicando el resto, hasta aquí son interpretaciones posibles, de lo demás no me atrevería ni a aceptarlo como conjeturas. Pero allá voy:
Parece ser que el marido conoció a la amiga en el pasado, se fijó en ella, ligaron. Ésa es la verdad de la vida de la chica que sólo recuerda fiestas interesantes, teatros, óperas, tertulias. Anna fue una chica más, buscando un hombre que le pagara las copas en los bares, a cambio de un rato con ellos. Pero todo eso lo olvidó, sólo guarda en su memoria aquello que le gustó ser. En cambio Kate lo recuerda todo, recuerda aquella noche en que ella llegó a casa con aquel chico, y después fue él el que quiso estar con ella, la eligió, la salvó de una vida que a ella realmente no le gustaba. Y así Kate cuenta su visión de la verdad de lo vivido,  en la que ella está con aquel chico, Deeley y su amiga yace muerta en el suelo de la habitación, la olvida, la elimina de su vida.

La obra dura poco más de una hora, más sería un castigo para las neuronas. Sus obras son cortas pero de una intensidad y complejidad que difícilmente se encuentra en otros autores. Supongo que para los actores el esfuerzo de interpretar un texto de este tipo debe de ser enorme. Un lujo disfrutrar en una pequeña sala (no podría ser de otra manera) de esta representación.

Triste pasado que nos hace infelices en el presente. 



sábado, 23 de junio de 2012

CENIZAS A LAS CENIZAS


El genial Harold Pinter vuelve a la carga con una de esas obras de estilo tan característico que buscan convulsionar, revolver al público. Nos plantea historias sencillas desde puntos de vista complejos, lleva las situaciones al límite con el fin de mostrar la miseria humana. Todo esto en un autor inglés que vivió sus últimos años ya en el s. XXI y que fue reconocido con un Nobel. 
Son unas cuántas las obras de Pinter que he visto, en ellas todo el peso recae sobre el texto, los diálogos y por tanto sobre el trabajo de los actores.

Cenizas a la cenizas es un diálogo entre dos personajes, una pareja madura. Empiezan a recordar el pasado, en una especie de interrogatorio, el marido quiere conocer lo que ella vivió con su amante. Los recuerdos no encajan, la historia que nos cuentan entre ambos tiene muchas lagunas y solo con estos pequeños retazos no podemos entender lo ocurrido. Él quiere saberlo todo, como era el hombre, qué dijo, qué sintió ella. Y su mujer sólo parece recordar trozos inconexos, “una mano en su cuello, la otra en su garganta, una fábrica llena de trabajadores que mostraban máximo respeto hacia este hombre, su amante. Y entre los recuerdos surge un andén y mujeres con niños, y ese hombre que le apretaba el cuello estaba robando a los niños de los brazos de sus madres. Las imágenes del pasado ya no vienen acompañadas de dolor, quizá nunca lo estuvieron, porque hay dolores tan insoportables que son ocultados tras muchas capas, son tergiversados para que se pueda seguir viviendo. 

El díálogo es un ejercicio continuo de recuperaración de todos aquellos momentos no superados, enmascarados en una mentira más aceptable, como la imagen de aquellos hombres caminando con sus maletas hacia el mar y hundiéndose en él. Junto a éstos también surgen recuerdos recientes, los del día a día actual, son problemas sencillos y casi banales que se contraponen a esos lejanos y dolorosos. Éstos momentos superficiales les hacen volver a sentirse humanos, con sus esperanzas, problemas e incongruencias. 

La sensación era de desconcierto a cinco minutos del fin de la obra, y más aún, no eramos capaces de distinguir si todo lo contado ocurrió en realidad o era una invención, como parte de un juego macabro.
Pero un último recuerdo viene a aclarar lo que la historia esconde: mujeres, ancianos, niños iban por las calles, ella misma iba por esa calle con un hatillo y en él envuelto, su pequeño. Llegaron al andén, el bebé escondido echó a llorar, fue descubierto y un hombre se lo arrancó de los brazos. Ahora tendría que montar sola al tren que la llevaría lejos de allí. En el trayecto encontró a una vecina que le preguntó por su hijo y ella sólo pudo responder que no sabía de quién le hablaba.

Todo empieza a encajar, las piezas cobran sentido, pasan a ocupar su espacio y su tiempo. Todo ocurrió hace mucho, su pequeño fue robado, ella fue conducida en los trenes a un campo de concentración, allí sufrió continuas violaciones de uno de los generales del campo y deseó morir, ser asfixiada, acabar con las torturas, poner fin a esa pesadilla. Pero sobrevivió a la barbarie, o al menos su cuerpo sí pudo soportarlo. Su mente tuvo que inventar una historia para poder vivir después de aquello: olvidó al pequeño e imaginó al torturador como un amante. Y su marido pretende que ella recuerde y saque ese dolor que tiene dentro. Así al final de la revelación, él le pide que vuelvan a empezar pero ella contesta que lo único que puede hacer es volver a terminar, que no hay otra solución, echar cenizas a las cenizas es lo único que le queda.

En una obra como ésta, el papel de los actores es vital, lo ocupa todo . Más aún cuando se representa en una sala, el Teatro de la Puertas Estrecha, que cuenta con una única fila de butacas. Los actores están situados a escasa distancia del poco público (15 butacas!), lo que es un regalo para los espectadores. Sólo que con obras como ésta y unido al tipo de sala, los sentimientos, la asfixia consiguen calar mucho más hondo. 

martes, 12 de junio de 2012

FOLLIES


Hoy la obra era un musical con mayúsculas, nada que ver con las comedias/musicales, como en la última ocasión. No es que mi gusto haya dado un giro de ciento ochenta grados, tampoco es que esté agotada de ver obras reivindicativas, dramas sociales y económicos, o autores americanos de la primera mitad del s. XX. El motivo de haberla elegido es que siempre hay excepciones y entre tanto musical corrientucho, alguno tiene que ser bueno. Éste viene avalado por el Teatro Español, es decir, por Mario Gas, lo dirige él mismo, y tiene un gran reparto de actrices y actores difícil de encontrar, y menos en una única obra. Y aunque esto no sea muy relevante, todos los días cuelgan el cartel de "No hay localidades".

El musical es típicamente americano, la idea es original de allí, y así también son la película y las mil representaciones que se han llevado a escena. El texto no ha sido adaptado, por lo que la historia tiene lugar en un teatro en Nueva York y los personajes vienen de ciudades y estados del mismo país. 

Un teatro viejo cuenta sus últimas horas antes de su derrumbe. Allí se construirá un aparcamiento. Son los años 70, una nueva era en la que los teatros de varietés ya perdieron su lugar. Pero vinculados a este teatro hubo muchas artistas en los años 40. Su antiguo director decide organizar una fiesta con todos los que vivieron sus momentos de gloria, todas las cantantes que soñaron con saltar desde su escenario a la fama. Asistimos al reencuentro de esta gran familia, muchos no habían tenido contacto desde hace 30 años. Algunos se quieren, otros se odian, y otros recuerdan viejas historias olvidadas. 



Entre todas las vidas que nos cuentan, unas toman especial protagonismo, las de dos parejas que en su tiempo fueron muy amigos. Ninguno de los cuatro es feliz, ninguno se siente querido, piensan que han desperdiciado su vida con la persona inadecuada. Una de las mujeres, Sally, estuvo locamente enamorada de Ben, el actual marido de su amiga. Hace 30 años él decidió quedarse con la otra, con Philips. Pero ahora tiene que reconocer que nunca la quiso, porque nunca quiso realmente a nadie, sólo se quiso a él. Así que pasa su tiempo alternando con las mujeres que se prestan a su juego. Por otro lado su mujer también liga con jovencitos. Sally charla con Ben y revive su amor, le convence de éste y él incluso está dispuesto a dejarlo todo por sentirse querido pero finalmente entiende que lo único que quiere alimentar es su ego y da marcha atrás, reconoce que no la quiere. Ella herida vuelve con su marido, sabiendo que la quiere y que un amor que pasó hace décadas no puede revivir, porque tuvo su oportunidad y no la aprovechó. La mujer de Ben, Philips sabe que él no podría estar lejos de ella porque tantos años juntos les ha hecho entenderse y quererse a su manera. 
La historia está contada de forma amena, ya que junto a los ancianos reunidos para la fiesta, jóvenes actores representan las historias que vivieron los jóvenes. Y sólo en el momento que se enfrentan a la verdad, los actores del mismo personaje se miran a los ojos y se preguntan por lo que han hecho con sus vidas, por la decisión que tomaron y les condicionó para siempre. Este recurso hace que la historia quede más poética, dentro de su simplicidad.
  
Además los viejos actores representan números de aquella época, hacen coreografías, se lucen como lo habrían hecho hace años. Las canciones son de todo tipo, cómicas, románticas, desesperadas, muchas canciones, demasiadas para mí. Pero es que para esto hemos venido. 


En conjunto diría que lo he pasado bien disfrutando de un musical pero que hasta la próxima vez que repita, pasará bastante tiempo. Lo que realmente no acaba de llenarme de este género es que la historia suele ser simplona, poco trabajada o ñoña, y es que cuando se va a ver un musical se piensa en disfrutar de las canciones, bailes, cabaret y el argumento sólo intenta conectar las piezas sin mayor importancia. Claro que cuando yo voy al teatro voy pensando en escuchar historias interesantes.

domingo, 10 de junio de 2012

EL INSPECTOR

Podría decir que la obra que he visto hoy es en conjunto una de las mejores del último año. Cuenta una historia interesante y reivindicativa en un contexto de comedia/musical muy divertida. El tema es el mismo de las últimas entregas, aunque no por eso se hace pesado y puede que, a base de tanto repetirlo, nos acabe calando hondo. Aquí nos hablan de la avaricia de los poderosos, de los delitos cometidos por los que ostentan el poder aprovechándose de su posición. 

En un pequeño pueblo el alcalde y sus secuaces dirigen el ayuntamiento, pero a su vez sacan todos los beneficios posibles aprovechándose de sus conciudadanos. Los personajes son caricaturescos pero en ellos descubrimos a personas reales que en poco se diferencian de éstos inventados. Todos los delitos, apropiaciones indebidas, cohecho, sobornos se muestran aquí, como copia de nuestro mundo. Y eso que la obra fue escrita por el ruso Gogol en el s. XIX, parece que no hemos cambiado nada.

La vida transcurre cómodamente para estos aprovechados de la sociedad, viven entre inauguraciones y fiestas, y todos los actos a costa del erario público. Los problemas empiezan cuando se enteran de que un inspector aparecerá de incognito en el pueblo a revisar si las subvenciones se han destinado adecuadamente a los proyectos previstos: sanidad, educación, obras públicas. Con el miedo en el cuerpo, alcalde y concejales intentan esconder en un día lo que no hicieron en 10 años. Para colmo, atan cabos y deducen que el extraño inquilino que lleva dos semanas en la pensión del pueblo tiene que ser el funcionario mandado desde la capital. Y qué mejor para salir airoso del entuerto que ir a presentarle los respetos y tantear las posibilidades de un soborno. El joven es un don nadie, un vividor que pasa mucha hambre y tiene mucha cara. Subsiste con el dinero que le pasa su padre, que tan pronto como recibe, se gasta en juergas. Pero ve el cielo abierto cuando descubre la confusión: está siendo tomado por un alto cargo de la administración. Así que intuyendo los beneficios, decide aceptar su nuevo rol y demandar sobornos en metálico a todos los concejales, alcalde, y hasta al pueblo llano, que también pasa por allí a contarle la explotación a la que son sometidos. No sólo recibe dinero, también otros favores, como ser acogido en la casa del alcalde y el derecho a roce con la mujer de éste, que rápidamente se le insinúa. Todos valoran su educación y conocimientos, reconocen en él el porte de la capital, todos son elogios para este aprovechado. En el colmo de su engaño y jeta, pide la mano de la hija del alcalde, lo que toman todos por el mayor regalo que le hayan podido hacer a éste.
La nueva situación, estar emparentado con un alto funcionario que se codea incluso con el rey, hace a todos soñar con las ventajas que podrán obtener de la nueva situación. El alcalde llegará como mínimo a ministro, si no a presidente, sus concejales ocuparán altos cargos en la capital, ya que tienen mucha información comprometedora que les asegura un buen puesto a cambio de su silencio. La ambiciosa mujer del alcalde se lucirá como primera dama ante su país. 

Todo va sobre ruedas para el supuesto funcionario, y como colofón anuncia que tiene que partir unos días pero pronto volverá para cerrar la fecha de la boda. Así consigue huir con todo el dinero recogido, los bolsillos llenos de billetes a cambio de nada. Ha disfrutado tanto con la farsa que antes de marchar escribe una carta a un amigo describiéndole las personalidades de cada uno de los paletos concejales, alcalde y su señora y confesando lo que se ha reído de ellos. El departamento de comunicaciones, que se dedica únicamente al cotilleo, la intercepta y lee, pensando encontrar ahí un buen informe de su pueblo. A cambio lo que descubre es el timo que ha sufrido. No sólo se sienten heridos por el robo, también porque un ser simple como ése ha descrito a la perfección las mezquindades de todos y cada uno.

Ninguno se salva de quema en la hoguera, todos los personajes se mueven por su propio interés intentando obtener el mayor beneficio personal, engañando a todo el que se les ponga delante. Dice Gogol que lo único ingenuo aquí es la risa, y es verdad que ésta sale espontanea, aunque también es una risa amarga porque acabamos divirtiéndonos y arrancando una carcajada de nosotros mismos, de lo caricaturesco que podemos llegar a ser. El problema es que nos cuesta verlo en nosotros y parece que contado desde fuera nos resulta más sencillo de entender. La obra recuerda a las del italiano Eduardo de Filippo, y su Arte de la Comedia. También recuerda a las noticias del telediario.

La obra es del s. XIX, pero como tema universal, en su adaptación  evita toda mención  a esa época, tampoco se ambienta en la Rusia original. Sí se incluyen algunas pequeñas referencias a nuestro país y al momento actual, que no me suelen gustar pero aquí quedaban estupendamente, como son la construcción de un futuro casino y el regalo de los trajes.

La obra es estupenda, como decía, lo tiene todo. Va a ser verdad que Miguel del Arco es un director genial, todo lo que toca lo convierte en grandes representaciones.

miércoles, 30 de mayo de 2012

LA LOBA


Una vez más, y ya casi pierdo la cuenta, asisto a una obra de un autor (autora en este caso) americano del s. XX. Sin ánimo de repetirme, sólo diré que parece que esta época es favorable para recuperar a aquellos escritores y dramaturgos. Ellos contaron las desgracias de un mundo hipócrita en el que todo se creía posible pero lo único real era una vida de miseria. Por ello fueron investigados por el Comité de Actividades Antiestadounidenses.

Todas llevan a un mensaje final parecido pero cada obra sigue su propio camino para llegar hasta él. En este caso Lillian Hellman retrocede unos años respecto a sus coetáneos, para contar su historia. Ella entiende que los acontecimientos que ocurrieron durante el siglo XX tuvieron su origen en los primeros años de ese siglo.  En algunos puntos parece que volvemos al gran Chejov, la época, la historia, los personajes, los dramas, nos recuerdan su obra. Tan sólo que no estamos en Rusia sino en Estados Unidos.

Estamos en un lujoso salón de una casa victoriana, la residencia de Regina Hubbard. Allí se reúnen los tres hermanos y sus familias. Los Hubbard pertenecen a una familia de trabajadores que fueron enriqueciéndose a costa de la explotación de los esclavos negros en sus campos de algodón. Ya pasó el tiempo del esclavismo, la guerra de la Secesión dio la razón al Norte, pero el Sur sigue dominando y explotando a sus trabajadores y lucrándose gracias a ellos.
Un nuevo negocio con altos rendimientos se les ofrece: las fábricas de algodón. La industria algodonera ya era rentable en el Norte, traerlas al Sur aumentará los beneficios ya que los salarios aquí son realmente bajos. Para entrar en el negocio los Hubbard sólo deben de invertir una parte del capital. Los hermanos Oscar y Ben cuentan con el dinero, pero Regina debe de convencer a su marido para que aporte la cantidad necesaria. Éste, James, lleva meses ingresado en el hospital, no tiene trato con su mujer porque sólo recibe odio y rechazo de ella. Pero la situación y la posibilidad de ganar mucho hace que ella use sus armas para conseguir que él vuelva y acepte participar en el negocio. Así, manda a su hija Alex en su busca. La joven es un ser cándido y puro, ha sido siempre la debilidad de su padre.
James regresa con su hija, esperanzado en que la situación familiar cambie pero vuelve a encontrar el rechazo de su mujer, y entiende que su dinero es el único motivo por el que ha sido llamado. Además, descubre que los tres hermanos, intentado que nada escape a la alcance, han pactado la boda de su hija Alex con su primo hermano, un Hubbard de los pies a la cabeza. Esto supera y encoleriza a James. Él también empezó a escalar posiciones desde la mayor pobreza pero nunca se aprovechó de la explotación de las personas para lucrarse. Su profesión, banquero, le ha convertido en una persona rica, pero su mujer le considera un ser blando, que no sabe aprovechar suficientemente las oportunidades económicas con el dinero que ha acumulado.
James se casó enamorado, pero Regina nunca le quiso, sólo vio en él la posibilidad de salir de su vida triste y solitaria en los campos de algodón. Con los años ha aumentado su odio y repugnancia por su marido.
Él, como todos los que se han acercado a la familia, sufre el desprecio de los Hubbard. La familia sólo admira la codicia, el enriquecimiento lícito o ilícito, los perjudicados no importan. Sólo actúan cuando saben que a cambio van a obtener ventajas. Así, Oscar, uno de los hermanos, se casó con la hija de un aristócrata empobrecido para conseguir sus tierras y su posición social. Y ella es continuamente ridiculizada por los hermanos porque su familia quedó arruinada, por ser un ser culto, por seguir soñando con aquellos tiempos pasados. Pero ella reclama que, al menos, su familia aristócrata jamás maltrató a sus trabajadores, ellos utilizaron el dinero para vivir y disfrutar, no sólo para acumularlo sin más. La mujer de Oscar es infeliz, nunca sintió que era querida, sólo fue utilizada y relegada a una posición inferior, el hazmerreír de los hermanos.  Así que se refugia en el alcohol y sólo cuando está con James y su hija consigue ser medianamente feliz. Incluso su hijo heredó las formas de su padre, es una copia mala de éste. Y ahora le quieren casar con su prima, la dulce Alex.

James tendría dinero suficiente para entrar en el negocio de las fábricas de algodón pero no quiere participar, no quiere verse mezclado en ningún negocio con los hermanos, tampoco quiere colaborar en la explotación de los negros. Pero su dinero está depositado en el banco, al que tiene acceso su sobrino, el hijo de Oscar Hubbard. Tan fácil como “tomarlo prestado” y devolverlo en unos meses. Así el negocio queda entre los dos hermanos varones, ni James lo sabrá ni Regina participará. Ésta incluso quería obtener más ganancias que su hermanos, ya que la codicia es tan mezquina que no tiene límites con nada ni con nadie, ni tan si quiera con los de su propia sangre.

James está muy enfermo y quiere dejar sus planes atados antes de su muerte. Sospechando que sus bonos depositados en el banco han sido utilizados para el negocio, lo confirma y decide cambiar su testamento: el dinero robado será la herencia de su mujer, el resto pasará a ser de su hija. Así se lo hace saber a ella, ésta es la consecuencia de todo el odio que ella le ha proferido, pero la exaltación le produce un ataque al corazón. Su mujer, fría como siempre, le deja morir sabiendo que ella se ve beneficiada con su final. Ahora podrá reclamar a sus hermanos el dinero robado, podrá pedir grandes beneficios a cambio de no denunciarles, podrá vivir como siempre quiso.

Pero en este camino recorrido, Regina ha dejado a muchos, ha perdido a todos los que tenía a su lado, su marido muerto, su hija le odia y se marcha de su lado. Y ahora sus hermanos, los que podrían entenderla, se sienten chantajeados, su propia hermana les ha robado. Regina conseguirá su sueño, irá a vivir a Chicago, la gran ciudad, pero estará totalmente sola.

Ésta es la historia que cuenta la deshumanización que trae el capitalismo, la codicia que provoca el dinero, la necesidad de poseer cada vez más, sin límite ni sentido.

Contada de una forma clásica (tiempo lineal sin saltos, único escenario para todos los actos) y con actores de tanto nivel la obra se hace amena y entretenida. Todo lo amena que puede ser una representación tan dura como ésta, donde los sentimientos de cariño desaparecen.

Tantas representaciones sobre el mismo  dejan entrever una cierta preocupación por estar convirtiéndonos en lo que contamos con horror.Empiezo a sopesar apuntarme la próxima vez a ver una comedia sin mucho trasfondo.  

miércoles, 23 de mayo de 2012

UNA LUNA PARA LOS DESDICHADOS


Parece que el teatro del siglo XX está más vivo que nunca, será la época que es propicia para reponer esas obras de autores tan buenos que no pasan de moda. El teatro de nuevas tendencias, el del emergente s. XXI, queda relegado a un segundo plano, sólo visible en festivales.
Primero fue Chejov, que para celebrar el 150 aniversario de su nacimiento estuvo cinco años formando parte de la cartelera de muchos teatros y pequeñas salas de la capital. Con él descubrimos el subtexto, la maravilla de los sentimientos no dichos, los mensajes sobreentendidos. Ahora son los autores americanos de la primera mitad del s. XX los que nos deleitan y ensombrecen con sus historias desoladoras y llenas de fuerza. Será este tiempo de crisis el que hace que este teatro esté más vivo que nunca. Hay otras corrientes que dicen que “al mal tiempo buena cara”, y pasan obras divertidas con el fin de que olvidemos los problemas. Raramente me interesa ese teatro, prefiero aquel que cuenta la realidad aunque se sufra con su visión, y es porque también se disfruta con ese sentimiento, se aprende con él.

El autor de la obra de hoy es Eugene O'Neill, uno de tantos que no pudo callar lo que vivía y veía a su alrededor. El falso optimismo y una ciega creencia en que las oportunidades estaban al alcance, escondían un día a día de supervivencia en la máxima miseria y con condiciones de explotación inhumana. Y el alcoholismo como única salida. Sus historias siempre dejan un triste sabor de boca, una sensación de que no hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano para que esos personajes tuvieran su oportunidad de ser felices.

En unas tierras de un estado americano malvive una familia rota y separada. Las diferencias del padre con sus hijos han provocado que todos acaben huyendo y busquen su oportunidad lejos de allí. Sólo su hija Josie es capaz de lidiar con él y ser inmune a sus continuas vejaciones.  Comparten una vieja caravana y un campo yermo donde pasta su ganado. Un antiguo amigo de la familia es el dueño de las tierras. Él es Tyrone, un hombre que tiene una posición desahogada y así les permite pagar una renta baja y seguir allí. A cambio tiene a su compañero de borrachera siempre dispuesto, porque en esta tierra no hay más que hacer que emborracharse en el bar y dejar que el tiempo pase “y se lo lleve a uno”. Aunque todos parecen aceptar su vida sin más, los sentimientos no se pueden evitar y Tyrone, vive desesperado, perseguido por sus fantasmas, sin esperanzas de tener más oportunidades de ser feliz. Quiere a la hija de su amigo pero no la ve a su alcance. Josie es una mujer de mala reputación, se dejó ver con todos los hombres del pueblo pero no se casó nunca. También ama locamente al hombre que la quiere pero es incapaz de hacer algo por conseguirlo porque su fama la persigue. Pero todo es falso, nunca estuvo con un hombre, una pantalla más para protegerse de un mundo sin escrúpulos que solo les acepta si juegan al mismo juego.
El padre es un hombre rudo y cruel, pero sabe del sufrimiento de su hija y su amigo, e intenta darles una última oportunidad a los dos. Decide engañarles y monta una argucia aprovechando un litigio con un vecino. Cuenta a su hija que Tyrone ha aceptado una oferta y faltando a su palabra, vende las tierras a un vecino que las quiere para echarles. La única salvación es que su hija engañe a Tyrone, le emborrache y lo meta en la cama con ella, así se verán obligados a casarse. Josie ha sido incapaz de mostrar su amor, pero ese plan le da una excusa para hacerlo, aunque sea engañando nuevamente, escondiéndose tras su papel de mujer poco seria. Y ella lo único que quiere es estar con él, quitarse la careta de dura y disfrutar con el hombre que ama de la gran luna llena que cubre su cielo. 
Tyrone llega demasiado borracho para recordar nada, confunde a Josie con alguna de sus prostitutas, pero sabe que no faltó a la palabra que dio a sus amigos. Y así Josie descubre el engaño de su padre, pero con éste, los sentimientos y la nobleza del hombre al que quiere. Siente que puede ser la oportunidad que él necesita para superar sus fantasmas, expiar sus pecados y volver a la vida y a la felicidad junto a ella. 
Pero Tyrone murió hace tiempo cuando dio por perdida la felicidad, es un desdichado que ya no cree que pueda merecerse la oportunidad que ella le ofrece y aún sabiendo lo que pierde y el daño que hace, prefiere olvidar la oportunidad vivida y seguir como un muerto en vida. 

La historia es sencilla, pero tiene como variante que uno de los temas principales es el amor, nada típico en las historias de la época. Además éste está contado con una tremenda dulzura, porque los personajes, ya maduros, siente que para ante ellos la última posibilidad de ser felices. La sencillez y la buena interpretación hacen que la obra pase volando, se vive deseando alcanzar esa historia que nunca llega a ser. Hemos pasado un día con ellos, en su caravana, un día en que el futuro pudo cambiar.

El escenario es simple, muy del estilo de las obras que se representan en el Teatro Español, elecciones de Mario Gas. 
Los actores son muy buenos, cada uno a su manera. Eusebio Poncela hace una interpretación muy particular de su personaje, muy moderna (menos mal que no era del Siglo de Oro!) que me encantó. Y es que todo se le perdona cuando han conseguido que en dos horas hayamos vivido esta tremenda historia con ellos. Nos hemos sentido queridos y perdidos sin futuro, como Tyrone y Josie.