viernes, 15 de noviembre de 2013

DUET FOR ONE

En la sala Guindalera hoy podíamos deleitarnos con una de las mejores familias del teatro, los Pastor. Dos tercios de sus integrantes se iban a poner ante nuestros ojos, para hacernos disfrutar como siempre y como nadie del buen teatro.

Duet for one no se podría clasificar como una obra sencilla. Basada completamente en el texto, sin atrezzo o agentes externos que den pie a la actuación, todo el peso recae sobre los actores, en una obra sin descanso. Por eso cuando quiero ver buen y puro teatro me acerco a su sala.


Juan Pastor es el doctor Feldman, Ana Pastor es la señora Abraham, esposa del conocido pianista Leiberman. Solos en escena, nos contarán de qué trata la vida, cómo superar las dificultades y cómo entender nuestras limitaciones.

Ella ha ido a la consulta del conocido doctor aconsejada por su marido. Aún es muy joven pero una dolencia crónica grave la ha obligado a abandonar su pasión y profesión, concertista de violonchelo, y ha quedado postergada en una silla de ruedas. Padece esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa y sin cura que le ha hecho renunciar a sus sueños y a su futuro.


El diálogo entre ambos nos enseñará la debilidad del ser humano, la capacidad de ocultar sus verdaderos sentimientos bajo muchas capas, de crear y creer engaños como medio de subsistencia. Cada pregunta enerva más a la joven que siente como el mundo inventado se resquebraja y pierde su función de protección.

El psiquiatra indaga en la relación con su marido, basada esencialmente en la música que les unió y que ahora que se ha vuelto inexistente y les separa. Analiza la relación con sus padres: su madre renunció a su carrera como pianista para acompañar a su marido, y ese sacrificio se ve reflejado en ella, que lucha también sin medida. La lucha de la señora Abraham, Stephanie, también es la de una hija que pierde a su madre y se debe de enfrentar a un padre de mente estrecha para convertirse en lo que quiere ser, una gran violonchelista. Su vida hasta aquí ha sido una lucha continua por alcanzar sus metas, y con 36 años enferma de la peor manera posible, ya que sabe que nunca volverá a tocar su instrumento.

Y así sus distintos intentos por mostrarse fuerte son desmontados una y otra vez por un doctor que sufre el despecho de su paciente hacia el tratamiento. Ante confesiones sobre suicidio, humillaciones y desprecios que ella misma se infringe, el señor Fieldman acaba desvelando lo que realmente piensa de esa niña asustada y cobarde que ve en su paciente. Y le indica el auténtico camino de la vida, que es vivirla, enfrentarse a cada problema que nos encontramos para resolverlo y ser mejores personas. Con estas palabras, con esta verdad frente a ella, Stephanie no tiene más recursos para ocultarse, para esconderse detrás de su máscara.

Así que en la última sesión psiquiátrica, Stephanie confiesa que no volverá a su consulta porque no hay solución posible para ella. Porque su vida no está del lado de la realidad, sino del de la magia de su música y una vez ésta ha desaparecido no hay forma de volver al mundo real, el que dejó siendo una niña.


La sencillez y dureza con la que ambos actores nos van enfrentando a la vida es magistral, supongo que este mérito debería de ser repartido entre autor, director y actores. Destaco al autor porque escribió esta obra hace pocos más de 30 años, pero ésta conserva un toque clásico muy especial.

La historia está basada en la vida de Jacqueline du Pré, esposa de Daniel Baremboin, el famoso pianista. Como nuestra protagonista Jacqueline, vivió para el violonchelo y murió de esclerosis múltiple.

Y ahora, después de esta estupenda obra, sólo pondría una objeción. Parece que la sala Guindalera está empeñada en especializarse en casos raros, enfermedades de dificil tratamiento y con una afección importante en la psicología de los personajes (Molly Sweeney, La máquina de abrazar).

Sobre los actores hay poco más que decir, sólo añadiría que María Pastor me ha gustado aún más si cabe que en otras representaciones.


viernes, 8 de noviembre de 2013

DIARIO DE UN LOCO

Si pienso en un autor ruso, elegiré como no, a Anton Chejov. De él he visto casi todo lo que ha pasado por los escenarios de Madrid. Pero en ocasiones suena otro gran dramaturgo del que casi todo lo representado tuvo buenas críticas: Nikolai Gogol. Alguna entrada de sus obras está colgada en este blog, como la de El Inspector.

El Matadero ha traído a escena un monólogo suyo, y han elegido a mi adorado José Luis García-Pérez para su representación.



El escenario es una gran jaula, donde todo nos recuerda el encierro, la falta de libertad. Cuando entramos a la sala encontramos que Aksenti Ivanovich ya nos espera en escena. Nos observa y nos sonríe encaramado a las alturas del escenario.

Aksenti viene a relatarnos su vida a modo de diario. Así nos hace participes de sus sueños, aspiraciones e infelicidades. Nos cuenta que ocupa un puesto de alto funcionario en la administración rusa. Se encarga entre otros temas, de preparar las plumas de escritura para el director de su empresa, una labor muy importante y por la cuál está muy bien valorado por éste. En cambio su jefe, que le tiene envidia, le humilla y maltrata constantemente. Pero de quien Aksenti busca la admiración es de Sophie, hija del director, a la que ama secretamente.



Una mañana Aksenti se topó con la joven que entraba a una tienda. Su perrito se quedó esperando en la puerta y él pudo asistir a uno de los hechos más insólitos de su vida: la conversación entre el perro de Sophie y otro de unas vecinas. Aquí empezamos a sospechar que algo en la cabeza de Aksenti no funciona bien del todo, aunque quién sabe cuál es la verdad, que es lo que no marcha bien.

Aksenti pretende averiguar algo más sobre esta extraña historia y consigue robar la correspondencia que han cruzado ambos perros. En las cartas la perrita de Sophie cuenta detalles de su dueña. En ellas descubre que Sophie le considera un payaso y está enamorada de otro hombre, con el que piensa casarse. Su dolor es máximo, no sólo porque pierde a la mujer que quiere, también porque con ella se va toda sueño de una vida mejor.
Y es que él desea pertenecer tanto como odia ese mundo que le está vetado: una buena posición, una vida acomodada, codearse con las altas esferas de la ciudad y ser correspondido por la mujer que ama.

Algo parece romperse en su cabeza, algo que ya estaba deteriorado. Su sueño de gran funcionario, su deseo de ser agasajado por el director, todo se tambalea bajo sus pies. En su locura ya evidente, encerrado en su casa, Aksenti ve la luz. En el periódico lee una noticia sobre España, en este país andan buscando a su rey. ¡Qué locura! Pero ya está todo claro, ¡él es el rey de España! Así que se sienta a esperar a la delegación que vendrá a buscarle. Pasan los días, meses y nadie aparece. Por fin, abandona su refugio y se dirige a su empresa a proclamar quién es. Allí su jefe le ridiculiza, pero Aksenti se mantiene frío y calmado ante sus ataques, como le corresponde a alguien de tan alto grado. Ahora que es rey de España podrá codearse con el director y su hija, estará por encima del prometido de la joven. Recuperará por fin la posición que le fue negada,¡será admirado!




Hasta su casa llega por fin la delegación que viene a llevarle hasta su trono. El viaje a España es bien corto y en poco tiempo se encuentra en un nuevo lugar que nada se parece a lo que esperaba. Allí sufre palizas, es encerrado en cuartos con rejas y no consigue ser tratado como quién es. Los hombres a su alrededor le aclaman y siguen pero huyen cuando la cosa se pone fea y al final es Aksenti el acaba recibiendo enormes palizas.

Él sólo quiere que le traten como le corresponde, pero es la ambición de los otros la que no le permite alcanzar sus sueños, la ambición que se manifiesta en un grano bajo la nariz, la que impide que Aksenti pueda ser feliz. L
a ambición de los poderosos es la misma de la que él también es víctima y no consigue superar. 


El diario de Aksenti es una triste historia sobre un hombre que quiere ser feliz accediendo a todo aquello que no pertenece a su clase. Sueña pero la realidad se mezcla con sus deseos y no es capaz de distinguir realidad y ficción, hasta que su locura acaba convirtiéndose en su perdición.



El escenario se llena con la voz de José Luis García-Pérez. No es una voz de galán ni de gran señor, al contrario, es tan rasgada que con él sentimos cada agravio y vivimos cada sueño como nuestro. Y sufrimos cuando le vemos padecer los ataques, todo por no aceptar quién es. 

El escenario se ilumina a través de jaulas ocupadas con pájaros de papel que dan una extraña sensación de agobio y lucidez al mismo tiempo. 

Su diario hace a la historia avanzar, los días y semanas pasan en un calendario a veces inventado, con el que se construye su capa de rey. Todo parece encajar en su mundo imaginado que choca con la ambición del exterior, con la realidad de los de fuera que se ríen de él. 

domingo, 27 de octubre de 2013

La verdad sospechosa

Volvemos juntos al Teatro Pavón, a disfrutar de su buen hacer y del verso de nuestros clásicos. En esta ocasión veremos una obra de Ruiz de Alarcón aunque en tiempos fue atribuida a Lope de Vega: La verdad sospechosa.


La obra fue escrita en el Siglo de Oro, cuando no todo eran luces. Con ella nuestro autor intenta criticar a la clase noble y distinguida, que en lugar de dar ejemplo al populacho, tiende a aprovecharse de su posición. El ataque, hemos de suponer, fue feroz, pues el defecto criticado es la mentira y la virtud dañada, el honor. Palabras mayores en el Madrid de los hildalgos.

El escenario nos sorprende con su sencillez. Se trata de dos paredes en ángulo, con un acabado de pequeñas losetas monocromáticas sobre las que se superponen imágenes desde un proyector. Las dos paredes quedan de modo que el escenario se convierte en un triángulo cuyos lados se abren para dar la impresión de puertas, balcones y arcadas. Muy versátil.

Arranca la obra con música de piano. El mentiroso don García acaba de volver de Salamanca y se encuentra con su padre don Beltrán (interpretado por el siempre magnífico Joaquín Notario). Por su educador descubrimos el vicio de don García; las mentiras. Su padre se aflige pues aquel es, en su opinión, vicio más pernicioso que otros.


El joven don García pronto comienza a evidenciar su falta. En el centro de Madrid conoce a unas jóvenes, Jacinta y Lucrecia, quedando prendada de la primera. Pero por error de su escudero los nombres se confunden y concibe él que es Jacinta Lucrecia y viceversa. Las mentiras de don García empiezan a provocar equívocos y confusiones, y así don García es retado por don Juan de Sosa, prometido de Jacinta. El honor es salvado por otro embuste, y cuando los ecos de sus actos llegan de nuevo a don Beltrán, de nuevo don García miente para salvar el paso. La red de engaños es cada vez más densa y el amor que Jacinta siente por el joven galán es enredado, tergiversado y finalmente, perdido. Incluso don Beltrán es engañado y en la escena final el arranque de sinceridad de don García es ignorado por todos, pues ya nadie le cree. Pierde a su amor y es condenado a casarse con quien no quiere.


Un final trágico para una obra de enredo. Algo inusual en nuestra experiencia, que viene a confirmar en cuán mala estima se tenía a quienes divulgaban mentiras y engaños.

En cuanto a los actores, la novedad para nosotros es Rafa Castejón en su papel protagonista de don García. Aunque mantiene los elevados estándares de la CNTC, nos llevamos la impresión de que no da el tipo para el papel de galán protagonista. La actriz principal -Marta Poveda- es un torbellino frenético de actividad y gestos. Joaquín Notario como don Beltrán es rotundo y activo; estos dos personajes generosos contrastan con la parquedad de gestos del personaje de don García, dando la impresión de que la obra como conjunto no está bien hilvanada.

Es posible que esta compañía necesite más rodaje, pero el tandem de la CNTC con el teatro Pavón nunca nos defrauda.

sábado, 28 de septiembre de 2013

BUNRAKU: LOS AMANTES SUICIDAS DE SONEZAKI

Pocas cosas nos faltaron por hacer en Japón, una de ellas fue asistir a una obra de teatro Bunraku. Pudimos disfrutar de teatro Kabuki, Noh y hasta de aquel extraño teatro de mecanismos móviles.Pero el National Bunraku Theatre, situado en Osaka, no tenía representaciones en esa temporada.

Por suerte nuestro país nos obsequia con el Año Dual España - Japón y trae hasta aquí mismo una representación de teatro Bunraku. Pero como extrañeza que es, sólo permanecerán en la ciudad dos días así que nos lanzamos a comprar las entradas semanas antes. Para la fecha de la adquisición los mejores sitios ya estaban vendidos, así que nos resignamos a ocupar nuestro huequito de siempre, esta vez pertrechados de los prismáticos para no perdernos lo más mínimo.

El teatro que suele estar medio lleno, hoy está hasta los topes. Aquí podemos encontrar a japoneses, europeos y otakus, no falta nadie. La representación comienza con una introducción del director que nos resume el argumento. Nos avisa de que no hay subtítulos y el texto es cantado en japonés, así que difícilmente entendamos  lo que allí se dice. Pero lo que parece una misión imposible no lo es tanto porque la expresividad de las marionetas nos ayuda a entender las palabras. Además, el argumento se parece a grandes rasgos al de Romeo y Julieta.


Tokubei y O-Hatsu se aman. Su relación es muy difícil ya que son de diferente clase social, él es un joven comerciante y ella es cortesana. Pero están dispuestos a luchar por su amor. Sin embargo la sociedad no está tan preparada para aceptarlo. El patrón de Tokubei, que le tiene en alta estima, pacta con su madrastra el matrimonio de éste con su sobrina y para cerrar el trato le paga una importante suma. Pero Tokubei no piensa renunciar al amor y se opone al acuerdo ya cerrado. Un amigo de Tokubei, Kuheiji está pasando graves apuros y pide a su amigo que le preste una cantidad de dinero, que le será reembolsada en pocos días. Tokubei confiado le deja el dinero, aún a sabiendas de que no es suyo y lo tiene que devolver.
Pasados los días los amigos se reencuentran. Cuando Kuheiji es preguntado por la suma, niega el préstamo y llama mentiroso a su amigo. No siendo esto suficiente, los amigos de Kuheiji propinan una paliza al joven desgraciado.

Tokubei confiesa todo lo ocurrido a O-Hatsu, los dos saben que su posibilidad de ser felices se aleja cada vez más. Ambos se encuentran escondidos en el lupanar a donde llega Kuheiji en busca de compañía. O-Hatsu esconde a Tokubei en la parte baja de la sala y allí se desarrolla una de las escenas más bonitas de la obra: Tokubei acaricia los pies de O-Hatsu como medio para comunicarse con ella. Mientras, en la casa Kuheiji no para de criticar a su amigo, que lo está escuchando todo.


Una vez llega la calma a la casa, los amantes escaparán e irán a buscar la muerte juntos, como única forma honorable de llegar al fin de sus vidas. En el campo, con el amparo de la noche y la soledad, se despedirán hasta pronto, hasta reunirse en el paraíso. Tras el adiós, Tokubei acabará con la vida de O-Hatsu y después pondrá fin a la suya.


La obra supuso una revolución en su país en el momento de su estreno. En una sociedad tan tradicional, una oleada de jovenes enamorados tomaron la misma determinación que los amantes suicidas. Finalmente la obra tuvo que ser prohibida en el país y sólo tras más de cien años pudo volver a ser representada.

La belleza de la obra radica esencialmente en la dulzura de las marionetas, las cuales a pesar de no contar con grandes detalles, son capaces de mostrarnos los sentimientos de una forma muy clara. Cada marioneta es movida por cuatro personas, que desaparecen ante nuestros ojos para que sólo nos fijemos en los auténticos protagonistas.

La combinación de la acción con la música y el canto nos envuelven en un conjunto mágico. El canto nos suena a algo parecido a los mantras y rápidamente nos sentimos imbuidos por el ambiente que se crea.
Un espectáculo diferente y atractivo a partes iguales, del que nos llevamos un muy buen recuerdo.


viernes, 27 de septiembre de 2013

TÍO VANIA

El teatro de la Puerta Estrecha es un referente para mí, cualquier obra que programen merece ser tenida en cuenta sólo por haber sido elegida por su compañía, La Pajarita de Papel. Si a esto unimos que algunos de los actores se están convirtiendo en viejos conocidos, es fácil que nos pasemos por su sala periódicamente.

Hoy además añadimos el nombre de Anton Chejov, así que la decisión es bien sencilla: hay que ir a verla. Tío Vania es una representación que extrañamente no había visto.

En esta obra el ambiente de la Rusia de la época final de los zares no se muestra tan claramente como en otras pero queda implícito en los personajes que nos acompañan. La acción transcurre en una casa de campo alejada de la ciudad, donde Vania y el ama de llaves Marina han pasado casi toda su vida. Son seres sencillos que disfrutan de la tranquilidad y seguridad que da una vida sin sorpresas. En este avance hacia su vejez les acompaña Sonia, sobrina de Vania. La joven perdió a su madre hace años y Alexander, su padre, la envió a la casa de su tío, donde se ha criado. Pero hace unas semanas Alexander apareció en la casa con su joven esposa, Elena, y dijo venir dispuesto a quedarse. Su llegada ha desestabilizado el ritmo del hogar y los roces van surgiendo.


Alexander es un ser egoísta y presuntuoso que se considera superior a los que le rodean. Escribe textos y libros sobre arte y filosofía de mediocre calidad y sin embargo trata a los que le rodean con un cierto desprecio y busca el agasajo continuo. Su mujer es la que más sufre su comportamiento, ella creyó estar enamorada de ese profesor y ahora descubre que es muy infeliz.


Además de la familia un sexto personaje visita la casa: el médico (¿qué sería de Chejov sin sus médicos?). Astrov es frecuentemente llamado por Alexander que necesita quejarse de sus dolores, pero este joven no está dispuesto a ser manipulado como los demás. Astrov es idealista, luchador, justiciero, pero se enamora de la mujer equivocada, Elena, la mujer de Alexander. El problema es que Sonia, la sobrina del tío Vania está loca de amor por el joven médico. Elena intenta interceder por su hijastra y averiguar cuáles son los sentimientos del médico, rechazando los suyos, y es que ella también está enamorada del joven doctor. Pero el amor está por encima y tan pronto como el médico confiesa que a quién él ama es a ella, Elena, los dos se funden en un beso. Vania verá todo lo ocurrido y culpará a la mujer por ello. Pero él también sabe que es injusto que una mujer joven pierda su vida junto a un ser como su cuñado.
Todos los personajes son infelices, aceptan su vida como un hecho invariable, sufren por aquello que no pueden alcanzar y sienten el paso del tiempo como una losa que les hunde cada vez más.

A pesar de los recelos y el odio que todos se profesan, Alexander decide convocar a la familia y anunciar una resolución: la casa de campo será puesta a la venta. Tío Vania no resiste más la situación y entra en cólera contra su cuñado declarando toda la verdad: Alexander está arruinado y vive del dinero que Vania le envía. Cuenta que él renunció a su herencia en favor de su hermana para que ella y Alexander se quedaran con la casa de campo y ahora éste se lo agradece echándoles de su propio hogar. Y seguidamente Vania coge un arma y dispara contra su cuñado que por suerte o desgracia sale ileso.

Tras calmarse los ánimos ambos hombres hacen las paces, acordando que los envíos de dinero de Vania a Alexander se seguirán realizando de la misma forma. Alexander recomponiendo su orgullo abandona la casa junto a su mujer. Ésta renuncia al amor del médico que también se irá para no volver ya que allí ya no le espera la persona a la que él quiere.

Vania se siente acabado y piensa en poner fin a su vida, pero como siempre, es Sonia la que le contagia sus ganas de vivir, su deseo de luchar aquí por una vida mejor tras la muerte y la que le convence para abandonar la idea del suicidio. Mientras, Marina observa a todos los personajes y guarda en lo más profundo de su ser la opinión que cada uno le merece.

Y Vania y Marina vuelven a su rutina, acompañados de la joven. Cada uno deberá de soportar la frustración de una vida sin sentido. 

Chejov como siempre nos cuenta las miserias de sus personajes, nos introduce en ambientes asfixiantes donde las vidas no muestran más que desesperación y renuncia. Pero siempre intenta dejarnos un atisbo de luz, un pensamiento para la esperanza reflejado en los jóvenes que serán el cambio que Rusia se merecía.

Aunque en esta ocasión su argumento parece distanciarse algo más de aquello a lo que Chejov nos tiene acostumbrados, muchos de sus personajes insignes aparecen: el déspota, la joven soñadora, el médico, el ama de llaves, todo el imaginario de Chejov ante nuestros ojos.



sábado, 14 de septiembre de 2013

LA DAMA DUENDE

Después de tres meses en blanco, comenzamos la nueva temporada de teatro con una obra insigne del Siglo de Oro: La Dama Duende, de Calderón de la Barca. 

Aunque lo esperado sería ir al Pavón a disfrutar de la CNTC, hoy asistiremos al Teatro Español a un homenaje a Miguel Narros. Ésta fue la última obra que dirigió antes de su muerte en junio del 2013. 
Y para disfrutar de la buena tarde y la estupenda compañía, nos sacamos entradas en el patio de butacas, como dos señores!

La historia nos cuenta un enredo al más puro estilo de la época. La Dama Duende es tan sólo una dama pero con un detalle genuino, se hace pasar por duende cuando entra en la habitación del huésped de su hermano. La pobre doña Luisa vive aislada del mundo tras enviudar y, protegida por sus dos hermanos, pasa los días y las noches encerrada en su habitación sin salida a la calle. Pero es joven y está llena de vida así que aprovecha los descuidos de éstos para salir a recorrer las calles de Madrid. En una de sus escapadas conoce a un galán del que queda prendada. Éste la asalta cuando ella huye de ser descubierta por uno de su hermano D. Luis. Tras pedir al caballero que retenga al hombre que la sigue, ambos, galán y hermano, se batirán con sus espadas. Pero este duelo que podía haber acabado mal, es parado a tiempo por el hermano mayor de Don Luis y Doña Ángela, D. Juan. El galán, cuyo nombre es D. Manuel es antiguo compañero de armas de D. Juan y viene a pasar unos días en su casa, camino del Escorial. 

D. Luis se disculpa con D. Manuel a regañadientes, por la leve herida que le ha producido, como siempre D. Luis mete la pata y acaba haciendo el ridículo.

La noticia del nuevo huésped llega hasta la escondida dependencia que ocupa la hermana, y atando cabos descubre que el hombre que allí se aposenta es su amado. Con su doncella urden un plan para llegar hasta la habitación de invitados y conocer algo más del caballero. Desplazando la alacena accederán a un pasillo que les conecta con una entrada secreta en la otra habitación. 
Aquí comienza la leyenda de la dama duende, una mujer que acude a la habitación, revuelve las pertenencias de sus huéspedes, se lleva el dinero, y deja notas de amor. 
Los invitados, D. Manuel y su sirviente, viven la noticia de una forma bien distinta, con pánico y terror y cierta curiosidad por las cartas de amor recibidas. Las misivas son contestadas con la esperanza de conocer a la misteriosa dama-espíritu. 

Pero tantas son las idas y venidas de las damas, tanto va el cántaro a la fuente, que son cazadas allí. Con argucias de duende, consiguen representar su papel y escapar victoriosas de tal embrollo. 

Por fin llega la gran noche, aquella en que los deseos de D. Ángela se verán cumplidos. Doña Ángela les ha preparado una "fiesta" con la ayuda de Beatriz, prima y prometida de su hermano D. Juan y por la que D. Luis está loco de amor. Los hombres son conducidos con los ojos tapados hasta la dependencia de la dama que cubierta con antifaz les recibe. Ángela se confiesa ante D. Manuel mientras que las doncellas, vestidas como Sherezade, bailan con su criado. 

Pero el ruido despierta a D. Luis que intenta llegar a la habitación para defender el honor de su hermana. Rápidamente los hombres son llevados de vuelta a su habitación pero D. Luis lo descubre todo: fiesta, alhacena móvil, pasillo secreto y supuesta relación adultera. La lucha entre ambos caballeros será inevitable, pero como siempre, ahí está el amor, para arreglar entuertos y traer la felicidad a las almas que se quieren. Para evitar la lucha la única posible solución es salvar el honor de la dama, el caballero debe de pedir su mano. Dicho y hecho, todos quedan felices con dicha solución. Y como las bodas no vienen solas D. Juan también unirá su vida con la de su prima D. Beatriz, a costa de la desgracia de su hermano D. Luis.

Esta es la historia de la Dama Duende, que arriesgó su honor y su vida por conseguir el amor. Calderón es capaz de, en 1629, dar a la mujer un papel de importancia y mostrar la legitimidad de ésta de decidir su futuro.

Hasta aquí todo estupendo, el problema viene cuando la puesta en escena no sabe sacar todo el partido de una obra tan interesante como ésta. Por ejemplo, la obra nos cuenta la que podría ser la parte más graciosa, los paseos nocturnos entre las dependencias, de una forma larga y algo tediosa que acaba aburriendo. Tampoco los actores son capaces de mostrar las distintas facetas que sus personajes pueden contener. D. Juan es un hombre justo, D. Luis es un patán, D. Ángela es una mujer con las ideas claras..., pero en general poco más muestran por encima de esta "primera piel".
El escenario y el vestuario fueron correctos, sin ser nada especialmente destacable. 

Así que la estupenda tarde de teatro se convirtió en un rato entretenido aunque a veces llegamos a desear que todo se descubriera pronto y acabar con esta pesadez. 

miércoles, 19 de junio de 2013

EL RÉGIMEN DEL PIENSO

Desde la primera vez que nos encontramos con La Zaranda descubrimos su teatro único, especial. Si tuviera que explicarlo con pocas palabras diría que su misión consiste en enseñarnos la más cruda realidad que nos envuelve, en la que estamos tan metidos que somos incapaces de ver con claridad. La Compañía con sus textos es capaz de quitarnos el velo que nos ciega y con un lenguaje muy particular mostrarnos la verdad.  Eso sí, ver sus trabajos tiene un precio, el de dejarnos malheridos, tocados y casi hundidos.

Hoy La Zaranda quería hablarnos de nuestra renuncia a una vida mejor a cambio de mínimas compensaciones que nos son otorgadas y que consideramos imprescindibles. Para ello nada mejor que una buena metáfora: los hombres son como los cerdos que aspiran a una buena comida y una buena pocilga, para al final de sus vidas ser sacrificados con el mínimo dolor. 


A partir de esta idea nos cuentan una historia que a veces no tiene pies ni cabeza, o mejor dicho, hay que estar dentro de su mente para entender todos los matices de su interpretación, ya que desde nuestra butaca sólo conseguimos absorber una pequeña parte. Pero es que el teatro no es sólo para entenderlo, también hay que sentirlo, percibirlo, y eso sí que llegamos a notarlo con ellos. 

En la empresa dedicada a criar cerdos se está dando un extraño caso, los animales mueren por una epidemia indetectable. Los cerdos luchan por el pienso hasta la muerte mientras que aquellos que comen mucho se suicidan. Los veterinarios forenses abren los cuerpos pero no encuentran nada en su interior, es más, los cerebros están vacíos, huecos. Para investigar mejor el caso van a recrear lo ocurrido en la nave.
Indagan en las oficinas de la empresa y lo primero que encuentran es una tediosa administración que ralentiza los cambios, los trámites llevan trámites que llevan su curso, y las mejoras nunca alcanzan a los trabajadores. Entre tanto papeleo inútil una circular indica la destitución de un responsable. Éste que antes justificaba las decisiones de su empresa ahora se revuelve contra ella. Sin embargo el que ha sido ascendido a su puesto es palmeado y agasajado por sus compañeros, que esperan sacar "tajada". El nuevo jefe echa al que ha sido cesado dando como justificación que las decisiones de la empresa son siempre las correctas. Pero como saben que se ha cometido una injusticia, ya que se trataba de un trabajador ejemplar, aseguran que su caso saltará a la fama. Así que en un juego infame, son los cerdos los que recrearán la historia del funcionario despedido, que por cierto se llama Martín.

Mientras tanto el caso de los cerdos muertos sigue su investigación. Los animales reclaman su pienso, luchan y se matan. Algo les hace acabar con sus vidas antes de ser conducidos al matadero. Para erradicar la epidemia la solución es clara: hay que acabar con todos los animales. Archivadores con los casos estudiados vienen y van, copias por triplicado sin ningún sentido aparente.

Martín, que sigue reclamando un puesto en la empresa por la que ha dado la vida, pierde la cabeza pero recupera su cordura, la que dejó olvidada cuando pasó a estar absorbido por su trabajo. Ahora Martín entiende qué enfermedad hace que los cerdos se maten y suiciden: los animales se están rebelando contra el poder opresor, prefieren matarse a seguir alimentando la cadena que les ahoga. Pero de nada sirve su descubrimiento, ya que él está siguiendo el mismo camino que los cerdos que se encaminan al matadero. Martín es ahora un loco que nadie escucha en estado terminal que pasa a ser desenchufado de las máquinas que le dan la vida. Con esto se paga su trabajo de tantos años.

Como decía, la historia es enrevesada y a veces complicada de seguir. Pero tampoco asistimos a una obra al uso, no se trata de una historia convencional, con presentación, nudo y desenlace. Más bien hablaríamos de una lección para nuestras vidas, una bofetada para que reaccionemos y veamos en qué nos hemos convertido. La crítica afecta a nuestras vidas, el trabajo, la facilidad con la que nos hemos dejado comprar, la falta de juicio y pensamiento propio, y tantos otros temas.  

Como siempre sus escenarios tienen el sello muy personal. Con muy poco atrezo pero muy versátil, consiguen recrear todos los ambientes que necesitan. En este caso utilizan estanterías metálicas que simulan archivadores, pocilgas, cárceles, mesa de operaciones. Y como siempre cuentan con cables colgando del techo donde enchufar los flexos que iluminarán las mesas de trabajo, quirófano, o a cualquier personaje que quiera ser escuchado por todos e imponer su criterio.

Los cuatro actores se guisan y se comen todo lo que allí ocurre. Crean el ambiente, escriben los textos fieles a su estilo tan personal, cambian la escena partiendo de los objetos de que disponen. Con todo ello consiguen llevarnos a su mundo, un lugar que cada vez tiene más seguidores.