lunes, 3 de junio de 2013

LA VENGANZA DE DON MENDO

La venganza de Don Mendo es un clásico en toda regla, eso sí, un clásico del s. XX. Aunque no se distancia tanto de las gloriosas obras de nuestro Siglo de Oro, ya que fue escrita como burla de aquellas de capa y espada de esa época.
Su historia es bastante conocida porque ha sido mil veces representada en teatros, como ésa que fue emitida por televisión, en la que Raúl Sénder hacía del perfecto D. Mendo. Desde que la vi sólo su cara me encaja en el papel del protagonista. 



Hoy por suerte no tenía que imaginar las caras de los intérpretes, ya que la versión era bien distinta.

El Espejo Negro lleva más de veinte años dando movimiento a sus marionetas. Habitualmente traen a escena obras escritas por ellos pero en este caso han preferido adaptar el clásico de D. Mendo a su forma de entender el teatro.

El marqués Don Mendo ama a Magdalena, la hija de Don Nuño. Para consumar su amor cada noche trepa la torre por la escala que ella le lanza. 


Pero llega el fatídico día en que D. Nuño indica a su hija que será casada con el duque de Toro, Don Pero. Ésta en lugar de sentirse morir se felicita por la buena posición de su prometido. Inmediatamente decide deshacerse de su amante pero los planes no salen como ella pensaba. Cuando esa noche D. Mendo escala la torre, es visto por el prometido de su amada. Éste va a conocer lo que allí se cuece, se encuentra con el visitante y ambos luchan. 



D. Mendo ha sido cazado pero el honor de su amada tendrá que ser protegido por encima de todo. Por ello, confiesa que ha entrado a robar y muestra un collar de perlas, el que Magdalena le entregó un rato antes para que pagara sus deudas, pero con el fin de posteriormente echarle la culpa de su falta. D. Mendo cree haber cumplido con su cometido pero se da cuenta de que ha sido un "pardillo" al enterarse de que su amada está prometida con su contrincante en la lucha.  
Como castigo es encerrado en una prisión de la que nunca saldrá. Por si esto fuera poco Magdalena pide que empareden al ladrón de D. Mendo, pero éste es liberado en último momento por un amigo, el marqués de Moncada. El emparedado será uno de sus verdugos, así nadie sabrá que él sigue vivo. 



La nueva vida de D. Mendo le convertirá en trovador, un poeta que enamora a muchas mujeres. Azofaifa le acompaña con las canciones y se muere por sus huesos. Pero D. Mendo solo tiene un cometido, la venganza.Conquista a Magdalena, lo que tampoco tiene mucho mérito ya que ésta le ha puesto los cuernos al manso de su marido Toro con cientos de hombres. Su último amante es el rey de León, Alfonso VII. El trovador llega a la corte y la reina Berenguela queda prendada de él. Bajo petición de los reyes Alfonso VII y Berenguela, canta una canción bien conocida por los asistentes, la que relata su vida y el engaño del que fue víctima. 



Y cómo no, el final tenía que ser el típico de las comedias de enredo de la primera mitad del s. XX. Todos se darán cita en el mismo lugar, en este caso una cueva. Magdalena quiere encontrarse con el trovador, el rey con Magdalena, la reina con el trovador, D. Pero y D. Nuño quieren ver lo que ocurre y acuden a la cueva para salvar su honra, Azofaifa quiere matar a la mujer que tanto daño hizo a su amado y también aparece por allí. 

Y todos caerán como chinches, algunos asesinados, otros se suicidarán, y los que queden, de muerte natural. Azofaifa mata a la deseada Magdalena, dejando a D. Mendo sin posibilidad de venganza, así que se ofrece para ser asesinada y mitigar la pena de su amado Mendo.

Toda esta historia que aquí se cuenta nos fue relatada a nosotros por un perro pulgoso, una especie de caniche feo con un estupendo acento andaluz. Y es que si la historia era conocida, la compañía El Espejo Negro ha sabido darle un giro original, fresco y muy divertido. Eso sí, no olvidando nunca sus principios y su forma de entender el teatro. Por ejemplo, emplean un lenguaje con bromas en ocasiones algo soeces y no muy recomendables para niños, menos mal que son los traviesos de los muñecos las que los protagonizan. 

Los personajes se distanciaban bastante de caballeros y damiselas al uso, no sólo por el vocabulario, también por la apariencia divertida, representados por animales: Magdalena es un cerdo, D. Mendo es una oveja...



Como la obra es creada para hacer reir y llegar a todos los públicos, niños y mayores, emplean recursos sencillos pero divertidos en este tipo de representaciones, haciendo referencia a momentos muy conocidos de películas como la guerra de las galaxias.



Y por si todo esto fuera poco, nos deleitan con canciones de Rafael (¡con el mismísimo Rafael cantando en directo!), David Civera (Que la detengan, que es una mentirosa), o Michael Jackson (como el zombi que va a ser emparedado). Tampoco faltan los tambores, que tocan los mismos repiques que acompañan a los tronos en semana santa, y es que la compañía es malagueña. 

Esta es una obra para olvidar los problemas, relajar la mandíbula y disfrutar con el buen trabajo de estos artistas. 

domingo, 2 de junio de 2013

QUE NO HE MUERTO

Lorca sigue vivo. Esta noche hemos estado con él y él mismo nos lo ha confesado: vive en cada uno de sus poemas, sus letras y canciones.





La luna es un pozo chico, 
las flores no valen nada, 
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.






Hoy hemos asistido a un recital de poesía y flamenco en el que hemos conocido mejor a la persona y al personaje que eran Federico, Federico García Lorca. 

Las estrellas 
no tienen novio
¡Tan bonitas
como son las estrellas!

Para conocerle hemos escuchado lo que sus amigos pensaban de él, la admiración que todos le tenían por su genialidad, su vitalidad y su alegría. De su genialidad no han hecho falta más pruebas que escuchar sus poemas. Y por si aún nos quedaban dudas, hemos disfrutado de algunas de las muchas canciones flamencas y tradicionales creadas a partir de sus letras, que ya forman parte de nuestra vida.


De los cuatro muleros
 que van al río, 
el de la mula torda 
es mi marío. 

Algunas de estas canciones forman parte de mi vida, de mi niñez, las  tengo almacenadas entre mis primeros recuerdos.

Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

Sus amigos cuentan que cuando él estaba todo se llenaba con su presencia, y que incluso tras su marcha él permanecía en el lugar. Le calificaron como un criatura extraordinaria, o como el Primero. Han venido a contárnoslo todos sus amigos: Jorge Guillén, Vicente Alexandre, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Dámaso Alonso, Pablo Neruda, Pedro Salinas y muchos más.





El lagarto y la lagarta 
con delantalitos blancos
han perdido sin querer
su anillo de desposados





Damaso Alonso recordó la vez que, estando en Nueva York, Federico comenzó a tararear canciones tradicionales andaluzas. Aunque nadie entendía su idioma, todos se sintieron embriagados por la voz y la pasión que él ponía. 
yo denuncio la conjura 
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva

También Lorca reflejó en sus obras el cariño que tenía por sus queridos compañeros, la huella que le dejaron o el dolor que sintió con su pérdida.

A las cinco de la tarde
Eran las cinco de la tarde
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde

El amor que sentía por la diversidad de culturas y las distintas raices que habían formado su pueblo están evidenciadas en el Romancero Gitano entre otras muchas obras.

¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas que éramos moras
en Jaén: 
Axa y Fátima y Marién.

El mariquita se peina
en su peinador de seda
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

Pero entre tantos viajes, amigos y escritos, nunca olvidó su tierra, su Andalucía  y su Granada.


Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales,
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.




Los últimos textos son los que sus amigos tuvieron que escribir para ahogar su pena al saber que Federico había sido fusilado. Su asesinato dejó un vacío insalvable, imposible que sea ocupado por nadie igual.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto

El flamenco es quizá la máxima expresión de sus poemas, la voz rota, solitaria, que canta los sentimientos. Las guitarras, las palmas, la caja de música permiten que las canciones nos hagan sentir en un patio andaluz, rodeados por todos los amigos y por el mismo Federico. Estoy segura de que ellos también han disfrutado con el espectáculo.


viernes, 31 de mayo de 2013

LA FUNCIÓN POR HACER

Hoy me espera una difícil tarea. La obra vista es de ésas que captan toda tu atención y te entusiasman pero no sabes por dónde empezar a contarlas, de ésas que te dejan sin palabras a la salida del teatro.

Seis personajes en busca de autor fue escrita por Pirandello en 1921 y casi cien años después Miguel del Arco la adaptó creando La función por hacer. Con esta representación su director saltó a la fama. Tanto es así que ha sido repuesta en la sala pequeña del Abadía.


Dos personajes llenan el escenario con sus besos y juegos, desprenden pasión, atracción. Él es un artista y ella su musa. En un momento de calma el chico muestra a su pareja el retrato que ha pintado de ella. Su cara de asombro y horror es difícil de ocultar cuando se ve "troceada" en un lienzo. Él intenta averiguar su opinión, ella intenta que no se note su decepción pero tras las preguntas de él acaba desesperada gritando lo horrible que le parece la pintura. 



Ambos se sumergen en una imposible discusión sobre el sentido del arte, intentan aclarar qué es mejor, la figuración o la expresión del interior. La conversación va subiendo de tono pero algo viene a interrumpirla. Cuatro personajes piden que se les preste atención desde una esquina de la sala. Vienen a cuestionar el sentido de lo que allí se está representando frente a la historia que ellos quieren contar. Los actores intentan echarles y continuar con su función pero no lo consiguen. Los recién llegados confiesan ser personajes, creados para formar parte de una historia, definidos para ser interpretados por actores, pero nunca pudieron llevar a cabo su cometido. Su autor nunca les usó para ninguna de sus obras y ahora buscan su lugar y vienen a ocupar ese escenario lleno de público. Los personajes quieren una oportunidad de ser escuchados, de salir de su encierro.

Los actores defienden su posición, defienden que los espectadores vinieron a verles actuar a ellos y nada les usurpará su lugar.

La ambición del actor por escribir una buena historia acaba haciendo que éste ceda y quiera escuchar lo que vienen a contarle. Mientras, su compañera ironiza sobre qué es aquello tan importante que debe de ser contado allí.
Los personajes empiezan a mostrarse al público. El portavoz del grupo es un hombre serio con gran capacidad de transmitir sus sentimientos y convencer a cualquiera. Su mujer es una señora triste y apagada que lleva a un retoño entre sus brazos. Un joven musculoso es hermano del portavoz, se siente violento ante la situación,  le cuesta expresar sus sentimientos y se mofa con risa amarga de todos sus compañeros. La joven, la mujer de éste último, es una chica en apariencia alegre y despreocupada.
La historia que nos cuentan es sobrecogedora, a pesar de las risas que consiguen arrancarnos. El matrimonio mayor perdió a su hijo y la madre no ha conseguido superar ese trauma. El esposo invitó a su hermano y su mujer a pasar una temporada en la casa de ellos con el fin de buscar alguna distracción a su alrededor. Sin embargo, acabó liándose con su cuñada, mientras su mujer vagaba como alma en pena. La relación extraconyugal  ha llegado a tal punto que los amantes han tenido un hijo juntos. 


Ése es el pequeño que la esposa pasea entre sus brazos durante toda la obra. El marido arrepentido pretende cortar con la joven y a cambio le ofrece dinero. En este momento entra la esposa en la habitación y descubre que entre su esposo y la joven hay más que amistad. Un grito de dolor sale de su pecho. El cuarto personaje recorre los rincones de la sala acusando a todos por lo ocurrido.

 Para contar esta historia los personajes relatarán el día fatídico en que todo se desveló, interpretarán sus papeles, o más aún, los vivirán, ya que se trata de ellos mismos. Cada uno siente lo ocurrido de muy distinta manera, mientras que la joven es feliz por volver a vivir su historia de amor con su amante, él se siente sucio y engañado por la joven engatusadora. La esposa se confiesa incapaz de volver a pasar por ese dolor agudo que le partió el alma.

Mientras tanto, los actores empiezan a disfrutar con la historia y pretenden interpretar la vida de los personajes. Pero estos cuatro no entienden cómo se puede pretender actuar, crear una ilusión frente a su realidad.
La conversación enfrenta a los dos equipos, unos consideran que el teatro es la palabra, otros que la realidad no necesita de ellas.



A la vez que los personajes cuentan su historia se enfrentan a su realidad, reflexionan sobre sus vidas. La velocidad del diálogo hace que sea complicado seguir tantas ideas que lanzan. Entre otras, nos hablan de los actos de los que nos arrepentimos, de la careta de dignidad con la que nos disfrazamos para aparentar lo que no somos, del ser despreciable que nos ocupa por dentro y del que muchas veces nos avergonzamos. También nos preguntan quiénes somos, si nos reconocemos en nosotros mismos hace diez años, o si somos los mismos cuando nos relacionamos con diferentes personas.
Estos personajes viven encerrados en una única historia, una vida que repiten y que es su única realidad.

Volviendo a la historia, tras el grito de dolor de la esposa, el marido de la joven y hermano del otro hombre, acude y encuentra al bebé. Lo coge en sus brazos y sale de allí, lo acuna para que se calme pero no consigue parar su lloro. La mujer que perdió al pequeño intenta quitárselo pero él es un ser enajenado, incapaz de razonar, encerrado en el dolor que le provocaron su mujer y su hermano. No sabe tratar a las personas, sólo conoce la violencia como forma de expresión. Así que para callar al pequeño, acaba con su vida y a continuación lo abraza en silencio. 



Todos llegan a la habitación, intentan evitar lo que ya ha ocurrido, pero el joven saca una pistola y apunta a todos, finalmente se pega un tiro.

Los actores están desesperados por todo lo ocurrido en el escenario, piden calma al público. Las luces caen y cuando el escenario se ilumina los actores están solos en escena. No quedan restos de los personajes, sólo la mancha de sangre. Y sin más, la pareja comienza a pensar cómo sacar partido a la estupenda historia que han contemplado.

El escenario está vacío, sólo un banco hará las veces de cama o asiento, para las interpretaciones de personajes y actores. Realmente el escenario está ocupado por todo el público, los actores atraviesan los pasillos, se meten entre la gente, como parte de la escena que somos. 

¿Y qué nos quieren decir Luigi Pirandello y Miguel del Arco con esta historia? Pues diría que nos plantean qué es el teatro, una ilusión o una realidad. Nos pregunta qué vamos buscando, realidad o ficción, o si pretendemos encontrar una solución a nuestras vidas o al contrario, olvidar quienes somos y sentirnos ocupados con una historia ajena a nosotros.

La obra resulta compleja porque juega con nosotros, nos pregunta e incita a contestar. Sin ninguna duda este trabajo no podría haber sido llevado a cabo si el equipo de actores no hubiera entendido plenamente lo que interpretaba. Sin ello no nos habrían sabido transmitir el mensaje de una forma tan embaucadora. 

viernes, 24 de mayo de 2013

VIENTO ES DICHA DE AMOR

Voy a empezar por el final para no llevar a nadie a engaño: la obra es espantosa. A partir de aquí, que cada uno decida si quiere seguir leyendo, o aún más, si quiere pasarse por el teatro de la Zarzuela alguno de los últimos cuatro días que la obra se representará. Estáis avisados. 
Podría haber intentado suavizar mi opinión con frases como "a mí no me ha gustado mucho...", o "hay partes que sobran según mi punto de vista...". Pero esta vez creo que no me equivoco, tanto es así que cuando cayó el telón algunas personas del público gritaron "¡Sinvergüenzas, esto es un fiasco!" y más de la mitad de las butacas quedaron vacías inmediatamente. No es que yo defienda este comportamiento, al contrario, pienso que todas las obras tienen partes destacables y, en último caso, la culpa no suele ser de los actores. En esta obra destacaría la lírica; y nuevamente veo que no la dejo en buen lugar, ya que es complicado que yo disfrute con las partes cantadas de una representación. Bastante malo tiene que haber sido el resto. 

Dicho esto, paso a contar muy rápidamente el argumento. Viento... nos cuenta cómo es el amor, desenfrenado, ciego, no correspondido, doloroso, loco. Todos estos sentimientos entran en una sola palabra y nuestros personajes serán víctimas de todos ellos. Céfiro ama a Liríope, Fedra ama a Céfiro, Antenor ama a Fedra. Cada personaje sufre de una amor no correspondido y a su vez desconoce que otro muere por él. Todos los personajes pertenecen a la mitología, así que sus historias pueden resultarnos conocidas. Céfiro es el dios del viento y Liríope es una ninfa consagrada al culto del amor. La obra comienza cuando Céfiro destruye el templo de Liríope, o mejor dicho, la historia comienza en un balneario donde una supuesta clienta pide a las masajistas que le cuenten historias. Éstas le cantaran y contaran el amor de Céfiro y Liríope a la clienta, que realmente es el personaje del amor. 
La obra transcurre en continuos desencuentros que podrían ser atractivos si se entendieran. Las ninfas que acompañan a Liríope la protegen y rodean con su baile, mientras que los faunos de Céfiro se acercarán a ellas para pillar cacho, y lo consiguen. Amor reprende a Céfiro por el daño causado a Liríope, ésta intenta acabar con su vida cuando conoce su destino, él la salva del suicidio y la rapta hasta que consigue su amor... Si esta historia es típica y aburrida, la otra no lo es menos. Artenón persigue a a Fedra por todo el escenario a una velocidad de tortuga durante el primer acto. En el segundo le declara su amor y ésta cae rendida a sus pies y olvida a Céfiro, aquél por el que bebía los vientos. Para celebrarlo se desnudan y refrotan en una especie de lago que ocupa el centro del escenario. Olvidé decir que Céfiro y Liríope hicieron lo mismo aunque es más destacable el caso de Artenón, interpretado por Alberto San Juan, y eso cuenta. 
 Por si esto fuera poco, hay una tercera pareja, los bufones que se comportan con instintos mucho más animales con lo que las letras de sus canciones son más graciosas.

La obra fue escrita en el s. XVIII pero la adaptación que vemos conserva bien poco de aquella. El texto ha sido sustituido íntegramente por poemas de los últimos cinco siglos. Mucha metáfora e invento y muy poca claridad es lo que hay aquí. 
Otra de las novedades que incorporan es la forma de contar la historia. Los actores interpretan ligeramente lo que su alter ego cantante nos cuenta. Así que un personaje es el conjunto de un actor y un cantante de opera. Para reforzar la acción un coro de ninfas y/o faunos representan simultáneamente los hechos. Así que la historia nos llega por tres sitios. Y no olvidemos que estamos en un balneario, lo que se refleja en el coro, señoras y señores en traje de baño con hamacas y esterillas que se pasean por la escena. 



Lo único que podríamos salvar es la estética de la obra, pero tampoco diría yo tanto. La coreografía es algo ortopédica en ciertos momentos, se producen muchos cambios a pesar de lo poco que hay que contar. Sería preferible recortar la obra a la mitad y quedarse con lo más interesante. 

Al final de la representación muchos actores y bailarines se desnudan en una especie de orgía final. Por un momento pensé que estaba viendo Zigurat 2.

miércoles, 8 de mayo de 2013

LA CHUNGA

El teatro Español está de saldo y ha programado tres obras del mismo autor para la temporada 2013. El agraciado es Mario Vargas Llosa, que a decir verdad, tampoco precisa de este homenaje. Preferiría que la programación fuera variada y diera más oportunidades a autores noveles, pero parece que la política del nuevo director, Natalio Grueso, es la de traer obras de autores consagrados e interpretarlas con actores muy mediáticos. Se impone el negocio sobre el riesgo y la imaginación. 

La Chunga es la primera de la serie, el reparto cuenta con Aitana Sánchez-Gijón, Asier Etxendía o Irene Escolar. 


La historia fue escrita por Vargas Llosa allá por los ochenta y se sitúa en Perú en los años cuarenta.

La Chunga es una mujer fría, dura y fuerte. Regenta un local en el que todas las noches se reunen cuatro amigos, Josefino, Mono, José y Lituma, a beber y jugar. Allí pasan las horas discutiendo y perdiendo lo poco que tienen, y siempre acaban brindando por el grupo, que se autodenomina Los inconquistables. 

La Chunga se mantiene ajena a sus luchas y juegos. Pero una noche los asiduos clientes recuerdan ayudados por el alcohol un episodio que marcó la vida en el bar: la aparición de  Meche, la novia de Josefino. Lo que ocurrió aquella noche sigue siendo un misterio para todos excepto para la dueña del bar, La Chunga. Éstos se mueren de ganas por saber lo ocurrido, así que han inventado mil historias para explicarlo. 

La noche de autos Josefino trajo a Meche al bar, era la chica más guapa de Piura y quería lucirla ante todos. A Josefino se le daba bien conquistar a las mayores bellezas, y una vez que éstas caían rendidas a sus pies, las ponía trabajar en el burdel para que le mantuvieran. Meche se cree diferente, el ángel que le liberará de esa mala vida. Sin embargo va por mal camino: acepta todos sus peticiones, se somete a sus caprichos e incluso recibe palizas cuando algo se le tuerce a éste. 

La Chunga nunca mostró interés por nadie pero no puede evitar la atracción que siente por la encantadora Meche. Sus ojos se iluminan con una luz nunca vista al verla aparecer. Este detalle es observado por Josefino y piensa sacarle partido.
La noche de juegos se da especialmente mal para Josefino y pierde todo lo que tenía, así que decide alquilar a su novia a La Chunga para que disponga de ella libremente. 

Lo que pasa esa noche, a partir de ese momento, es desconocido por todos excepto para las dos mujeres. Pero de Meche nunca se volvió a saber. 

A partir de aquí la obra dará saltos en el tiempo mezclando el momento actual, meses o años después de los fatídicos hechos, con las conjeturas que cada uno concibió de lo ocurrido aquella noche. Cuesta trabajo seguir las diferentes teorías, ya que un telón que cae es el único objeto separador entre las diferentes historias pero esto no es fácilmente deducible. 

La primera teoría es la de José, el más libidinoso del grupo. Nos cuenta que en el dormitorio La Chunga sedujo a Meche y ambas pasaron la noche juntas. La Chunga le hizo gozar como ningún hombre sabía. La Chunga se había enamorado y quería hacer ver a Meche que todos los hombres eran seres despreciables y que acabaría en el burdel como tantas otras. A su lado sería feliz.  

Lituma, el más tranquilo y menos agraciado de los amigos, estaba enamorado de Meche. Éste se siente el liberador de la chica y piensa que el dinero que La Chunga paga por la chica fue realmente dado por él y serviría para salvarla del despreciable Josefino. Lituma cree haber estado a solas con Meche, haberle confesado su amor y ella habría aceptado irse con él, partir hacia Lima juntos y huir de Piura para siempre. Pero al despedirse hasta su reencuentro en la estación pocas horas después, ella desaparecerá para siempre, así que Lituma culpa a Josefino de haberla encontrado haciendo la maleta y haberla matado y escondido el cuerpo. 

Mono es un enano alegre y cargante que saca de quicio a todos los del grupo y también al público. Esconde una culpa desde hace años, violó a una niña y en su  soledad siente que tiene que pagar por ello. Así que imagina que él fue invitado por La Chunga al dormitorio para pasar la noche con las dos mujeres. Éstas conocerían lo ocurrido y le harían pagar por el abuso cometido: perdería su honor como lo pierde un hombre.

Josefino es el más listo, siempre se ha aprovechado de todos gracias a su falta de escrúpulos. Cree que al despuntar el alba volvió desde prostíbulo del pueblo al bar de la Chunga a recoger a Meche, que ya no estaba en la casa. Entonces propuso un negocio para el bar, convertirlo en prostíbulo, La Chunga lo regentaría y él conseguiría a las chicas. Sabe que ninguna se le resiste, a excepción de La Chunga. Pero La Chunga le desprecia porque ella quiere a Meche y sabe que él será su perdición. Josefino no está dispuesto a aguantar que una mujer le trate así, la humilla de la forma a la que está acostumbrado, violándola. Al final se excusa explicando que él respeta a la mujer y sólo quiere vivir mantenido por ellas. Extraña reflexión.

Después de este embrollo de realidad y tergiversación, sólo nos queda una historia más, la que contará La Chunga. Ella, como todos, probablemente ha retocado lo ocurrido y lo ha convertido en aquello que pudo ser y no fue. Para la Chunga ambas mujeres estuvieron juntas. Pero ella no puede permitirse flaquear, no puede descubrir su amor porque mostraría su debilidad y sería engullida en ese pueblo y esa sociedad en el que la mujer es un objeto de usar y tirar. Meche ha sido feliz esa noche pero también quiere a Josefino, aunque sabe que éste le traerá dolor e infelicidad. La Chunga le dice que huya y que nunca más vuelva a ese lugar, que sea dueña de su vida y que nunca más haga por verla. La Chunga siente por dentro el mayor daño que nunca imaginó pero nadie sabrá lo que allí pasó.

La obra es un grito de dolor para todas las mujeres que aceptan y acatan una vida que no quieren, que se dejan engañar por los hombres que prometen protección y se convierten en su principal amenaza. Es una historia ambientada en los años cuarenta pero que perfectamente casaría con la época actual.

El argumento es interesante pero su puesta en escena no consigue captar fácilmente las diferentes historias que mezclan realidad y ficción. No hay que olvidar que el autor fue uno de los seguidores del realismo mágico. Pero conociendo los textos de Vargas Llosa, me da la impresión de que en la obra escrita la historia consigue mucha más claridad que en la adaptación sobre el escenario.

Sobre los actores, a pesar del gran reparto, algo no acaba de cuajar, actúan bien, sí, pero si la obra gusta y los actores son buenos, ¿por qué no salimos con la sensación de plenitud? Algo está fallando.
Me pensaré el asistir a la segunda parte del ciclo Vargas Llosa. 

jueves, 25 de abril de 2013

KAFKA ENAMORADO

Kafka es uno de los grandes autores del pasado siglo. Este gran mérito lo obtuvo plasmando en sus libros aquellos pensamientos que tanto le perturbaban. Y a pesar de su fama poco más sé de él ya que no me he leído ni uno solo de sus libros. Esto no dice mucho de mí ni de mi (buen, :D) criterio para elegir obras de teatro. Qué vamos a hacerle. En mi descargo diré que no elegí yo la obra, aunque bien es verdad que rápidamente acepté el ofrecimiento de asistir a la representación.

En la sala pequeña del teatro María Guerrero han conseguido montar un enorme escenario que ocupa la mitad del espacio. Unos entramados hacen las veces de paredes y acotan las habitaciones donde tendrán lugar los hechos. Observaremos al Kafka más puro, el más expuesto y vulnerable, el que muestra su amor ante la gran mujer de su vida, Felice Bauer.

La primera escena es muy anterior a la época en la que está ambientada el resto de la obra y de ahí su importancia. El pequeño Franz se esconde de sus padres, escucha sus gritos pero no responde a ellos. Se encuentra en la terraza de la casa familiar, ha sido castigado a pasar allí la noche, a la intemperie. El comportamiento de sus padres marcará el resto de su vida. 

Los años pasan, Franz, un apuesto hombre, quiere convertirse en escritor. Buscando consejo visita a su amigo Max y allí conoce a Felice, de la que se queda prendado. Tanto es así, que comienza a escribirle cartas para conquistarla. Ella es una mujer independiente, trabajadora y moderna que responde a Franz con parecidos sentimientos. 


Las cartas están llenas de poéticas frases que muestran la admiración y encandilamiento, pero en un modo platónico. Tan pronto como ella pretende avanzar en la relación y demuestra su amor, él intenta a través de excusas quitarle la idea. Le pone al corriente de su mala salud, de su situación familiar, de su detestable y aburrida vida en Praga. A pesar de quererla, intuye que esta relación solo le traerá problemas y le separará de su gran pasión, escribir. 

Pero Felice es una persona con decisión y carácter y desoye sus pretextos, le responde que la vida hay que tomarla con alegría y energía.

Así vemos comenzar una terrible historia de amor que no tendrá un final feliz. 

El desencuentro es producido por el pragmatismo de ella frente a la incapacidad de disfrutar y el apocamiento que él siente. Esa obsesión llevará a ambos a una continua lucha, donde en un lado están los sentimientos y en el otro la necesidad que cada uno tiene de reconocerse. 

Kafka admite que en él hay dos hombres, uno que quiere a Felice y otro que no sabe relacionarse con el mundo y sólo busca encerrarse en su cueva. Y tiene claro que el mejor es el que está enamorado de Felice. Pero ni sabe ni está dispuesto a renegar de ninguno. 

En los pocos encuentros que tienen se pone aún más de manifiesto las diferencias entre ambos y sólo mediante la correspondencia muestran su pasión sin límites. 

En una de esas contadas visitas Franz pretende convencerla del sinsentido de sus encuentros, pero finaliza diciendo que ella nunca querría casarse con un hombre como él. Felice se lanza a sus brazos como una adolescente loca de amor. Y en ese momento él es feliz.


Pero desde este compromiso Kafka pierde su capacidad para expresar todo lo que le atormenta y no debido a que esta sensación haya desaparecido, más bien porque junto a ella se ve anulado para escribir. 

La mujer a la que tanto ama es a la vez el ser que le impide realizar aquello que desea por encima de todo, expresar sus sufrimientos.

En la fiesta de presentación previa a su boda se muestra arisco, antisocial, fuera del mundo que le rodea. La familia de su futura mujer no siente ninguna simpatía por él e intentan mostrarle su desprecio pero no será necesario. Tras la celebración, las cartas enviadas por Franz son muy pocas y en ellas se muestra frío y cortante. 

Felice sabe de su sufrimiento y no está dispuesta a aceptar que todo haya acabado. Para averiguar qué le hace comportarse de forma tan hostil, envía a su amiga, Grette. Franz abre su corazón a la joven, le expresa sus sentimientos y explica a Grette que Felice no es capaz de escucharle ni entenderle, no comprende qué él tenga la necesidad de escribir para sentirse vivo. Acompañando las explicaciones despliega sus encantos y conquista a la chica que acaba siendo seducida. Confiesa que con Felice nunca habría llegado a esta intimidad, nunca había podido sentirse tranquilo, expresarse libremente. Pero quizá ésta sea su forma de cortar de raíz toda relación con su amor, Felice.


Felice conocerá todo lo ocurrido de boca de su amiga Grette y aunque siente un fuerte dolor por el daño que le ha provocado Franz, entiende que su actuación se debe a su sufrimiento. Consigue volver a encontrarse con él en un hotel en el que hace meses fueron muy felices. También entonces discrepaban, la felicidad de Franz era escribir y leerle sus textos, mientras que ella sólo pretendía estar con el hombre.

En esta segunda oportunidad consiguen revivir el amor y aunque parece que ya nada les separará, los fantasmas de Kafka vuelven a aparecer.

Kafka estaba dispuesto a dejar Praga e ir a Berlín con ella, pero sus miedos le impiden abandonar su ciudad y a su familia con la que hace mucho que no se entiende.

Poco antes de la boda la situación empeora. La comunicación entre ellos se ha deteriorado y solo son capaces de mostrar el rencor que guardan contra el otro.

Felice le acusa de que él solo pensó en sí mismo, mientras que ella ha luchado por hacer de él un hombre maduro, feliz, abierto al mundo y un hombre capaz de disfrutar con una mujer. A su vez le dice que nunca comentó sus libros por no hacerle daño. Él siente que Felice nunca entendió ni al menos pretendió ver su necesidad de escribir, y confiesa que hacerle el amor es el duro precio que tiene que pagar para estar junto a ella.


Felice no soporta el daño que Franz le provoca y le abandonará a para siempre. Y de esta historia surge uno de sus grandes textos, la metamorfosis. Kafka se ve como un ser incomprendido, apartado del mundo, un ser repulsivo que no sabe qué le está pasando, qué está viviendo.

Pero consigue mantener su soledad para escribir todo aquello que necesita contar.

La historia está realmente bien contada, aunque a través de esta crónica pueda parecer algo típica. Los actores representan sus personajes con maestría y la cercanía también ayuda a valorar mejor sus trabajos. Una estupenda tarde de teatro en un ambiente íntimo, encantador!


jueves, 18 de abril de 2013

JUICIO A UNA ZORRA

Fue el gran éxito de la temporada pasada, muchos premios Max y todo vendido desde semanas antes. Y yo, la gran teatrera, me lo perdí. Y a pesar de estar avisada sólo conseguí una entrada en la última fila in extremis.

La crisis provocada en la cultura ha hecho que las obras más destacadas de los años pasados vuelvan a estar en cartel, y así mejorar ligeramente la recaudación de esta mala época. La consecuencia de esta acción es que nuevos autores, jovenes directores y muchos actores no encuentren salas de teatro que se arriesguen a estrenar nuevas obras.

Llegamos al teatro con tiempo suficiente para charlar un poco, y, ¡oh, sorpresa!, la plana mayor de las artes escénicas está rodeándonos. Entre otros está el director de la obra, Miguel del Arco, el director del teatro Abadía, José Luis Gómez, actores como Eduardo Noriega, el argentino simpático compañero de Ricardo Darín, llamado Eduardo Blanco y muchos otros a los que ni conseguíamos dar nombre.

Entramos y el escenario sorprende y capta nuestra atención. Una enorme mesa moderna es el único mobiliario. Sobre ella y también debajo montones de botellas de vino y alguna que otra copa. Alguien va a salir mal de aquí.


Las luces se apagan, el escenario vacío se llena completamente con la presencia de Carmen Machi, nuestra Helena de Troya.
Los años no han perdonado a Helena, la que ostentó la mayor belleza jamás conocida ha sido castigada por el desafío a los dioses y ya nada en su cuerpo recuerda la mujer que fue. Su padre Zeus la condenó por ese provocación.
Helena se presenta ante su público y a la vez se somete a un juicio ante su jurado. Viene a contarnos quién es, a justificar su presencia aquí, y su vida en tiempos pasados. Quiere que sepamos la historia de su boca, y así tener una oportunidad para salvarse de la condena a la que ha sido sometida durante siglos. Porque Helena es la puta, la zorra y la casquivana, según la versión que de ella contaron.

Su padre Zeus se encaprichó de Leda y convertido en cisne vino hasta ella y la cubrió con su esperma, dando como resultado dos huevos, de los que nacieron Polux y Cástor, y Helena. La vida de la joven no fue nada fácil. Raptada por Teseo con nueve años se quedó embarazada de la pequeña Ifigenia. Sus hermanos gemelos la rescataron y la hija que tuvo fue entregada a su hermana mayor, Clitemnestra, mujer de Agamenón. Éste acabó con la vida de la pequeña.
Con catorce años Helena es ofrecida en matrimonio al mejor postor que resultó ser Menelao, hermano de Agamenón. Éste también la trató como un objeto para cumplir sus deseos. En su vida Helena no había hecho más que aceptar las imposiciones de todos sobre ella y sufrir. Con Menelao tiene una hija, Hermíone.


Tras diez años de un matrimonio lleno de desprecios y humillaciones Helena descubre por primera vez el amor. Paris se presenta ante ella como su salvador y Helena lo deja todo por él.

Pero Paris también tiene un pasado. Nació con la vaticinio de que acabaría con el reino de Troya, así que fue condenado a muerte nada más nacer. Pero una de estas sensibles matronas, de las que tantas hay en la mitología, sintió lástima y le salvó la vida, sería criado por una familia de pastores. Pasados los años Paris descubrió su procedencia y volvió al castillo real donde fue admitido por sus padres con cierto recelo. Ahora, a su vuelta de Esparta se presenta con Helena, la cuñada de Agamenón, rey de Micenas. Nadie en Troya la quiere, es una extraña, una enemiga. Sólo París le entrega todo su amor.
La ofensa del rapto de Helena tiene su pronta respuesta. Los reinos de Micenas y Troya eran enemigos declarados, Helena facilita que estalle la guerra que tanto deseaban. Pero ella no quería que hubiera muertes, batallas, bandos perdedores ni vencedores, sólo quería ser feliz.
¿Quién es el culpable de esa guerra, los reyes que mandan a sus tropas a la muerte para alimentar su orgullo o la pobre mujer que luchó por una oportunidad de ser feliz?
Zeus, con su gran poder, tampoco hizo nada por evitarlo. Más bien al contrario, él era un espectador que se divertía con las peleas de los hombres. Sin embargo para la historia ella es la gran culpable.

La guerra dura diez años y acaba con el asedio a la ciudad de Troya. Ya han muerto muchos de los hermanos de Paris, Troilo, el joven héroe, Héctor, el heredero de la corona que tanto respetó a Helena. Cuando llega el turno de Paris éste huye del campo de batalla, abandonándolo todo, entre ellos a su amada que ya no lo era tanto. Cuando finalmente Paris es herido mortalmente Helena no siente dolor, ya es tarde también para su amor. Paris muere y mientras que es quemado en una pira su antigua amante, la ninfa Enone, se lanza a las brasas para morir con él. Helena se pregunta porqué no hizo lo mismo, pero es que el amor que la movió a abandonarlo todo, hasta a su hija, se había extinguido.


Cuando Helena está a punto de morir por el hierro de Menelao, éste decide salvarla y mostrarla como trofeo. Ella es una vez más un objeto con el que todos juegan y tratan a su antojo. Voces gritan que sea muerta como única expiación de sus penas. Pero su culpa comparada con las de los hombres, los dioses o quién quiera  que comparen, son nimias, porque ella sólo luchó por el sentimiento más puro que es el amor. Otros pretendieron la gloria, el honor, el orgullo o la diversión, sólo ella quiso su bien sin desear el mal a nadie más.

Ahora es el público el que tiene que juzgar a la zorra de Helena y salvarla y concederle el olvido o condenarla para siempre.

Y en ese momento final Carmen-Helena se sube a la mesa y vacía las botellas de vino, y su sangre se derrama por el escenario.

Impresionante texto, impresionante dirección, impresionante la Machi! Todo el público en pie,olé, olé y olé!
Esta foto va por ella, que se lo merece:


Helena no para de beber en toda la obra. Se pasea, coge una copa, la rellena, la bebe de un trago. No es sólo vino, el mejunje lleva una poción que le ayuda a soportar sin llorar un día completo, y así poder contarnos la historia. Y es que hasta la ves que se va emborrachando. Hasta eso lo representa bien.

Helena habla con el público pero también con Zeus, que como Dios que es, siempre está presente. Se encara con él, le pide explicaciones, le acusa de jugar con la gente, castigarles, no tener piedad. Y le dice que hará que la gente sepa cómo es él, para que dejen de seguirle y nombrarle porque cuando un Dios no se  recuerda desaparece.

Habría muchas Helena de Troya ahora, pero más aún Agamenón, Priamo, y unos cuántos Zeus.