jueves, 6 de junio de 2013

LA NOCHE TOLEDANA

La Compañía Nacional de Teatro Clásico, CNTC para los amigos, ha vuelto a deleitarnos con lo que mejor sabe hacer: llevar a escena una obra clásica. El mérito es aún mayor porque los actores que forma el elenco pertenecen a la tercera remesa de la compañía joven. Diría que el resultado es aún mejor que en ocasiones anteriores. Claro que aquí también juega la elección de la obra, que en este caso estaba muy bien escogida para el lanzamiento de los alumnos.

La noche toledana suena a fiesta, diversión pero también a contratiempos. Lo que está claro es que pasaremos la noche en vela. Aquí Lope sacó a todos sus personajes a danzar y a meterse en enredos, en muchos casos no muy caballerescos. Si sus obras suelen clasificarse por un malentendido que provoca toda la trama, en ésta consiguió rizar el rizo al máximo.
Esta característica hace que la representación se vuelva muy cercana y actual y que los actores se sientan cómodos en sus papeles. Para el público el argumento y la interpretación quedan combinadas de forma entretenida y muy convincente.


La historia se desarrolla en Toledo, como era de esperar. A esta ciudad llegan personajes de diferentes lugares de la península. Florencio y Beltrán partieron de Granada huyendo de un desengaño amoroso proferido por Lisena al primero. Gerarda y Lucrecia dejaron Madrid escapando de viejos amores y buscando nuevas diversiones. Los cuatro se encontrarán por las calles y al amparo de una ciudad extraña decidirán pasar la noche juntos en la posada en la que ellos se están hospedando. Para no levantar sospechas, dirán que son hermanos y así tendrán vía libre hasta sus habitaciones. Pero a esta pensión ha llegado Lisena tras los pasos de Florencio. Viene dispuesta a luchar por su amor y demostrar la equivocación en la que él se encuentra. Para ello entra al servicio de la señora que regenta la pensión con el nombre de Inés. 
Lisena es tan bella que todos los hombres quedan prendados de ella al verla. Un capitán y un alférez que también se hospedan en el mismo lugar luchan por conseguirla, al pobre capitán le tiemblan las canillas cuando Lisena hace acto de presencia mientras que el alférez aprovecha para lanzar su conquista. Por si esto fuera poco, un par de señores algo atípicos vienen en busca de Gerarda y Lucrecia , que les dejaron plantados en Madrid. Por último un caballero aparece también en busca de Gerarda, pero cambia su objetivo al encontrar a Lisena.


Con tantos personajes encerrados en una pensión y a la caza de su víctima, el lío está servido. Florencio y Lisena se encontrarán antes de que llegue la noche, se reconocerán, discutirán y Lisena trazará su plan de venganza y reconquista, que pondrá en funcionamiento pocas horas después.
Lisena convoca a todos sus pretendientes para que la busquen de noche en el patio. En este trajín Gerarda, que se iba a encontrar con Florencio, verá como uno de sus seguidores se halla también en la pensión y pedirá a Inés (Lisena) ayuda. Inés encierra a las mujeres en la única habitaciones que queda libre, lejos de Florencio, todo parece favorecerla.  

En este momento un griterío en la calle pone en alerta a los jóvenes de Granada. Éstos huyeron de su ciudad para olvidar el desamor pero también porque Florencio hirió en un duelo al supuesto amante de su querida. Sabe que le buscan y suplica a la dueña de la pensión que le esconda esa noche. Ésta acepta y les encierra en la habitación que se encontraba supuestamente vacía, ante los ojos estupefactos de Inés. Nunca pensó que pudiera poner tan en bandeja la situación a Florencio. Así que sin dudarlo un momento busca al capitán y le dice que si echa abajo la puerta de la maldita habitación pasará la noche con él. Los golpes y gritos del capitán hacen que los jóvenes amantes huyan por la ventana y escapen por los tejados. Cuando entran a la dependencia no hay rastro de los hombres, solo encuentran a dos mujeres asustadas. Inés se deshace del capitán e indica a las mujeres que las sacará de allí y llevará nuevamente con sus gallardos mozos.

Mientras, el alguacil ha divisado dos hombres escapando por los tejados y da por hecho que son los ladrones que vienen huyendo de Jaén. Consiguen detenerlos pero finalmente estos escapan y vuelven nuevamente a la posada en busca de su escondite.

La pensión es un hervidero a las ordenes de Inés. Unos corren, otros se esconden, los últimos son perseguidos. Ésta convence a cada uno para meterse en su dependencia asegurando que la mujer que pretende, en muchos casos ella, llegará en poco. Los últimos en llegar son Florencio y Beltrán, que siguen el mismo camino que el resto. De repente la calma se impone, pero calma tensa. El alguacil irrumpe en la pensión buscando a los ladrones y exige a la dueña que todos los hospedados salgan de las habitaciones. Capitán y alférez se encontraban juntos en una, el perseguidor de Gerarda y ésta en otra, un trío formado por una criada y dos señores desvergonzados en una tercera,  y así hasta la última, donde Florencio y Lisena compartían habitación. Pero ni rastro del ladrón buscado. Así que el alguacil pide explicaciones por tanto lío, pero todos callan y sonríen mostrando su contento con la pareja adjudicada. Los más felices son los jóvenes de Granada, cuyo amor ha superado cualquier malentendido. Bueno, ellos y una dulce pareja de criados que desde el primer momento se manifestaron su amor y nunca faltaron a él. Curioso este giro en Lope, en que los sentimientos más nobles son adjudicados a los lacayos. 

La obra es muy divertida y no sólo por el texto. Los actores consiguen exagerar sus personajes en su justa medida, gesticular, gritar y representar con todos los medios que su cuerpo les permite.

El escenario ayuda a la buena representación por su sencillez y versatilidad. Seis puertas móviles simulan las habitaciones, patio, dependencias y calles y tejados de Toledo. Éste es de los mejores ejemplos del buen trabajo de la CNTC.  



También es muy esperanzador ver cómo nuevos actores viven con tanta ilusión el teatro, a pesar de que cada vez los pronósticos son más agoreros. 

martes, 4 de junio de 2013

COMO POR UN TUBO

Con este título no se siente una muy motivada para ir a verla. Así que cuando Caro me la propuso dije claramente que no. Pero al final he asistido a la actuación ya que hay pocas cosas que me den más rabia en esta vida que desperdiciar una entrada ya comprada y a Caro le sobraba una.

El lugar era el teatro Infanta Isabel, por el que sí pasan los años. Supongo que no andan ahora muy boyantes  como para acometer reformas. Por si nos quedaban dudas sobre su solvencia económica, al entrar en el patio se nos desvelan todas: no hay más de cuarenta personas.

Antes del comienzo de la representación escuchamos los anuncios de la radio de los años 50, leídos por una de sus voces tan características. Esto se debe a que hemos entrado en un estudio de radio, estamos "en el aire". Asistiremos a la emisión de una radionovela, la que cuenta la historia de Alberto Carlos Bustos, Municipal y Pájaro. Según nos dicen, esta obra está basada en hechos reales.

La representación nos cuenta la vida y amores de Alberto, un hombre destrozado porque su amor, Clara, le ha abandonado. Sólo piensa en ella, vive por ella y cree escucharla en todos los lugares. Así que cuando nuestro personajes recibe llamadas de una extraña mujer que dice llamarse Manuela él sólo cree hablar con Clara. 


Se arrastra por los suelos, le suplica que vuelva, pero es que ella no es Clara. Y entre conversación, malentendido y discusión, canciones en directo a cargo de un personaje con una divertida voz argentina. La voz en off de la radio, la que cuenta la historia, es la de Fernandito, un hombre bastante afeminado y muy cargante que llega a exasperar a gran parte del público. Por suerte sólo vemos su sombra a través de una pantalla, así él tampoco ve nuestras caras de aburrimiento cuando él participa. 


Tras veinte llamadas de Manuela preguntando por un Alberto que nadie conoce, nuestro Alberto descubre que está perdiendo la oportunidad de conocer a un nuevo amor, porque no es capaz de olvidar a su ex. Y cuando por fin se permite soñar con Manuela reaparece Clara para abortar todos sus planes. Al fin consigue superar su pasado y correr hacia esta maravillosa mujer, pero en el camino su autobús se estrella con una farola, dando al traste con el esperado final feliz de la historia.

El entretenimiento de la obra no está en el argumento, sino en la forma de contarnos la vida de la radio, la interacción entre los personajes y volver a traernos el mundo lejano de las radionovelas.

Las canciones alegran la actuación que en general se hace bastante pesada y repetitiva. Además la música en directo divierte bastante más que la radionovela.

La obra queda ya muy lejos de aquel glorioso diario de Adán y Eva que tanto nos gustó. 


lunes, 3 de junio de 2013

LA VENGANZA DE DON MENDO

La venganza de Don Mendo es un clásico en toda regla, eso sí, un clásico del s. XX. Aunque no se distancia tanto de las gloriosas obras de nuestro Siglo de Oro, ya que fue escrita como burla de aquellas de capa y espada de esa época.
Su historia es bastante conocida porque ha sido mil veces representada en teatros, como ésa que fue emitida por televisión, en la que Raúl Sénder hacía del perfecto D. Mendo. Desde que la vi sólo su cara me encaja en el papel del protagonista. 



Hoy por suerte no tenía que imaginar las caras de los intérpretes, ya que la versión era bien distinta.

El Espejo Negro lleva más de veinte años dando movimiento a sus marionetas. Habitualmente traen a escena obras escritas por ellos pero en este caso han preferido adaptar el clásico de D. Mendo a su forma de entender el teatro.

El marqués Don Mendo ama a Magdalena, la hija de Don Nuño. Para consumar su amor cada noche trepa la torre por la escala que ella le lanza. 


Pero llega el fatídico día en que D. Nuño indica a su hija que será casada con el duque de Toro, Don Pero. Ésta en lugar de sentirse morir se felicita por la buena posición de su prometido. Inmediatamente decide deshacerse de su amante pero los planes no salen como ella pensaba. Cuando esa noche D. Mendo escala la torre, es visto por el prometido de su amada. Éste va a conocer lo que allí se cuece, se encuentra con el visitante y ambos luchan. 



D. Mendo ha sido cazado pero el honor de su amada tendrá que ser protegido por encima de todo. Por ello, confiesa que ha entrado a robar y muestra un collar de perlas, el que Magdalena le entregó un rato antes para que pagara sus deudas, pero con el fin de posteriormente echarle la culpa de su falta. D. Mendo cree haber cumplido con su cometido pero se da cuenta de que ha sido un "pardillo" al enterarse de que su amada está prometida con su contrincante en la lucha.  
Como castigo es encerrado en una prisión de la que nunca saldrá. Por si esto fuera poco Magdalena pide que empareden al ladrón de D. Mendo, pero éste es liberado en último momento por un amigo, el marqués de Moncada. El emparedado será uno de sus verdugos, así nadie sabrá que él sigue vivo. 



La nueva vida de D. Mendo le convertirá en trovador, un poeta que enamora a muchas mujeres. Azofaifa le acompaña con las canciones y se muere por sus huesos. Pero D. Mendo solo tiene un cometido, la venganza.Conquista a Magdalena, lo que tampoco tiene mucho mérito ya que ésta le ha puesto los cuernos al manso de su marido Toro con cientos de hombres. Su último amante es el rey de León, Alfonso VII. El trovador llega a la corte y la reina Berenguela queda prendada de él. Bajo petición de los reyes Alfonso VII y Berenguela, canta una canción bien conocida por los asistentes, la que relata su vida y el engaño del que fue víctima. 



Y cómo no, el final tenía que ser el típico de las comedias de enredo de la primera mitad del s. XX. Todos se darán cita en el mismo lugar, en este caso una cueva. Magdalena quiere encontrarse con el trovador, el rey con Magdalena, la reina con el trovador, D. Pero y D. Nuño quieren ver lo que ocurre y acuden a la cueva para salvar su honra, Azofaifa quiere matar a la mujer que tanto daño hizo a su amado y también aparece por allí. 

Y todos caerán como chinches, algunos asesinados, otros se suicidarán, y los que queden, de muerte natural. Azofaifa mata a la deseada Magdalena, dejando a D. Mendo sin posibilidad de venganza, así que se ofrece para ser asesinada y mitigar la pena de su amado Mendo.

Toda esta historia que aquí se cuenta nos fue relatada a nosotros por un perro pulgoso, una especie de caniche feo con un estupendo acento andaluz. Y es que si la historia era conocida, la compañía El Espejo Negro ha sabido darle un giro original, fresco y muy divertido. Eso sí, no olvidando nunca sus principios y su forma de entender el teatro. Por ejemplo, emplean un lenguaje con bromas en ocasiones algo soeces y no muy recomendables para niños, menos mal que son los traviesos de los muñecos las que los protagonizan. 

Los personajes se distanciaban bastante de caballeros y damiselas al uso, no sólo por el vocabulario, también por la apariencia divertida, representados por animales: Magdalena es un cerdo, D. Mendo es una oveja...



Como la obra es creada para hacer reir y llegar a todos los públicos, niños y mayores, emplean recursos sencillos pero divertidos en este tipo de representaciones, haciendo referencia a momentos muy conocidos de películas como la guerra de las galaxias.



Y por si todo esto fuera poco, nos deleitan con canciones de Rafael (¡con el mismísimo Rafael cantando en directo!), David Civera (Que la detengan, que es una mentirosa), o Michael Jackson (como el zombi que va a ser emparedado). Tampoco faltan los tambores, que tocan los mismos repiques que acompañan a los tronos en semana santa, y es que la compañía es malagueña. 

Esta es una obra para olvidar los problemas, relajar la mandíbula y disfrutar con el buen trabajo de estos artistas. 

domingo, 2 de junio de 2013

QUE NO HE MUERTO

Lorca sigue vivo. Esta noche hemos estado con él y él mismo nos lo ha confesado: vive en cada uno de sus poemas, sus letras y canciones.





La luna es un pozo chico, 
las flores no valen nada, 
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.






Hoy hemos asistido a un recital de poesía y flamenco en el que hemos conocido mejor a la persona y al personaje que eran Federico, Federico García Lorca. 

Las estrellas 
no tienen novio
¡Tan bonitas
como son las estrellas!

Para conocerle hemos escuchado lo que sus amigos pensaban de él, la admiración que todos le tenían por su genialidad, su vitalidad y su alegría. De su genialidad no han hecho falta más pruebas que escuchar sus poemas. Y por si aún nos quedaban dudas, hemos disfrutado de algunas de las muchas canciones flamencas y tradicionales creadas a partir de sus letras, que ya forman parte de nuestra vida.


De los cuatro muleros
 que van al río, 
el de la mula torda 
es mi marío. 

Algunas de estas canciones forman parte de mi vida, de mi niñez, las  tengo almacenadas entre mis primeros recuerdos.

Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

Sus amigos cuentan que cuando él estaba todo se llenaba con su presencia, y que incluso tras su marcha él permanecía en el lugar. Le calificaron como un criatura extraordinaria, o como el Primero. Han venido a contárnoslo todos sus amigos: Jorge Guillén, Vicente Alexandre, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Dámaso Alonso, Pablo Neruda, Pedro Salinas y muchos más.





El lagarto y la lagarta 
con delantalitos blancos
han perdido sin querer
su anillo de desposados





Damaso Alonso recordó la vez que, estando en Nueva York, Federico comenzó a tararear canciones tradicionales andaluzas. Aunque nadie entendía su idioma, todos se sintieron embriagados por la voz y la pasión que él ponía. 
yo denuncio la conjura 
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva

También Lorca reflejó en sus obras el cariño que tenía por sus queridos compañeros, la huella que le dejaron o el dolor que sintió con su pérdida.

A las cinco de la tarde
Eran las cinco de la tarde
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde

El amor que sentía por la diversidad de culturas y las distintas raices que habían formado su pueblo están evidenciadas en el Romancero Gitano entre otras muchas obras.

¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas que éramos moras
en Jaén: 
Axa y Fátima y Marién.

El mariquita se peina
en su peinador de seda
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

Pero entre tantos viajes, amigos y escritos, nunca olvidó su tierra, su Andalucía  y su Granada.


Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales,
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.




Los últimos textos son los que sus amigos tuvieron que escribir para ahogar su pena al saber que Federico había sido fusilado. Su asesinato dejó un vacío insalvable, imposible que sea ocupado por nadie igual.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto

El flamenco es quizá la máxima expresión de sus poemas, la voz rota, solitaria, que canta los sentimientos. Las guitarras, las palmas, la caja de música permiten que las canciones nos hagan sentir en un patio andaluz, rodeados por todos los amigos y por el mismo Federico. Estoy segura de que ellos también han disfrutado con el espectáculo.


viernes, 31 de mayo de 2013

LA FUNCIÓN POR HACER

Hoy me espera una difícil tarea. La obra vista es de ésas que captan toda tu atención y te entusiasman pero no sabes por dónde empezar a contarlas, de ésas que te dejan sin palabras a la salida del teatro.

Seis personajes en busca de autor fue escrita por Pirandello en 1921 y casi cien años después Miguel del Arco la adaptó creando La función por hacer. Con esta representación su director saltó a la fama. Tanto es así que ha sido repuesta en la sala pequeña del Abadía.


Dos personajes llenan el escenario con sus besos y juegos, desprenden pasión, atracción. Él es un artista y ella su musa. En un momento de calma el chico muestra a su pareja el retrato que ha pintado de ella. Su cara de asombro y horror es difícil de ocultar cuando se ve "troceada" en un lienzo. Él intenta averiguar su opinión, ella intenta que no se note su decepción pero tras las preguntas de él acaba desesperada gritando lo horrible que le parece la pintura. 



Ambos se sumergen en una imposible discusión sobre el sentido del arte, intentan aclarar qué es mejor, la figuración o la expresión del interior. La conversación va subiendo de tono pero algo viene a interrumpirla. Cuatro personajes piden que se les preste atención desde una esquina de la sala. Vienen a cuestionar el sentido de lo que allí se está representando frente a la historia que ellos quieren contar. Los actores intentan echarles y continuar con su función pero no lo consiguen. Los recién llegados confiesan ser personajes, creados para formar parte de una historia, definidos para ser interpretados por actores, pero nunca pudieron llevar a cabo su cometido. Su autor nunca les usó para ninguna de sus obras y ahora buscan su lugar y vienen a ocupar ese escenario lleno de público. Los personajes quieren una oportunidad de ser escuchados, de salir de su encierro.

Los actores defienden su posición, defienden que los espectadores vinieron a verles actuar a ellos y nada les usurpará su lugar.

La ambición del actor por escribir una buena historia acaba haciendo que éste ceda y quiera escuchar lo que vienen a contarle. Mientras, su compañera ironiza sobre qué es aquello tan importante que debe de ser contado allí.
Los personajes empiezan a mostrarse al público. El portavoz del grupo es un hombre serio con gran capacidad de transmitir sus sentimientos y convencer a cualquiera. Su mujer es una señora triste y apagada que lleva a un retoño entre sus brazos. Un joven musculoso es hermano del portavoz, se siente violento ante la situación,  le cuesta expresar sus sentimientos y se mofa con risa amarga de todos sus compañeros. La joven, la mujer de éste último, es una chica en apariencia alegre y despreocupada.
La historia que nos cuentan es sobrecogedora, a pesar de las risas que consiguen arrancarnos. El matrimonio mayor perdió a su hijo y la madre no ha conseguido superar ese trauma. El esposo invitó a su hermano y su mujer a pasar una temporada en la casa de ellos con el fin de buscar alguna distracción a su alrededor. Sin embargo, acabó liándose con su cuñada, mientras su mujer vagaba como alma en pena. La relación extraconyugal  ha llegado a tal punto que los amantes han tenido un hijo juntos. 


Ése es el pequeño que la esposa pasea entre sus brazos durante toda la obra. El marido arrepentido pretende cortar con la joven y a cambio le ofrece dinero. En este momento entra la esposa en la habitación y descubre que entre su esposo y la joven hay más que amistad. Un grito de dolor sale de su pecho. El cuarto personaje recorre los rincones de la sala acusando a todos por lo ocurrido.

 Para contar esta historia los personajes relatarán el día fatídico en que todo se desveló, interpretarán sus papeles, o más aún, los vivirán, ya que se trata de ellos mismos. Cada uno siente lo ocurrido de muy distinta manera, mientras que la joven es feliz por volver a vivir su historia de amor con su amante, él se siente sucio y engañado por la joven engatusadora. La esposa se confiesa incapaz de volver a pasar por ese dolor agudo que le partió el alma.

Mientras tanto, los actores empiezan a disfrutar con la historia y pretenden interpretar la vida de los personajes. Pero estos cuatro no entienden cómo se puede pretender actuar, crear una ilusión frente a su realidad.
La conversación enfrenta a los dos equipos, unos consideran que el teatro es la palabra, otros que la realidad no necesita de ellas.



A la vez que los personajes cuentan su historia se enfrentan a su realidad, reflexionan sobre sus vidas. La velocidad del diálogo hace que sea complicado seguir tantas ideas que lanzan. Entre otras, nos hablan de los actos de los que nos arrepentimos, de la careta de dignidad con la que nos disfrazamos para aparentar lo que no somos, del ser despreciable que nos ocupa por dentro y del que muchas veces nos avergonzamos. También nos preguntan quiénes somos, si nos reconocemos en nosotros mismos hace diez años, o si somos los mismos cuando nos relacionamos con diferentes personas.
Estos personajes viven encerrados en una única historia, una vida que repiten y que es su única realidad.

Volviendo a la historia, tras el grito de dolor de la esposa, el marido de la joven y hermano del otro hombre, acude y encuentra al bebé. Lo coge en sus brazos y sale de allí, lo acuna para que se calme pero no consigue parar su lloro. La mujer que perdió al pequeño intenta quitárselo pero él es un ser enajenado, incapaz de razonar, encerrado en el dolor que le provocaron su mujer y su hermano. No sabe tratar a las personas, sólo conoce la violencia como forma de expresión. Así que para callar al pequeño, acaba con su vida y a continuación lo abraza en silencio. 



Todos llegan a la habitación, intentan evitar lo que ya ha ocurrido, pero el joven saca una pistola y apunta a todos, finalmente se pega un tiro.

Los actores están desesperados por todo lo ocurrido en el escenario, piden calma al público. Las luces caen y cuando el escenario se ilumina los actores están solos en escena. No quedan restos de los personajes, sólo la mancha de sangre. Y sin más, la pareja comienza a pensar cómo sacar partido a la estupenda historia que han contemplado.

El escenario está vacío, sólo un banco hará las veces de cama o asiento, para las interpretaciones de personajes y actores. Realmente el escenario está ocupado por todo el público, los actores atraviesan los pasillos, se meten entre la gente, como parte de la escena que somos. 

¿Y qué nos quieren decir Luigi Pirandello y Miguel del Arco con esta historia? Pues diría que nos plantean qué es el teatro, una ilusión o una realidad. Nos pregunta qué vamos buscando, realidad o ficción, o si pretendemos encontrar una solución a nuestras vidas o al contrario, olvidar quienes somos y sentirnos ocupados con una historia ajena a nosotros.

La obra resulta compleja porque juega con nosotros, nos pregunta e incita a contestar. Sin ninguna duda este trabajo no podría haber sido llevado a cabo si el equipo de actores no hubiera entendido plenamente lo que interpretaba. Sin ello no nos habrían sabido transmitir el mensaje de una forma tan embaucadora. 

viernes, 24 de mayo de 2013

VIENTO ES DICHA DE AMOR

Voy a empezar por el final para no llevar a nadie a engaño: la obra es espantosa. A partir de aquí, que cada uno decida si quiere seguir leyendo, o aún más, si quiere pasarse por el teatro de la Zarzuela alguno de los últimos cuatro días que la obra se representará. Estáis avisados. 
Podría haber intentado suavizar mi opinión con frases como "a mí no me ha gustado mucho...", o "hay partes que sobran según mi punto de vista...". Pero esta vez creo que no me equivoco, tanto es así que cuando cayó el telón algunas personas del público gritaron "¡Sinvergüenzas, esto es un fiasco!" y más de la mitad de las butacas quedaron vacías inmediatamente. No es que yo defienda este comportamiento, al contrario, pienso que todas las obras tienen partes destacables y, en último caso, la culpa no suele ser de los actores. En esta obra destacaría la lírica; y nuevamente veo que no la dejo en buen lugar, ya que es complicado que yo disfrute con las partes cantadas de una representación. Bastante malo tiene que haber sido el resto. 

Dicho esto, paso a contar muy rápidamente el argumento. Viento... nos cuenta cómo es el amor, desenfrenado, ciego, no correspondido, doloroso, loco. Todos estos sentimientos entran en una sola palabra y nuestros personajes serán víctimas de todos ellos. Céfiro ama a Liríope, Fedra ama a Céfiro, Antenor ama a Fedra. Cada personaje sufre de una amor no correspondido y a su vez desconoce que otro muere por él. Todos los personajes pertenecen a la mitología, así que sus historias pueden resultarnos conocidas. Céfiro es el dios del viento y Liríope es una ninfa consagrada al culto del amor. La obra comienza cuando Céfiro destruye el templo de Liríope, o mejor dicho, la historia comienza en un balneario donde una supuesta clienta pide a las masajistas que le cuenten historias. Éstas le cantaran y contaran el amor de Céfiro y Liríope a la clienta, que realmente es el personaje del amor. 
La obra transcurre en continuos desencuentros que podrían ser atractivos si se entendieran. Las ninfas que acompañan a Liríope la protegen y rodean con su baile, mientras que los faunos de Céfiro se acercarán a ellas para pillar cacho, y lo consiguen. Amor reprende a Céfiro por el daño causado a Liríope, ésta intenta acabar con su vida cuando conoce su destino, él la salva del suicidio y la rapta hasta que consigue su amor... Si esta historia es típica y aburrida, la otra no lo es menos. Artenón persigue a a Fedra por todo el escenario a una velocidad de tortuga durante el primer acto. En el segundo le declara su amor y ésta cae rendida a sus pies y olvida a Céfiro, aquél por el que bebía los vientos. Para celebrarlo se desnudan y refrotan en una especie de lago que ocupa el centro del escenario. Olvidé decir que Céfiro y Liríope hicieron lo mismo aunque es más destacable el caso de Artenón, interpretado por Alberto San Juan, y eso cuenta. 
 Por si esto fuera poco, hay una tercera pareja, los bufones que se comportan con instintos mucho más animales con lo que las letras de sus canciones son más graciosas.

La obra fue escrita en el s. XVIII pero la adaptación que vemos conserva bien poco de aquella. El texto ha sido sustituido íntegramente por poemas de los últimos cinco siglos. Mucha metáfora e invento y muy poca claridad es lo que hay aquí. 
Otra de las novedades que incorporan es la forma de contar la historia. Los actores interpretan ligeramente lo que su alter ego cantante nos cuenta. Así que un personaje es el conjunto de un actor y un cantante de opera. Para reforzar la acción un coro de ninfas y/o faunos representan simultáneamente los hechos. Así que la historia nos llega por tres sitios. Y no olvidemos que estamos en un balneario, lo que se refleja en el coro, señoras y señores en traje de baño con hamacas y esterillas que se pasean por la escena. 



Lo único que podríamos salvar es la estética de la obra, pero tampoco diría yo tanto. La coreografía es algo ortopédica en ciertos momentos, se producen muchos cambios a pesar de lo poco que hay que contar. Sería preferible recortar la obra a la mitad y quedarse con lo más interesante. 

Al final de la representación muchos actores y bailarines se desnudan en una especie de orgía final. Por un momento pensé que estaba viendo Zigurat 2.

miércoles, 8 de mayo de 2013

LA CHUNGA

El teatro Español está de saldo y ha programado tres obras del mismo autor para la temporada 2013. El agraciado es Mario Vargas Llosa, que a decir verdad, tampoco precisa de este homenaje. Preferiría que la programación fuera variada y diera más oportunidades a autores noveles, pero parece que la política del nuevo director, Natalio Grueso, es la de traer obras de autores consagrados e interpretarlas con actores muy mediáticos. Se impone el negocio sobre el riesgo y la imaginación. 

La Chunga es la primera de la serie, el reparto cuenta con Aitana Sánchez-Gijón, Asier Etxendía o Irene Escolar. 


La historia fue escrita por Vargas Llosa allá por los ochenta y se sitúa en Perú en los años cuarenta.

La Chunga es una mujer fría, dura y fuerte. Regenta un local en el que todas las noches se reunen cuatro amigos, Josefino, Mono, José y Lituma, a beber y jugar. Allí pasan las horas discutiendo y perdiendo lo poco que tienen, y siempre acaban brindando por el grupo, que se autodenomina Los inconquistables. 

La Chunga se mantiene ajena a sus luchas y juegos. Pero una noche los asiduos clientes recuerdan ayudados por el alcohol un episodio que marcó la vida en el bar: la aparición de  Meche, la novia de Josefino. Lo que ocurrió aquella noche sigue siendo un misterio para todos excepto para la dueña del bar, La Chunga. Éstos se mueren de ganas por saber lo ocurrido, así que han inventado mil historias para explicarlo. 

La noche de autos Josefino trajo a Meche al bar, era la chica más guapa de Piura y quería lucirla ante todos. A Josefino se le daba bien conquistar a las mayores bellezas, y una vez que éstas caían rendidas a sus pies, las ponía trabajar en el burdel para que le mantuvieran. Meche se cree diferente, el ángel que le liberará de esa mala vida. Sin embargo va por mal camino: acepta todos sus peticiones, se somete a sus caprichos e incluso recibe palizas cuando algo se le tuerce a éste. 

La Chunga nunca mostró interés por nadie pero no puede evitar la atracción que siente por la encantadora Meche. Sus ojos se iluminan con una luz nunca vista al verla aparecer. Este detalle es observado por Josefino y piensa sacarle partido.
La noche de juegos se da especialmente mal para Josefino y pierde todo lo que tenía, así que decide alquilar a su novia a La Chunga para que disponga de ella libremente. 

Lo que pasa esa noche, a partir de ese momento, es desconocido por todos excepto para las dos mujeres. Pero de Meche nunca se volvió a saber. 

A partir de aquí la obra dará saltos en el tiempo mezclando el momento actual, meses o años después de los fatídicos hechos, con las conjeturas que cada uno concibió de lo ocurrido aquella noche. Cuesta trabajo seguir las diferentes teorías, ya que un telón que cae es el único objeto separador entre las diferentes historias pero esto no es fácilmente deducible. 

La primera teoría es la de José, el más libidinoso del grupo. Nos cuenta que en el dormitorio La Chunga sedujo a Meche y ambas pasaron la noche juntas. La Chunga le hizo gozar como ningún hombre sabía. La Chunga se había enamorado y quería hacer ver a Meche que todos los hombres eran seres despreciables y que acabaría en el burdel como tantas otras. A su lado sería feliz.  

Lituma, el más tranquilo y menos agraciado de los amigos, estaba enamorado de Meche. Éste se siente el liberador de la chica y piensa que el dinero que La Chunga paga por la chica fue realmente dado por él y serviría para salvarla del despreciable Josefino. Lituma cree haber estado a solas con Meche, haberle confesado su amor y ella habría aceptado irse con él, partir hacia Lima juntos y huir de Piura para siempre. Pero al despedirse hasta su reencuentro en la estación pocas horas después, ella desaparecerá para siempre, así que Lituma culpa a Josefino de haberla encontrado haciendo la maleta y haberla matado y escondido el cuerpo. 

Mono es un enano alegre y cargante que saca de quicio a todos los del grupo y también al público. Esconde una culpa desde hace años, violó a una niña y en su  soledad siente que tiene que pagar por ello. Así que imagina que él fue invitado por La Chunga al dormitorio para pasar la noche con las dos mujeres. Éstas conocerían lo ocurrido y le harían pagar por el abuso cometido: perdería su honor como lo pierde un hombre.

Josefino es el más listo, siempre se ha aprovechado de todos gracias a su falta de escrúpulos. Cree que al despuntar el alba volvió desde prostíbulo del pueblo al bar de la Chunga a recoger a Meche, que ya no estaba en la casa. Entonces propuso un negocio para el bar, convertirlo en prostíbulo, La Chunga lo regentaría y él conseguiría a las chicas. Sabe que ninguna se le resiste, a excepción de La Chunga. Pero La Chunga le desprecia porque ella quiere a Meche y sabe que él será su perdición. Josefino no está dispuesto a aguantar que una mujer le trate así, la humilla de la forma a la que está acostumbrado, violándola. Al final se excusa explicando que él respeta a la mujer y sólo quiere vivir mantenido por ellas. Extraña reflexión.

Después de este embrollo de realidad y tergiversación, sólo nos queda una historia más, la que contará La Chunga. Ella, como todos, probablemente ha retocado lo ocurrido y lo ha convertido en aquello que pudo ser y no fue. Para la Chunga ambas mujeres estuvieron juntas. Pero ella no puede permitirse flaquear, no puede descubrir su amor porque mostraría su debilidad y sería engullida en ese pueblo y esa sociedad en el que la mujer es un objeto de usar y tirar. Meche ha sido feliz esa noche pero también quiere a Josefino, aunque sabe que éste le traerá dolor e infelicidad. La Chunga le dice que huya y que nunca más vuelva a ese lugar, que sea dueña de su vida y que nunca más haga por verla. La Chunga siente por dentro el mayor daño que nunca imaginó pero nadie sabrá lo que allí pasó.

La obra es un grito de dolor para todas las mujeres que aceptan y acatan una vida que no quieren, que se dejan engañar por los hombres que prometen protección y se convierten en su principal amenaza. Es una historia ambientada en los años cuarenta pero que perfectamente casaría con la época actual.

El argumento es interesante pero su puesta en escena no consigue captar fácilmente las diferentes historias que mezclan realidad y ficción. No hay que olvidar que el autor fue uno de los seguidores del realismo mágico. Pero conociendo los textos de Vargas Llosa, me da la impresión de que en la obra escrita la historia consigue mucha más claridad que en la adaptación sobre el escenario.

Sobre los actores, a pesar del gran reparto, algo no acaba de cuajar, actúan bien, sí, pero si la obra gusta y los actores son buenos, ¿por qué no salimos con la sensación de plenitud? Algo está fallando.
Me pensaré el asistir a la segunda parte del ciclo Vargas Llosa.